Hace años que no das entrevistas.
-No estoy interesado, pero ahora como estamos en elecciones, me dieron ganas.

¿Echas de menos la política activa?
-Como actividad cotidiana no, pero es muy entretenida y fascinante.

Es muy distinto verla desde afuera.
-En el fondo, uno sabe todo lo que está pasando adentro. Es como estar viendo una película con actores conocidos que repiten las escenas. Te das cuenta para dónde van las cosas.

Estas elecciones han estado poco prendidas.
-Para que las elecciones sean interesantes tienen que ser como en un match de boxeo. Un peso pesado no puede pelear con un peso pluma, porque quién va a ir a esa pelea, no vale la pena pagar la entrada. Con todas sus virtudes y sus muchos defectos, Piñera no tiene contrincante o quien esté a su altura. Eso hace que la elección sea entre un profesional y un amateur.

¿Qué te parece Bea Sánchez?
-Una gran decepción. No ha podido meter un gol. Aunque sea una táctica media maricona de preguntarle cuál es la deuda externa, debería saberlo si realmente quiere ser presidenta.

¿Y Guillier?
-Guillier mató su candidatura cuando se metió en la interna socialista a pelear con Lagos. Ahí, fue el game over. Él tiene poco qué hacer.

¿Por qué selló ahí su destino?
-Dividió a su propia coalición, echó abajo la Primaria y si iba con Lagos, probablemente, le habría ganado, porque en ese momento su estrella estaba muy fulgurante, no se sabía que no tenía dedos para el piano. Fue un error del propio Guillier, él se disparó en el pie.

Decías en un tuit, que si Guillier fuera presidente sería un caos. ¿Por qué?
-Ya es un caos como candidato. Si Guillier saliera presidente, sería lo peor para el país. No catastrófico, no es que la bolsa vaya a colapsar, pero sería una pena que ganara Guillier.

¿Por qué tanto?
-El país seguiría estancado, enredado en impulsar una mirada Estado dependiente, que tiene desconfianza con los emprendedores, y el mundo no va por ahí. Es un retroceso. A él le está pasando lo mismo que Frei.

¿Por qué?
-Es curioso que Piñera haya tenido la suerte de competir dos veces contra los peores candidatos que la izquierda podría haber puesto sobre la mesa. Frei fue un horrible candidato, es cierto que ganó la primera vez, pero ahí habría ganado cualquiera de la Concertación, y ahora le tocó Guillier que resultó ser un pésimo candidato.

¿Y qué hay tras la candidatura de Guillier, qué buscaba la NM?
-Creo que la mayor motivación fue una lucha de poder entre la Nueva Mayoría y el Laguismo. Se trataba de acuchillar al César a como diera lugar.

¿Por qué querían acuchillar al César?
-Porque Lagos es un autoritario y lo veían como la restauración del viejo orden. Lagos representaba a los viejos poderosos. Toda la nueva generación, que estaba buscando nuevos cargos en el PS, se sintió amenazada. Que van a llegar los Escalona, los Insulza, y dijeron “no podemos permitir la resurrección de Lagos, está bien que esté en el mausoleo donde le vamos a poner flores, pero que no se venga a meter acá”. Sumado al hecho de que Lagos, efectivamente, en las encuestas estaba malísimo. Si durante cuatro años se habían dedicado en la Nueva Mayoría a sacarle la cresta, a tratarlo de la peor manera, no se podía esperar más.

En esta pasada, Lagos apareció con un discurso pasado de moda.
-Estaba descolocado. Él nunca terminó de entender por qué no lo querían. Porque Lagos tiene un ego dominante, él no es que se crea Dios, es Dios. Nunca pudo aceptar que la gente lo dejara de querer.

Y se vino abajo.
-Claro, porque le empezaron a disparar sus mismos compañeros. No defendieron su obra, que no hizo nada por cambiar las reglas del juego. Pasó de ser el héroe de una transición notable, a una especie de traidor, que se vendió a las reglas de la dictadura. Destruyeron su imagen. Y desconocieron toda la obra de los gobiernos de la Concertación. Estoy seguro de que hoy si Lagos fuera el candidato estaría mejor que Guillier en las encuestas. Daría la pelea. Tendría 10 puntos más que Guillier, estaría por debajo de Piñera, pero competitivo. Lagos era la única persona con la autoridad moral para controlar a la ultra izquierda que está metida dentro de la Concertación.

¿Por qué hay tanto desprecio a la figura de Lagos?
-En la política hay un gen suicida que no se puede erradicar. La política es la única empresa donde una parte del directorio prefiere que a la empresa le vaya mal y perder plata para joderse al jefe o poner a un pelotudo a cargo de cosas. Eso no se da en el sector privado.

LA NUEVA MAYORÍA
¿Qué pasó con la NM que dejó de ser un proyecto atractivo?
-El revival de la izquierda clásica pretransición transición que encarnó la Nueva Mayoría, encabezado por Bachelet, fracasó. La gente percibió que Chile tenía un modelo que iba funcionando más o menos bien, aunque con carencias, y de repente la Nueva Mayoría cambió el discurso hacia uno hostil al modelo económico. Eso provocó una impopularidad por ese giro intelectual antisistema. A este país, aun traumado con el golpe del 73, no le gusta los discursos antisistémicos, cree que terminan mal, aunque no sea verdad.

¿Guillier se transformará en el sepulturero de la NM?
-No, la Nueva Mayoría es la sepulturera de Guillier y de cualquiera. Según algunos, la Nueva Mayoría necesita al Frente Amplio para ganar, pero una alianza con la ultra izquierda garantizaría su derrota.

¿Qué futuro le ves a la NM?
-En la oposición se va a implosionar. Se producirá lo que debió haber ocurrido ahora, la DC va a romper con el PC e independizarse.

¿Qué le recomendarías a la NM?
-Lo mismo que a un enfermo terminal: que deje todos sus papeles en orden.

¿Cómo has visto en lo que se ha transformado la NM?
-La Nueva Mayoría se mató a sí misma al denostar la obra de la Concertación. En el fondo, destruyó su propio legado.

¿Qué los llevó a traicionarse a sí mismos?
-En la Concertación siempre hubo una disputa entre los autoflagelantes y autocomplacientes, entre los cuales me encontraba yo y que sigo siéndolo. Cuando yo era activo, fuimos capaces de mantener a raya a los autoflagelantes. Nunca aceptamos la idea de un pacto de gobierno con el PC. Teníamos conversaciones, sabíamos que al final votaban por nosotros, pero nunca quisimos hacer gobierno con ellos. Luego, los autoflagelantes se hicieron hegemónicos al interior de la Concertación e impusieron su discurso. Ahí vino todo este ímpetu reformador, refundacional.

Ver a la DC en un pacto con el PC era impensado.
-La Concertación metamorfoseó a la Nueva Mayoría y se movió a la izquierda, que no es ningún pecado, pero es otra cosa. Y ahí estamos viendo los resultados.

¿Ha sido un fracaso?
-Ha quedado claro. Por ejemplo, en el tema de la gratuidad. Si la Concertación no hizo la gratuidad universal para todos, no es porque fuera socialmente insensible, siempre se entendió que el país no estaba preparado, no tenía recursos, y eso está quedando de manifiesto ahora, porque pese a la reforma tributaria, tenemos un incremento brutal del endeudamiento. Uno pensaría que las masas deberían estar en las calles defendiendo la gratuidad y no es así. No son medidas populares. La izquierda hace una lectura muy equivocada de cómo es la gente.

¿En qué lo ves?
-Por ejemplo, la gente no es contraria a la segregación. Muchos padres de clase media emergente, están dispuestos a pagar copago, porque no quieren que el Cizarro sea compañero de sus hijos. Y cuando la gente tiene un poquito de plata lo primero que hace es cambiarse de barrio, porque no quiere que su vecino de la población se vaya donde él recién se cambió. La gente busca subir su estatus. La izquierda tiene en la cabeza una visión de cómo debiera ser la gente, sobre todo los que están en una situación más compleja, pero no se corresponde con la realidad. Es así, o si no cómo se explica que la derecha vaya a ganar esta elección.

En el papel, la gente apoya las reformas de Bachelet.
-En teoría, porque en general no la apoya con el voto. Incluso hay muchas familias que están beneficiándose de la gratuidad que votarán por Piñera.

Cómo lo que pasó en Argentina con Macri.
-Por supuesto. ¿Por qué Beatriz Sánchez se vino al suelo? Porque lo que está planteando no sintoniza. La gente se da cuenta de que si ella llega a gobernar, el país se iría a la ruina, y la gente en el fondo cree que el gobierno de Bachelet debilitó la economía.

¿Qué te parece la candidatura de Goic?
-Votaré por ella en primera vuelta. Hay que reconstruir la centroizquierda en Chile y eso requiere una DC fuerte. Es un voto político.

Para que la DC sea fuerte, tendría que haberse salido de la NM en esta pasada.
-Lógico. Pero la DC tiene el síndrome de Estocolmo. Quedó tan traumatizada con su experiencia de haber estado en la derecha detrás del golpe, que no se puede imaginar a sí misma fuera de la izquierda. Si tuvieran el coraje de decir que no van a volver a gobernar con la Nueva Mayoría, tendría diez puntos más. Se han dedicado día por medio a decir que nuestro domicilio político en la centroizquierda, pero todo el mundo sabe que terminarán apoyando a Guillier, y que cuando la NM haga un pacto con el Frente Amplio, la DC va a estar ahí. Nunca ha habido un escenario más favorable para la DC que ahora, con una Nueva Mayoría dividida, con un pésimo candidato presidencial como es Guillier. La DC podría estar pasando a segunda vuelta, pero no está marcando, porque no asumió que para llegar a eso tenía que ser categórica y romper con el PC, incluso con el legado de Bachelet, pero esta ambigüedad ha hecho que le vaya mal, lo que me da pena.

¿Cómo has visto a Bachelet?
-Ha sido una de las presidentas con una enorme dignidad y una adhesión absoluta a la democracia y a los valores de un Estado de derecho. Me siento totalmente identificado con su agenda valórica. Pero desde el punto de vista de la continuidad, del desarrollo y del progreso económico en Chile ella no solamente lo interrumpió, sino que creó situaciones económicas que afectan estructuralmente y que van a tener consecuencias por un tiempo, no fatales, pero le metió el pie en el freno. Ahora la historia no creo que la vaya a juzgar mal.

¿Y lo que pasó con el caso Caval?
-El caso Caval es lo mismo que está pasando con el caso Luchsinger al revés.

¿Cómo así?
-Todo el mundo cree que la Compagnon y Dávalos son culpables de los más tremendos delitos, y no es verdad. Nadie quedará conforme, a menos que fuera una pena de cárcel de 50 años. Todo el mundo dice que el fallo de los mapuches es un escándalo, la única forma que la opinión pública hubiese quedado contenta es que los condenaran, y si había que condenarlos de todas maneras para qué hacemos un juicio. Lo de Caval está completamente sobre dimensionado. Si ellos no fueran quienes son, no habría sido tanto tema. Estoy convencido que Bachelet no tiene nada que ver y para ella ha sido un dolor tremendo, pero la gente no distingue. La sociedad es como un circo romano, le gusta que corra sangre, hasta que la sangre que va a correr sea la de ellos. Porque todo el mundo dice que la justicia es muy garantista, hasta que un pariente cae preso. Eso la afectó anímicamente, la destruyó y le robó su credibilidad. La puso al nivel del resto, le sacaron esa aureola de santidad que tenía. Ahí se jodió y nunca se recuperó.

LOS VIEJOS
En Twitter, dijiste que te gustaría ver en el parlamento a Insulza, Latorre, Girardi o Tarud. Todos de la old school que suelen ser vistos casi como una lepra.
-Sí, pero cuál es el test de la legitimidad, ¿quién merece estar en el Congreso? Aquel que el pueblo, en elecciones libres, elige. Como el chico Zaldívar, por ejemplo, que le ha ido bien en las elecciones.

Lo van a terminar sacando en ataúd del Congreso…
-Pero es un aporte. Yo creo que va a salir electo y que le va a ganar a Velasco y a la Ximena Rincón. Mal que mal le ganó a Gazmuri, que era mucho más buenmozo, joven y carismático que él. No es poca cosa.

¿Puede estar alguien tanto tiempo apernado al poder?
-Poner un límite de edad está bien. Cuándo uno tiene ochenta, noventa años, no está en condiciones de dar el máximo que es lo que se espera de una autoridad.

La gente quiere una renovación, no ver a los mismos de siempre.
-La gente dice que quiere rostros nuevos. Pero vota por los rostros viejos. Hay una desconexión.

¿Te sientes parte de esa generación que está out?
-No tengo problemas. Incluso, si voy al banco me voy altiro a la fila de la tercera edad, a pesar que todavía no estoy ahí, porque es más rápida. Pero eso refleja que hay algo profundamente mal en nuestra psicología que es que tendemos a descartar lo viejo. El concepto de nueva versus vieja política es una entelequia, un absurdo, sin ningún relato en la realidad. Mientras más se habla de la nueva política, uno más se da cuenta que no se puede reinventar la rueda.

Hay una generación de recambio que no quiere ver las prácticas antiguas en política.
-El concepto es más viejo que uno mismo. Siempre ha habido algún demagogo que viene con buenas intenciones pensando que está todo mal, pero una vez adentro ven que no es tan así, como ha sido la experiencia de Jackson y Boric -y que ellos mismos lo han dicho- que como dirigentes estudiantiles denostaban el parlamento y las cuatro paredes y ahora están felices. Y lo mismo no es tan malo, lo mismo es como las cosas tienen que ser hechas. Decir que el parlamento es una cosa entre cuatro paredes, no tiene nada de malo.

En un momento se vilipendió la cocina del chico Zaldívar.
-Los políticos tienen que conversar y ponerse de acuerdo, no frente a las cámaras, porque no pueden hablar con honestidad. Muchas veces la transparencia es mala, en el sentido que impide que se encuentren las mejores soluciones. Se ha transformado como en un mantra, que la transparencia es lo mejor en toda circunstancia, pero la reserva es un valor positivo de la democracia. Después la gente juzgará por los resultados. Uno no tiene por qué saber lo que va pasando minuto a minuto, eso le gusta a la CNN porque tiene que estar 24 horas al día transmitiendo cualquier cosa al aire, pero no necesariamente es bueno.

¿A qué puede conducir ese exceso de transparencia?
-A una banalización completa de la política donde, al final, el político en vez de hacer un discurso serio, de dialogar con su contraparte para buscar acuerdos, le hable a la galería.

La política de los acuerdos que mencionas está muy satanizada.
-Totalmente, por un sentimiento radical que habla de la democracia participativa y directa, pero al final eso no funciona. Eso lleva a sistemas totalitarios y no democráticos.

¿Qué te parecen jóvenes como Giorgio Jackson o Boric?
-Un aporte. Me gustaría que Boric fuera reelecto. Pese a que no comparto sus opiniones, es una persona honesta y valiosa. Por Giorgio Jackson voté la última vez, pero ahora me decepcionó por su postura frente a Venezuela.

¿Por quién piensas votar?
-Por Luis Larraín. Es una figura fresca que representa algo que no está expresado en el parlamento. Encuentro que la gente nueva, que se han hecho parte del sistema, es bueno. Entre ver a Giorgio, Boric y otros tirando piedras contra el ministerio de educación o destruyendo los paraderos del Transantiago, es bueno para la democracia que estén sentados en el parlamento.

Eso es caricaturizarlos…
-Pero es verdad.

EL RETIRO
Fuiste una figura importante de la transición. ¿Extrañas algo de la Concertación?
-Todo. Fue la época de gloria del país. Hubo mucha armonía, mucho progreso, mucha mística. La Concertación no cometió ningún pecado. Generalmente, hizo cosas positivas.

Quienes critican a los actores de la transición es porque creen que traicionaron al pueblo y se acomodaron al poder.
-Es una falsedad completa. Pero eso es bien alimentado por un sector importantísimo de la izquierda que está en la Nueva Mayoría. O sea, partiendo de la declaración de Bachelet cuando dijo que la Constitución de Pinochet era ilegítima. Primero, no es la Constitución de Pinochet, es la de Lagos. De la Constitución de Pinochet no queda nada. Es cuestión de leerla. La cambiamos, prácticamente, entera.

¿Qué va quedando de la de Pinochet?
-Una cierta garantía, que también existía en la de 1925, del derecho a propiedad que ninguna persona sensata la querría cambiar. O sea, lo que está ahí es porque no está mal. Ahora, uno puede hacer cambios, modificar cómo debe funcionar el TC o los quórum, pero la Constitución actual es absoluta, total y plenamente democrática.

¿Te sientes orgulloso?
-Creo que tenemos una muy buena Constitución, que ha sido denostada. Pero no necesitamos una nueva.

¿Ni una Asamblea Constituyente?
-¡Para nada! Eso sería la locura más grande.

¿A qué nos llevaría?
-Al abismo completo. Sería como la AC venezolana, ¿quién controla eso?

Te retiraste antes de que muriera la Concertación y el buque se viniera abajo.
-Sí, con Frei, pues se veía venir todo esto.

¿Qué se veía venir?
-La radicalización de la Concertación. Acuérdate que hubo todo un debate en esa época, que Frei iba a perder porque no era lo suficientemente de izquierda, ni estaba lo suficientemente contra el sistema. Había un germen, al punto de que la mayoría de los líderes políticos habían pactado en sus corazones que era mejor perder con Frei para rearmar un proyecto más de izquierda desde la oposición, y eso fue lo que ocurrió.

A ti te costó el cargo en el PPD cuando denunciaste una ideología de la corrupción a la hora de financiar campañas de la Concertación.
-Sí. Cuando era presidente de la cámara di una entrevista, contando que me iban a censurar en la presidencia de la cámara por decir que todos los parlamentarios pasaban el platillo a los empresarios para financiar sus campañas. Y la María Maluenda, que era bien amiga mía, me llamó indignada, que cómo yo había podido decir una cosa así, porque ella jamás había pasado un platillo. Y yo le dije que sabía que ella nunca lo había pasado, porque lo pasé yo por ella.

¿Los financiaba el famoso hombre del maletín?
-Sí, como no habían boletas se inventó el concepto. La derecha se financiaba con los empresarios y la Concertación con el gobierno, eso estaba aceptado. En mi época, íbamos a pelear con Carlos Figueroa para que nos diera más plata. Y con los empresarios había una relación con algunos que aportaban, pero mi experiencia personal es que jamás nunca pedían nada a cambio. Ese es un mito.

Nadie se lo cuestionaba éticamente, como ahora.
-Era más de bajo perfil. Pero es bueno que haya cambiado la forma de financiar la política.

¿Qué piensas que MEO se haya visto involucrado con SQM?
-Ese es el drama de MEO. Para mí, él es el candidato más talentoso. Tiene visión de mundo, es carismático, muy inteligente, simpático, cosmopolita. El mejorcito de todos. Es un cóndor pero tiene un balazo en el ala, que no le permite volar.

Si no estuviera formalizado, este sería su momento.
-Está jodido. Así y todo no lo está haciendo mal. Le tengo mucha admiración. Ahora, creo que su campaña se ha pasado de ordinaria. Está hecho un picante. No le va bien. Y dispara. Es una mezcla de Alejandro Navarro y Nelson Ávila. La franja de MEO parece un comercial del Banco Mundial del Resentimiento donde todo el mundo deposita sus quejas.

Fue el más perjudicado políticamente con SQM.
-Lógico, porque cuando uno trabaja de santo, y te pillan en un tugurio, el costo es más grande. Él era el candidato contra el establishment, el de las buenas prácticas y la buena política. Pero cayó en esto.

¿Estas malas prácticas son perdonables?
-Hay que ver qué pasa al final. En general, creo, que el 99% era plata para la campaña. No era para comprarse un departamento en Miami. En eso hay una diferencia.

¿En la política todo está permitido?
-No. Y tampoco todo se hace. En general, los políticos chilenos son honestos, serios. Hay muchos que son huevones. Pero eso no es un pecado mortal en la sociedad.

Lo criticable es la estrecha relación entre políticos y empresarios.
-Sí. Pero no necesariamente son relaciones turbias. Porque tener amigos empresarios no es malo. Pero es muy distinto que pasen plata para comprar un escaño en el Congreso. Eso es grave. Es cohecho.

La gente no le perdonó a la izquierda que se haya involucrado con SQM.
-Nunca he podido entender que se haya transformado en un pecado, poco menos que mortal, recibir un aporte de SQM, como si fuera una plata más sucia que del Banco de Chile o de Tompkins o de Copec. Solo porque el yerno de Pinochet tiene acciones ahí. Fuera de haberse acostado con la hija de Pinochet, y a lo mejor enamorado de ella un tiempo, no fue funcionario del gobierno militar. No ha sido procesado, nunca ha sido señalado con el dedo como cómplice pasivo ni activo ni retroactivo de violaciones a los derechos humanos. Este complejo que le nació a la izquierda, después de recibir plata de SQM, que era poco menos que la encarnación del diablo, es de una irracionalidad completa. Todo este mea culpa jesuítico del PS porque estaban invirtiendo bien la plata en el mercado de capitales, es una histeria de la más absurda, y además empezaron a denostar a los socialistas que los ayudaron a ganar plata, como si fueran unos bandidos, traidores a la patria. Para mí, ahí está el germen del estalinismo. Y esa es mi preocupación cuando te piden estándares éticos, cuando un grupo se le ocurre que lo que ellos mismos han estado haciendo es contrario a la ética. Eso te puede llevar a los excesos más grandes. Entonces, hoy día Óscar Guillermo Garretón me imagino que no puede entrar a la sede del PS. Eso no me gusta, me da miedo, porque creo que el abuso y estalinismo parten ahí.

PIÑERA
¿Y en segunda vuelta por quién votarás?
-Por Piñera.

¿Lo hizo mejor que Bachelet como presidente?
-Fue mucho mejor gobierno. No fue un presidente reaccionario. Me siento más identificado con Bachelet en el avance en temas valóricos, pero si el precio que tengo que pagar por eso es que el país deje de crecer, aumente la pobreza y desigualdad, no es mi opción. La gente terminará eligiendo a un presidente pro sistema, pro mercado, pro AFP, en contra de la gratuidad, contrario al aborto, porque lo que les importa es tener un trabajo, seguridad, que el país crezca, y él demostró cuando fue presidente que hizo un buen gobierno y que la gente vivía mejor cuando él era presidente que ahora.

¿Crees que salga reelecto?
-Sin duda, salvo terremoto político grado 10. Como dice el refrán “la ópera no termina hasta que la dama gorda canta”, y eso será el 19 de noviembre.

A Piñera lo apoyaste en su campaña pasada desde dentro.
-Sí, estuve en su comando. Fue una decisión política que tomamos en Chile Primero. Creímos que sería un buen gobierno para Chile.

¿Cómo fue irte al otro bando?
-Muy raro. Es irse a meter a otro corral.

¿Cómo era ese corral?
-Bueno, siempre he tenido buenas relaciones humanas. Pero era otra cosa. Una cosa extraña. Pero la convivencia en política no creo que haya sido más extraña que estar en el mismo corral con el PC.

Pero es otra coalición…
-Pero para mí el PC es como la UDI de la izquierda. Yo los veo mal.

En esta pasada, Piñera se ha derechizado más.
-Sin embargo, en El Mercurio vi una noticia de la encuesta CEP, y tiene más votos de centroizquierda que MEO. Yo creo que va a tener mucho voto de centro y no de derecha.

¿Eres un hombre de derecha?
-Para nada. Me defino como demócrata, de la corriente de Obama o Hillary Clinton.

Cuando le diste tu apoyo a Piñera, te llovieron las críticas por darte vuelta la chaqueta.
-Sí, las cosas que se dicen siempre, pero nunca he sido de derecha, tampoco me he identificado con la izquierda.

¿Qué te parece la irrupción de Kast?
-Un buen candidato. Pero creo que tiene una fantasía, como una especie de sueño erótico, el decir que nos vemos en segunda vuelta.

Es la versión chilena de Trump.
-No, Trump es un canalla, una persona abyecta. Kast es un ultraderechista, pero no abyecto. Tiene valores y principios, que uno no comparte, pero los tiene. Lástima que sea tan reaccionario.

¿Echas de menos tu ex domicilio político?
-En política, estoy en situación de calle, ja, ja, ja. Me entusiasmé con el partido de Velasco. Pero no me gustó la sociedad con la Lili Pérez.

¿Por qué no?
-Ella es muy demagoga. Ahí se equivocó Andrés. Pero me sentía bastante identificado y habría votado feliz por Velasco si hubiera sido candidato a la presidencia.

¿No te llamaron para que te integres a alguna campaña presidencial? ¿Piñera, por ejemplo?
-No tengo ninguna relación con él. Si nos vemos en la calle, nos vamos a saludar afectuosamente, pero tampoco tengo interés. Y de la izquierda tengo amigos, pero no me siento parte del proyecto de la Nueva Mayoría. No la sentí parte cuando partió, mucho menos ahora.

¿En qué has estado el último tiempo?
-Dedicado exclusivamente a mi profesión de abogado.

Lo último que se supo de ti fue que tuviste una enfermedad y que perdiste toda tu plata por malos negocios.
-Estuve muy mal, muy jodido, pero me recuperé. Perdí mis bienes, mi casa, mis ingresos, todo. Ahora estoy resucitando.

Todos te condenaron en su momento…
-Sufrí una condena muy fuerte, fue muy duro. Perdí todos mis clientes. Yo creo que me enfermé por eso.

¿Cómo es tener tanto poder y después perderlo todo?
-Si uno se imagina esas cosas, le baja un estado de pánico. Pero cuando te pasa, encuentra uno la fortaleza, por lo menos en mi caso, para salir adelante. O sea, me pasó todo lo que jamás pensé que iba a pasar.

¿Cómo llegaste a que te pasara todo eso?
-Es un conjunto de factores: malas inversiones, malas decisiones. Y ahora estoy normal.

¿Y cómo se sale?
-Gracias a Dios tengo mi título profesional. Y me reinventé. Nunca me había dedicado realmente a ser abogado y ahora sí. Estoy litigando, cambié mi clientela. Ya no tengo al consejo minero, las isapres, los grandes empresarios, pero tengo una buena clientela. Estoy mejor.