¡Algunos milenios más sobre la vía del último siglo! —y se hará visible la más alta cordura en todo lo que el hombre hace: pero precisamente con ello la cordura habrá perdido toda su dignidad. Efectivamente es necesario ser cuerdo, pero también tan corriente y tan vulgar como para que un gusto más noble llegue a sentir esta necesidad como una vulgaridad. Y así como una tiranía de la verdad y de la ciencia estaría en condiciones de hacer subir el precio de la mentira, también una tiranía de la cordura podría hacer crecer un nuevo género de nobleza. Ser noble —eso significaría entonces, tal vez: tener locuras en la cabeza.