Hablemos del legado… ¿cómo le dicen acá?
-Un legado ambiental.

No asociaba el gobierno de Michelle Bachelet a un legado de conservación la verdad.
-Es un relato que ha emergido en el último año. Desde el principio tuvimos una agenda de cambio climático y llevamos a cabo planes de descontaminación, que dieron resultados como la reducción histórica de enfermedades respiratorias en las zonas en que tomamos medidas. Pero de pronto, te das cuenta que eres el país continental de mayor porcentaje de áreas de conservación marina: el 46% de la zona exclusiva económica de Chile, al terminar este gobierno, va a estar protegido. Antes teníamos un 4,6%, y no existe otro país que haya multiplicado por diez las áreas protegidas. Lo mismo con la Red de Parques de la Patagonia, que son 4,5 millones de hectáreas conservadas y que en conjunto con la donación de la Fundación Tompkins y de Bienes Nacionales, esta ha sido la mayor creación de parques nacionales desde Frei Montalva. Entonces, el de Bachelet termina siendo un legado de conservación que no tiene comparaciones con ningún gobierno anterior.

Pero Capitán Planeta es Lagos, no Michelle Bachelet.
-Capitán Planeta puede ser Lagos, pero la Presidenta de los Océanos es la Presidenta Bachelet. Ella tiene una visión de conservación que no ha tenido ningún jefe de Estado.

Quizás ha faltado comunicar estos logros, una queja bien común en este gobierno.
-El 2015 Chile firma la Agenda 2030, Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que plantea 17 objetivos como fin el de la pobreza, agenda de género, consumo responsable, educación de calidad, energía renovable, en fin. Esa visión siempre estuvo en el gobierno, solo que estos relatos se hacen más potentes en algunos momentos más que en otros.

Y surge como tema en casos de crisis, como la salida de los ministros del gabinete.
-No me gusta esa obsesión de Dominguizar o Hydroaysenizar la discusión de evaluación ambiental. Hay mucho más que discutir. Estamos abordando los problemas reales de la gente y el tema número uno es la contaminación atmosférica y año a año hemos reducido la contaminación, pero hemos tenido una sola portada de esto, porque las buenas noticias no venden. Como dice Jon Kerry, simplemente frenamos derrotas inapelables, a través de victorias que son mucho más reducidas, pero necesarias.

Cuando citas al comité de ministros por la minera Dominga, ¿pensaste que esto podía terminar en un conflicto?
-No. Tuvimos que citar de manera intempestiva al comité de ministros porque teníamos la amenaza de una solicitud de silencio administrativo, algo que nunca había ocurrido, aunque otros proyectos habían tenido una demora de meses, lo que podría haber significado ser bloqueados y ser vistos como ineptos. Esto habría significado, una interpelación y podría haber significado una demanda por abandono de deberes. Teníamos que defender la autoridad ambiental.

Pero luego se enredó todo, ¿no tuviste peso político para liderar las negociaciones?
-Se falló basado en aspectos técnicos y estoy convencido que fue lo correcto y esperamos que cuando se cuestione esto, en las instancias que sea, se mantenga así, porque los antecedentes técnicos fueron lapidarios con respecto a la ausencia de información de este proyecto.

¿Sabías quiénes iban a votar en contra y quiénes a favor?
-Sí y teníamos los votos para llegar al resultado que queríamos.

Lo que no sabías es que esto iba a gatillar esta crisis.
-Jamás me habría esperado que alguien se hubiera retirado.

¿Qué pasó entonces?
-Esto es un caso cerrado y no tiene sentido especular más.

¿Por qué te complica tanto hablar de este aspecto que es político?
-Porque uno termina hablando del conflicto y no del fondo.

Claro, el conflicto tiene un fondo, imagino que no es porque Valdés te caía mal o era un pesado…
-Está todo escrito, se discutió mucho, lo que yo sí puedo decir es que el ministerio defiende la institucionalidad ambiental y falló a base de aspectos ambientales porque no cumplía la norma ambiental vigente.

¿Pero para ti, cuál fue el conflicto?
-Tiene que ver con el cortoplacismo versus el largo plazo, básicamente con eso. Conflictos que, además, son los mismos que tienen mis pares en otros gobiernos.

La salida de los ministros de Hacienda y de Economía, políticamente hablando, no es un detalle menor.
-En esto no hay triunfo.

¿No te sientes ganador?
-No, bajo ninguna circunstancia. Yo sigo adelante trabajando con la misma agenda que me mandató la presidenta.

Bernardo Larraín, presidente de la Sofofa dijo: “La salida del grupo económico es el triunfo de una mirada obsoleta y simplista disfrazada de progresismo”.
-La agenda de sustentabilidad es la agenda del mundo, de las Naciones Unidas, de la OCDE, de los países progresistas del mundo, que saben que el crecimiento infinito tiene cota, que hay que desacoplarse de ese crecimiento para dar plenitud y bienestar que requiere la humanidad enfrentando estos temas de manera indivisible.

No te molestaron esas palabras.
-Algunos les falta más mundo para ver qué están discutiendo economistas como Jeffrey Sachs, quienes impulsaron la transformación económica de Rusia y hoy día miran el mundo desde una perspectiva más sustentable. El crecimiento verde es importante.

Das por cerrado el tema Dominga por ahora, pero de todos modos hay una mina por explotar y un proyecto portuario. ¿Alguno de estos podrían ser realizados a futuro?
-El proyecto Minero Portuario Dominga, en lo que corresponde al Ejecutivo, está rechazado. A la empresa, lo que le queda es ir a los Tribunales Ambientales. Y para poder sacar el mineral se requiere un nuevo proyecto, que debe pasar por todo el proceso de evaluación ambiental y cumplir con toda la normativa vigente.

EL CORTOPLACISMO

La Presidenta dijo hace unos días, en el Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas, que la protección ambiental “ha dejado de ser una preocupación sectorial” pese a que “ha sido alto el costo”. ¿Cuál es el alto costo?
-El del cortoplacismo. En general, puedes irte por el camino más barato, pero que no te va a dar el mismo tipo de rédito hacia el futuro y esto es algo súper economicista. Te doy un ejemplo, ahora estamos apostados por 90 buses eléctricos para el Transantiago, que son más baratos de operar, pero más caros de comprar. Si estás pensando a veinte años, es más barato el bus eléctrico, si estás pensando a dos años, es más caro. Lo barato cuesta caro y el cortoplacismo también le cuesta caro al país.

Pero hemos tenido una visión cortoplacista hasta ayer.
-En las decisiones de la Presidenta hay una visión a largo plazo. Antes la agenda ambiental era solo eso, la chapita final, un panel solar y punto. Ahora, por ejemplo, el gobierno está construyendo con aislación térmica y estamos en un proyecto de reconversión térmica de casi un 40% de las viviendas existentes del sur. Haber impulsado las energías renovables, implica que la empresa privada se está encontrando con la sorpresa que la matriz más limpia es mucho más barata que la más sucia. Tenemos la primera ley en Latinoamérica de fomento al reciclaje, donde el que te vende el producto es responsable de reciclarlo. Impulsamos normativas ambientales exigentes, impuestos verdes. La minería va a tener un nuevo boom porque los autos eléctricos consumen tres a cuatro veces más cobre, y quién puede proveer ese cobre verde es Chile con energía renovable. Lo mismo con el litio. Cuando el 2015 nos comprometimos con la ONU con un desarrollo sostenible, algunos sectores pensaban que estábamos hipotecando nuestro crecimiento, pero al final nos damos cuenta que podemos tener más crecimiento y generación de empleo con un agenda climática y ambiental.

En el mismo Congreso Bachelet hizo un llamado: “¿Qué más tiene que pasar para que los escépticos se tomen en serio lo que está en juego?” ¿Quiénes son los escépticos?
– Hay quienes dicen que nosotros, al ser un país en vías de desarrollo, no deberíamos tomar acciones para enfrentar el cambio climático. Y a nivel internacional, cuando hay un líder que niega el cambio climático, a pesar que la evidencia le toca la puerta, como el caso de los huracanes en Estados Unidos, nos encontramos con una líder que responde políticamente para hacer una sociedad más sustentable.

Hablas de Trump.
-Él ha polarizado la discusión frente al clima y eso requiere respuestas políticas potentes, de las cuales el gobierno de Chile ha sido parte.

Los escépticos, a los que se refiere Bachelet, históricamente han sido todos los ministros de Hacienda y Economía.
– Cuando el economista Nicholas Stern, con Joseph Stiglitz sacan informes diciendo que enfrentar el cambio climático genera más empleos y crecimiento, empieza a cambiar la visión. Cuando Jeffrey Sachs, desarrolla la doctrina del shock, y dice que el planeta es finito, que hay que buscar una economía de servicios, te das cuenta cómo frente al cambio climático va cambiando el mainstream. Aquí nos falta leer más esos informes internacionales. El 2014 presentamos una hoja de ruta para enfrentar el cambio climático que mostraba que mientras más alta era nuestra ambición, más crecía el país, y más empleo generaba. Luego la OCDE saca un informe similar que afirma que crecer en verde es mucho más rentable que crecer en negro. La comunidad ambiental está ganando la discusión a nivel global. Hoy día hay más de 193 países que han ratificado la agenda 2030 de la ONU y sus objetivos de desarrollo sustentable y el Acuerdo de París. Esta es la visión y el consenso global, donde hay muy pocos detractores.

Pero los señores que manejan la billetera de este país tienen una visión bastante anticuada.
-Entiendo que uno tenga que administrar presupuestos de corto plazo, pero también hay que tener en cuenta una mirada de largo plazo.

Tal como dices, hay un mundo que cree en el desarrollo sustentable, algo que no siempre es compartido por quienes manejan la billetera. ¿Cómo es, en la práctica, la sobrevivencia en un gabinete con estas posturas enfrentadas?
-Con antecedentes. Para llegar a un debate hay que tener antecedentes que demuestren que contaminar menos es mejor para la sociedad. Así lo hicimos con los 14 planes de descontaminación, algo que significaba mayor regulación a la industria, pero a la larga mayores beneficios por la baja en las enfermedades respiratorias. Siempre va a haber una tensión entre el corto y el largo plazo, pero lo importante es que tengamos líderes con visión de largo plazo para seguir avanzando hacia la bases de un desarrollo sustentable real. No una visión de los años noventa.

¿Cómo era la visión de desarrollo sustentable de los años noventa?
-En los 90 ser ambiental era vivir en la comunidad ecológica, andar en una 4×4 diesel y ocupar estufa a leña. Y ahora te das cuenta que el ciudadano ambiental es urbano, usa energía renovable, vive en un departamento, cree en una economía compartida. Y si hablamos de proyectos, antes se podía desplazar comunidades indígenas y aún ser considerado sustentable, hoy día la sustentabilidad es mucho más que no talar árboles o no contaminar.

Estos personajes, los ex ministros Valdés y Céspedes ¿eran noventeros?
-No. Los miembros del gabinete son toda gente del siglo XXI.

Es que ya no son miembros del gabinete.
-Incluso los antiguos.

CRECIMIENTO VERSUS MEDIOAMBIENTE

La salida de los ministros se planteó como una disyuntiva entre crecimiento y medioambiente.
-Hay un grupo de gente que no cree en el desarrollo sustentable, que para crecer hay que destruir el medio ambiente. Y por otro lado, en el mundo ambiental, hay gente que cree que el crecimiento es malo y que no protege el medioambiente. Yo no creo ni una de las dos cosas. El desarrollo sustentable es posible y el crecimiento verde es necesario para reemplazar la economía que destruye al planeta. El crecimiento es trascendental, sin crecimiento no se supera la pobreza y no se reemplaza la economía del pasado.

De qué crecimiento hablamos, porque crecer un 3% al año implica que hay que consumir más. ¿El consumo no hay que tocarlo?
-Para mí la clave es la economía de servicio. Por ejemplo, pasamos de tener cientos de CD a tener toda la música en el celular, es decir pago un servicio y no compro esos productos. El planeta es finito y para que el crecimiento continúe, tiene que desacoplarse de la extracción de los recursos. No puede ser el modelo lineal de extraer, consumir y botar. Hay que extraer, ocupar, reutilizar y recircular. Ese es el modelo que hay que impulsar con el reciclaje.

Sebastián Edwards escribió en La Tercera que la disyuntiva entre crecimiento y medioambiente, le parecía algo “insólito”.
-La Presidente no tiene esa disyuntiva. Ni yo tampoco.

Pero sí el ex ministro Valdés.
-No lo sé.

Tienes un perfil más académico y técnico, ¿cómo te ha golpeado verte tan expuesto en este mundo político? ¿te movió el piso?
Siempre he tenido vocación de servicio público. Si tú lees qué hablaba antes y lo que estamos haciendo ahora, estamos haciendo exactamente lo que pensaba desde el principio. Dije que era importante el impuesto verde para transformar la energía eléctrica en Chile. Éramos pocas las voces que decíamos que la energía eléctrica renovable iba a ser más barata. No me desesperé cuando los megaproyectos no se concretaban y sabía que había una nueva manera de desarrollar Chile. El tiempo me dio la razón. Muchas de las cosas que estamos haciendo ahora nacieron en el mismo computador que me traje de la universidad, muchos de los impuestos verdes fueron diseñados con planilla de cálculo de ese entonces. Siempre pensé que había que hacer estas transformaciones y me encontré con una líder que tuvo la capacidad de creer en este modelo y dar la capacidad de crecimiento distinto a este país.

Este es un ministerio que requiere una combinación técnica y política. ¿Cuál es tu habilidad mayor?
-Si miras otros ministros a nivel global no hay muchos que tengan la convicción que tengo yo con la capacidad técnica, que es una combinación bastante difícil de contrarrestar en discusiones de negociación. Cuando negocias en propiedad, sin minutas que te escriben tus asesores, tienes mayor fuerza y eso en el ámbito internacional se ha notado. Eso permite pararte no como un ministerio secundario, sino como ministerio integral de una visión de desarrollo sustentable que impulsa hoy día el mundo.

¿Crees que el ministerio del Medioambiente ha sido siempre mirado en menos?
-El tema ambiental era lo último que preguntabas. Pero el cambio real más profundo que ha tenido la agenda ambiental es que se ha hecho mucho más transversal y eso partió con el tema del cambio climático. El éxito es cuando esto deja de ser tema del ambientalismo pasa a ser parte del ADN de cada uno de los sectores. Y eso es lo que ha impulsado la Presidenta.

Cuando dicen que eres el predilecto de la Presidenta, ¿te molesta?
-Sí, porque es súper injusto. Acá hay ministros que se han matado trabajando y yo simplemente me vi envuelto en una polémica que no busqué. No he tenido ni una aspiración de figurar. Mi única aspiración es lograr la transformación que requiere el país en cuanto a temas ambientales. Esto va mucho más allá de lo que yo aspiré. El solo hecho de haber sido nombrado subsecretario es más allá de lo que habría aspirado para una vida entera. Y cuando me llamó la Presidenta para ser ministro, es la culminación de una carrera que me obliga, con la gratitud que tengo, de servirle de la mejor manera posible.

PIÑERA VERDE

Según las encuestas, es muy probable un segundo gobierno de Piñera, ¿crees que esta agenda verde estaría en riesgo?
-No creo que gane Piñera.

¿Quién va a ganar entonces?
-La coalición nuestra.

¿Guillier?
-El progresismo va a ganar. Pero esto es como Trump, uno puede tener la voluntad de revertirlo, pero hay muchos temas en los que no va a ser posible. Y no da lo mismo haber sido el gobierno que aprobó la termoeléctrica que podría haber sido la más grande de Latinoamérica, a ser un gobierno que cambió la matriz energética con la visión y el diseño del gobierno de Bachelet.

¿Cuáles fueron los hitos más nefastos del gobierno de Piñera en términos medioambientales?
-En el tema de la calidad del aire, que es el tema ambiental más grande de todos, fue una postergación absoluta. Es imperdonable. Se sabía desde el 2011 que había profundos problemas de contaminación atmosférica en el sur, pero no se tomó ni una medida, por eso tuvimos que hacer 14 planes en tan corto tiempo, porque ellos solo hicieron dos. Uno de estos, el de la Región Metropolitana, era un plan que ya estaba hecho, que venía de nosotros y lo publicaron ellos. Otro ejemplo, el 2012 entró en vigencia una norma exigente de material particulado fino (pm 2,5) que no la aplicó hasta el año 2013 y que en Santiago nunca la aplicó. Después, cuando se dio cuenta que la contaminación del norte era muy cara de abordar, derogó una normativa ambiental que me tocó a mí acompañar a la comunidad para demandarlo y ganamos ante tribunales, reponiéndose en la Corte Suprema esa normativa. Huasco, Calama, Coronel, Puchuncaví, Sierra Gorda, Andacollo y Tocopilla no tuvieron normativa. Algo insólito.

Piñera habla mucho de conservación y ser dueño del Parque Tantauco en Chiloé, le da una suerte de sello verde.
-El gobierno de Chile estaría muy llano a recibir Tantauco, tal como donaron los Tompkins sus terrenos a un parque nacional público. Eso es conservación pública, para todos los chilenos. Pero eso es una visión de desarrollo distinta de creer que todo tiene que ser privado, que el Estado tiene que ser chico, que todo lo que hace el gobierno es malo. Esa es una visión diametralmente opuesta a la nuestra.

¿Y que haya frenado la construcción de Barrancones no habla de su interés por un desarrollo sustentable?
-El Comité de ministros del Presidente Piñera aprobó Barrancones, él puede que se haya arrepentido, vulnerando la institucionalidad ambiental, pero lo que habría correspondido era rechazarlo en el comité de ministros porque esa es la señal institucional.

Piñera verde entonces no te calza.
-Es difícil creer que Piñera tenga espíritu verde.