Nos duele cada una de las mujeres que han sido asesinadas en lo que va del año. Sólo en Chile se registran 25 femicidios consumados y 52 frustrados, según la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres.

El triste 12 de Junio del presente se sumaron a esta siniestra lista dos maipucinas que fueron brutalmente apuñaladas. Ellas, Carolina Donoso Campos de 53 años y su hija Gabriela Alcaíno Donoso de tan sólo 17, son todas nosotras.

Más temprano que tarde la verdad salió a la luz. Fabián Cáceres Aravena, el ex pololo de la joven Gabriela, confesó su autoría y detalló los espeluznantes hechos. La motivación que argumentó para cometer el crimen fue la incapacidad de superar el término de la relación.

Con los hechos clarificados la justicia deberá operar en función de lo que las leyes establecen, toda vez, que nada ni nadie calmará el dolor que hoy siente el padre, los familiares, las amigas y toda la comunidad del Colegio Poeta Rubén Darío.

Protocolos de contención escolar

Estos delitos se pudieron evitar. Si se hubieran tomado las medidas adecuadas el año 2017 cuando algunas estudiantes hicieron públicas las conductas de acoso y violencia de Cáceres Aravena, muy posiblemente, no estaríamos lamentando lo sucedido.

Masticando con amargura los hechos ocurridos en Villa El Abrazo de Maipú, las compañeras de Gabriela explicaban -mientras encendían velas a las afueras del establecimiento- que a pesar de su carácter reservado, notaron cambios anímicos en la estudiante que cursaba su último año de enseñanza media.

A esto agregaron que en 2017 algunas estudiantes -que ya no están en el Colegio Rubén Darío- hicieron públicos actos de violencia y acoso generados por Cáceres -el autor del doble homicidio- sin embargo, estas denuncias fueron desestimadas inmediatamente por las autoridades del Colegio, sin tomar cartas en el asunto.

Ante situaciones como estas, es imprescindible que los establecimientos educacionales públicos y privados desarrollen protocolos de contención escolar.

Estos protocolos deben ser diseñados para garantizar confianza a los educandos, y protección a quienes sean víctimas de abusos, acosos y maltratos dentro o fuera del colegio. Una vez generados, deben activarse ante la más leve sospecha de acoso o violencia en las relaciones de estudiantes.

El sistema educacional chileno está diseñado para que los estudiantes pasen la mayor cantidad de tiempo en los colegios, en consecuencia, sus principales círculos de interacción están allí. Por esta razón, debemos fortalecer las comunidades académicas, tal que, contengan, apoyen y protejan.

Los protocolos de contención escolar deben dar apoyo psicosocial a las partes involucradas, no se debe perder el horizonte de que son ciudadanos y ciudadanas las que se están formando. Los delitos que comete un adolescente expresan las carencias de nuestra sociedad y del sistema que construimos día a día.

Las compañeras de los movimientos feministas hispanoamericanos dan en el clavo cuando señalan que la primera transformación tangible es la educación no sexista, es decir, cimentar las bases de una enseñanza en que las personas se conciben y proyectan como iguales.

Parte central de los protocolos es la red de protección. Esta debe activarse inmediatamente alrededor de quienes sufren acoso. El terreno donde avanzan los agresores es en la soledad de sus víctimas, por lo tanto, en ese espacio hay que hacerlos retroceder y ganarles.

Los profesores ocupan la mayor cantidad de su tiempo vital revisando trabajos y pruebas. Ni siquiera tienen tiempo para planificar sus clases. Esto debe cambiar cuanto antes por una distribución de horas donde puedan ejercer su principal función; formar a los ciudadanos del mañana. Así, podrán encender las alertas de manera oportuna cuando estén en presencia de un acoso y/o maltrato, y trabajar junto a los profesionales de apoyo en la protección y contención de las partes afectadas, como así también, en la reorientación psicosocial de agresores.

Finalmente, se debe partir de la premisa que nadie hace público un hecho íntimo con la intención de exponerse gratuitamente, por tanto, la comunidad escolar debe extender puentes que fomenten la confianza entre el equipo de contención del establecimiento y sus estudiantes. Para ello se pueden desarrollar múltiples estrategias de comunicación, como así también, planes y programas académicos que conduzcan a la desnaturalización del maltrato y el acoso.

Para que nunca más en Chile lamentemos a otra de las nuestra, es fundamental que nos involucremos en las soluciones todos y todas.