En enero de este año, Philip Roth, fallecido a los 85 años en la víspera, concedió la que sería una de sus últimas entrevistas. Habló después de seis años de decir que abandonaba la escritura para siempre. En rigor, lo había hecho dos año antes.

Dentro de unos meses cumplirá 85 años. ¿Se siente anciano? ¿Qué se siente al envejecer?
– Sí, dentro de unos meses dejaré la vejez para entrar en la vejez profunda y adentrarme cada día un poco más en el temible Valle de las Sombras. Me asombra encontrarme todavía aquí al final de cada día. Cuando me acuesto por la noche, sonrío y pienso: “He vivido un día más”. Y vuelve a ser asombroso despertarme ocho horas después y ver que ha llegado la mañana del día siguiente y sigo estando aquí. “He sobrevivido otra noche”, y la idea vuelve a hacerme sonreír. Me acuesto sonriendo y me levanto sonriendo. Estoy muy contento de seguir vivo. Es más, cuando sucede, como ha sucedido, semana tras semana y mes tras mes desde que empecé a beneficiarme de la Seguridad Social, produce la ilusión de que nunca se va a acabar, aunque, por supuesto, sé que puede acabar en un instante. Es algo así como jugar todos los días a un juego, un juego de alto riesgo, en el que, por ahora y contra todo pronóstico, voy ganando. Veremos cuánto me dura la suerte.

Ahora que se ha retirado como novelista, ¿alguna vez echa de menos la escritura o piensa en abandonar su retiro?
– No, no lo pienso. La razón es que las condiciones que motivaron que dejase de escribir ficción hace siete años no han cambiado. Como digo en Why Write?, en 2010 tenía “la fuerte sospecha de que había dado lo mejor de mi trabajo, y que cualquier otra cosa sería inferior. Por entonces ya no estaba en posesión de la vitalidad mental, la energía verbal o la forma física para montar y sostener un gran ataque creativo de cualquier duración sobre una estructura compleja tan exigente como una novela. Todo talento tiene sus condiciones; su naturaleza, su finalidad, su fuerza; también su plazo, su ejercicio, su tiempo de vida… No todo el mundo puede ser productivo para siempre”.

Cuando mira atrás, ¿qué recuerda de sus más de cincuenta años de escritor?
– Euforia y lamentos. Frustración y libertad. Inspiración e incertidumbre. Abundancia y vacío. Salir disparado hacia delante y quedarte enredado por el camino. Día tras día, el repertorio de dualidades oscilantes que soporta todo talento, y también una tremenda soledad. Y el silencio. Cincuenta años en una habitación silenciosa como el fondo de un estanque, produciendo a duras penas -cuando todo iba bien- mi ración mínima diaria de escritura aprovechable.

La entrevista completa que reproduce El Cultural acá.