Lo que algunos llaman modernidad, desarrollo, o como sea, parece no tener límites claros. Al menos en Chile.

Y así es que quienes alguna vez miraban árboles, la cordillera, el mar, una plaza, pronto pasan a resignarse con contemplar un muro de hormigón, en tantas ocasiones enorme.

“En septiembre, desde mi departamento, que está en el sexo piso de un edificio en el centro de Puerto Varas, podía maravillarme a diario con el Lago Llanquihue. Ahora, mi vista es una mole de hormigón y grúas de constructora de un edificio que se levanta en la costanera”, se queja Joaquín Aguirre, uno de tantos chilenos a los que les cambiaron la vista por la muralla de un edificio.

Joaquín comparte vía Twitter una foto que ilustra lo que dice. Una muralla de concreto tapa la imagen de lo que antes era el Llanquihue.

“Al tapar la vista, el resto de las viviendas pierden plusvalía. Cada departamento o casa de la segunda cuadra para atrás hoy debe valer 10 millones menos”, dice, según recoge La Segunda.

La situación que afecta a Joaquín Aguirre no es un caso aislado, pues tiene que ver con los permisos de edificación otorgados durante el último tiempo. Según la organización Proyecta Puerto Varas, entre 2012 y 2014 llegaron a 1.430, cifra que se compara con los 1.449 de los seis años anteriores.

Mientras tanto, cuestión que habrá que ver si se puede sostener en el tiempo, el alcalde Ramón Bahamonde, ha congelado los permisos de obra en el centro y el borde costero, y en la segunda y tercera terraza de la ciudad ha prohibido proyectos de más de seis metros de altura.