De pronto La Pampa empezó a ser nombrada como nunca antes. La provincia que rara vez es noticia, que se asocia con el ombú aunque no existe ningún árbol de ese tipo en sus tierras, que queda siempre de paso pero no suele ser destino, que llora un amarillo sequía cada vez más intenso desde que no ingresa el río Atuel, ayer fue la protagonista. Ayer La Pampa hizo historia.

Vivo hace 4 años en General San Martín, un pueblito de 3 mil habitantes. Aún mi número de teléfono comienza con 011, sin embargo en mi DNI ya tengo domicilio en este puntito perdido del mapa, al sur de esta provincia, donde nace la Patagonia.

En octubre de 2017 voté por primera vez como pampeana y elegí Diputados Nacionales. Me decidí por Ariel Rauschenberger, que era acompañado en su lista por una mujer: Melina Delú, justicialistas. No sentí ninguna emoción al poner el sobre en la urna, es un poco difícil hacer el ejercicio de dimensionar qué juego juegan los legisladores en la vida de una.

Rauschenberger, Delú. Ahora sé algo nuevo: esos dos apellidos nos pueden cambiar la vida a todas las mujeres del país. Son los dos pampeanos que en la sesión del Congreso pegaron el volantazo, tuvieron ese segundo luminoso en que te das cuenta de que te vas a chocar un camión de frente y reaccionás o alguien te pega el grito para evitar la tragedia. Hay algo de salvación literal. A último momento, casi 20 horas después de haber comenzado la sesión, ambos decidieron votar a favor de la ley de interrupción voluntaria del embarazo y aseguraron así la media sanción del proyecto.

Antes de eso, en las PASO de agosto, mis candidatos habían sido derrotados por Martín Maquieyra, de Cambiemos, que buscaba la reelección y que será recordado por un spot publicitario con la estética del juego de Mario Bros y donde se lo presentaba como “el Diputado más joven de la Nación” que iba saltando hongos y tortugas y rompiendo ladrillitos a los cabezazos tirando abajo “estancamiento” y “corrupción”. Pero en las elecciones de octubre sucedió algo impensable: los peronistas dieron vuelta más de 22 mil votos y ganaron por centésimas, apenas 74 votos de diferencia que le aseguró dos bancas al PJ. La tercera que se renovaba la ocupó Maquieyra.

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Menos cinco grados bajo cero en la ruta, hay hielo en el parabrisas y tengo la calefacción al máximo, el frío no viene de afuera: manejo sola 180 km de Santa Rosa hacia mi pueblo. Voy escuchando la radio y pensando que no va a salir la media sanción, que no vamos a llegar a ser mayoría. Son las 6 de la mañana de este 14 de junio, ningún registro de que está por comenzar el mundial en Rusia.

A veces me enoja vivir en una comunidad chiquita, sí, es cierto que seguimos sin darle dos vueltas de llave a la puerta antes de ir a dormir, pasa que la calma, para mi gusto, está sobrevalorada. Y hay silencios que abruman más que la hora de la siesta. De la legalización del aborto, por ejemplo, no escuché hablar a nadie. Nadie es un pronombre personal que me rompe el corazón. Seré justa: casi nadie.

Qué difícil encausar esta ebullición feminista. Es imposible detener la atracción de la luna con la tierra, la ola crece conmigo y necesita romper en algún lugar, desarmarse, rearmarse, pero no hay costas posibles. Entonces las redes sociales se convierten en mi plaza pública, la asamblea feminista donde levanto la voz por el ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO para que por un rato la marea interior baje.

No me alcanza. El fin de semana pasado sentí algo parecido a la desesperación, un no -estar-haciendo-nada-absolutamente-nada, deseando con una fuerza arrolladora que los diputados aprueben el proyecto de ley y que en octubre mi sobrina nazca en un país más justo para las mujeres.

Una amiga me pasó el dato de la página web activaelcongreso.org que invitaba a dialogar directamente con nuestros legisladores a través de Twitter y señalaba con los colores del semáforo la tendencia de voto de cada uno. Rojo en contra, verde a favor, amarillo sin una posición tomada. En La Pampa tenemos cinco representantes en este cargo: los tres que ingresaron a fines del 2017 se sumaban a los que aún tienen dos años por delante, el radical Daniel Kroneberger y el justicialista Sergio Ziliotto.

Maquieyra, de Cambiemos, ya se había definido y usaba el hashtag #CuidemosLasDosVidas. Resultó que en el mundo de Mario Bros eran más importantes las creencias personales que las políticas públicas. Martín Maquieyra, “el diputado más joven del congreso”, no pudo sintonizar con una demanda liderada especialmente por pibes y pibas del secundario.

Los otros cuatro figuraban como indecisos y les empecé a escribir. Primero diciéndoles, con todo respeto, que no encontraba la posición de cada uno frente al tema, que esperaba que nos representen a las pampeanas. Le pedí especialmente a Melina Delú, como mujer, que nos abrace, apenas un gesto de sororidad. Intenté explicarle a Rauschenberger que esperaba esté a la altura de este momento histórico. Hace dos días le agradecí a Ziliotto su comunicado donde definía el voto a favor, después a Kroneberger.

Supe luego que muchas otras hicieron lo mismo, por Facebook, Twitter, Whatsapp. Mujeres pampeanas organizadas en agrupaciones feministas para defender nuestros derechos hace más de 26 años y otro montón que andamos sueltas, solas, pero no perdidas. Quién sabe si leyeron nuestros cientos de mensajes casi arrojados como botellas al mar.

Rausch (lo abreviamos así por economía del lenguaje en tiempos de crisis) y Delú siguieron sin decir ni mú hasta último momento. En una entrevista que le hicieron a Rausch la semana pasada dijo que tanto él como Delú “tomarían postura en el recinto”, pero el martes un diario local aseguraba que votarían en contra, según fuentes cercanas a los Diputados. Luiggi y la Princesa, pensé indignada.

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El miércoles a la tarde decidí irme a Santa Rosa para poner el cuerpo, desvirtualizar la plaza, volverla materia, que la marea suba de nuevo.

Antes de salir de casa cerré tan fuerte la puerta del placard que casi me quiebro un dedo: ese mismo dolor agudo, que es como un grito que no sale sino que sube por el cuerpo raspándote el esternón, se parecía a la tristeza de confirmar que había votado mal.

En las escalinatas de la Universidad Nacional de La Pampa me encontré con muchas de las mujeres que lideran históricamente las luchas feministas en esta provincia que es pionera en leyes de salud sexual y reproductiva como la de Procreación Responsable sancionada en 1991, otras habían viajado a Buenos Aires, entre ellas Cristina Ércoli, referente pampeana de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. El oleaje venía cargado de tesoros, adolescentes y estudiantes universitarios con efervescencia marítima y esa bravura tan poderosa. En pantalla grande veíamos la sesión de Diputados mientras la Murga Aquelarre bailaba al canto de “nos tienen miedo, porque no tenemos miedo”. Allí, con los guantes puestos y doble par de medias, leí en Diario Textual que circulaba un audio donde se insinuaba que “lo perdían” a Rauschenberger, que estaba dudando y podía llegar a votar a favor. Una esperanza, verde esperanza, flotando en el aire helado, convirtiéndose en estalactita.

Ariel Rauschenberger nació en Bernasconi, otro pueblo chiquito, vecino al mío. Su padre alguna vez fue Intendente de esa localidad, también por el PJ. Cuando terminó la secundaria Ariel se fue a estudiar a Santa Rosa, es Contador Público y desde joven inició su recorrido político. Tiene 52 años y ya pasó por distintos puestos en el gobierno: fue Subsecretario de Hacienda, luego Ministro de Hacienda, en 2011 Ministro de Gabinete, después Diputado Provincial, ahora Nacional. Está casado con quien fue su primera novia, tiene un hijo de 17 años. Cada vez que puede vuelve a sus pagos, incluso se pone la camiseta del Club Unión y juega un partido de fútbol con el grupo de veteranos. En una foto al momento de la sesión se lo ve con el mentón apoyado en la palma de la mano, la mirada fija en un punto incierto.

Melina Delú en su banca, se mordía la uña del dedo gordo de la mano derecha. Es de General Pico, la googleo y me es difícil rastrearla. Debo ser una de las pocas que reniega de esto, porque encuentro una entrevista que le hicieron para el programa Quién es quién donde cuenta que media provincia tiene su teléfono. El año pasado se presentó por primera vez como candidata, aunque la política se servía en la mesa de su casa como plato de entrada para cada comida. Su padres fueron militantes y ambos trabajaron en funciones públicas, incluso su abuelo llegó a ser Secretario General de la CGT. Ella estudió en Buenos Aires y se recibió de Licenciada en Relaciones Internacionales. A los 27 años era Directora General de la Casa de La Pampa. Antes de asumir como Diputada trabajaba en el Instituto Autárquico de la Vivienda como Gerente de Planificación y adjudicación. Ante el desafío de representar al pueblo creía saber de antemano el secreto: escuchar al otro.

Ayer a la mañana el poroteo de los cálculos mostraba un panorama complicado. Eso decían en la radio mientras regresaba a casa y miraba el pañuelo verde anudado a mi muñeca, sosteniendo el volante. Llegué y lo colgué en la ventana. Creí que la media sanción no saldría. Hasta que me entró una captura de pantalla: Ziliotto tuiteaba que Rauschenberger y Delú habían decidido sumarse a su bando y votar a favor. Las redes estallaron. Se dice ahora que al que escucharon fue al gobernador Carlos Verna, que intercedió para que se definan.

De nuevo tuvieron el poder de dar vuelta un resultado. Y lo hicieron.

Por Ángeles Alemani para Revista Anfibia