¿Qué les provoca la Ola Feminista?
Emilia: Sé que para la gente de mi generación es motivo de alegría pero a mí me tiene más preocupada que alegre, porque es mucho más violenta de lo que debería ser, porque creo que, al menos en Chile, no se están mirando los temas de fondo y se está haciendo foco en el slogan, dejando en segundo plano la discusión teórica, la discusión de fondo, por ejemplo, de lo que realmente significa el rol de la mujer. Me preocupa ver espacios universitarios en los que las mujeres asumen roles que buscan rechazar ciertos principios que me parecen básicos, como son la igualdad y el debido proceso.

¿Cómo se traduce?
E: En que en las votaciones para tomas o paros, solo sean las mujeres que cuentan como votos y no así los hombres, quienes cuentan sólo para el quórum. El feminismo partió, entre otras cosas, como una reivindicación para el voto de la mujer, entonces es inaceptable que hoy se quite valor y peso al voto de un hombre. Ese tipo de temas rechazan principios básicos que el feminismo ha tenido a través de su historia. Otro ejemplo clave es esta idea de que tiene que haber bibliografía 50% de mujeres y 50% de hombres. Como profesora de pensamiento filosófico del derecho podría agregar algunas filósofas del siglo XX ¿pero eso significa que tengo que eliminar a Platón? En uno de los ensayos más grandes del feminismo de Virginia Woolf como lo es A room of one’s own, ella se pregunta por qué hay un Shakespeare y no hay una hermana de Shakespeare que haya escrito las mismas cosas que escribió él. Yo creo que la pregunta que hay que hacerse es ¿por qué durante siglos las mujeres no han escrito?

¿Usted también mira con preocupación la Ola Feminista?
Alfredo: Emilia ha contestado suficientemente bien y yo podría quedarme callado… Pero para participar diré que no me gustan las ideologías y que sospecho de ellas, y que a mí me parece que hablar de feminismo no es lo mismo que hablar de la causa de la mujer. Me parece que el feminismo, como se ha tratado, es una ideología, un slogan que cae en el superficialismo y en el simplismo que implica el mirar todo en blanco y negro, de una forma un poco dialéctica. El problema se agudiza en las universidades, donde el feminismo ha promovido las tomas en las facultades de derecho, por ejemplo, en la de la Universidad de Chile, donde los dos estudiamos e hicimos clases… La Emilia lo hizo hasta que Harasic prescindió de sus servicios. Bueno, uno piensa que la universidad es un espacio para los efectos de pensar, hacer un diagnóstico, y yo no veo ningún desarrollo de orden teórico, conceptual, analítico o histórico sobre el feminismo en Chile. Sí veo un afán por cambiar conductas y ahí ya tenemos problemas, porque yo encuentro que el espacio universitario es más contemplativo que de praxis.
Se ha pretendido paralizar la actividad de pensar y eso es contradictorio con lo que es la universidad. Las tomas son medidas de fuerzas y yo, que soy muy mal pensando, sostengo que esto tiene que ver con la postura de una izquierda derrotada históricamente, que necesita una trinchera, que es lo que la Universidad de Chile le proporciona. En su momento fue la gratuidad, ahora es el feminismo, mañana será otra de estas reivindicaciones… El ingenio humano, en estas materias, es bastante prodigioso.

E: Yo encuentro que el feminismo tiene cosas muy interesantes. A mí tampoco me gustan las ideologías, pero sí me parece muy importante la igualdad entre hombres y mujeres, o sea, el fondo del asunto. El problema es cómo se expresa esta discusión y voy a dar un sólo ejemplo: me tocó estar en una reunión de académicas, en la que dije que, como profesora de filosofía del derecho, estaba leyendo aspectos del feminismo jurídico norteamericano y recibí como respuesta algo así como que “este no es el momento de la teoría; este es el momento de la acción”, “ahora congelemos el acto de pensar y dediquémonos a la acción”. Cuando una académica dice eso, es que hay un problema.

A: Es que es algo muy curioso: se movilizan para paralizar.

¿Qué tiene de positivo este movimiento?
E: Lo más rescatable es la igualdad entre el hombre y la mujer, tema que ha sido ignorado e invisibilizado. No se han tocado temas tan importantes como igualdad de salarios y la discusión se ha focalizado en aspectos como el lenguaje inclusivo… Al discutir si tenemos que hablar de las, los, les estudiantes se pierde la idea central…

A: Ahí yo difiero de la Emilia porque soy muy sospechoso de cualquier igualitarismo, de cualquier especie. Todos los discursos de las diferencias han sido muy importantes para tomar conciencia de las pluralidades, por ejemplo, de las minorías sexuales. Me parece que establecer un igualitarismo supone una regla, un patrón que es artificioso, porque quizá no somos iguales, justamente, porque somos individuales. Entonces, me parece que es muy grave tener que identificarse con un género, en el sentido de que uno es persona, o sea, llamar a la Virginia Woolf mujer, me parece que la descomplejiza. Una de las tantas facetas de Virginia Woolf es saberse discriminada como mujer, pero su figura no se agota en eso. Me parece que son miradas medio sociológicas, o sea, son nichos y las respuestas son, a veces, discriminatorias afirmativas y, por lo tanto, son muy violentas y tienden a crear una homogeneidad o una igualdad donde no la hay. Esa igualdad pretendida es la que crea injusticias y eso se puede corregir en función de la justicia y no, necesariamente, en función de equiparar. Yo sí creo que la igualdad es un valor clave pero la igualdad no tiene que ser una igualdad a rajatabla.

Igualdad, lenguaje y protocolos
¿Cuál es el problema con la igualdad?
A: A veces uno ni siquiera es igual a sí mismo ¿cómo va a ser igual a otro? Por ejemplo, de acuerdo al ejemplo que mencionaba la Emilia anteriormente, yo encuentro que es fascinante, más creativo un travesti que un transexual, porque es más complejo, un cuadro mucho más potente, que la otra dimensión que representa un travesti, que supone elementos lúdicos, supone una diversidad, una pluralidad dentro de la misma persona. Si uno empieza a mirar así el tema de género, cualquiera igualdad que se imponga va a generar un artificio casi matemático que no existe en la realidad y, desde el punto de vista político, sabemos que la igualdad entra en fuerte conflicto por la libertad y ese, que es un argumento muy liberal, me parece que no está debidamente tomado en cuenta.
Volviendo a la igualdad, Emilia, ¿no te parece que es un anhelo que está lejos de los totalitarismos?

E: Pero, en ese caso, las demandas tendrían que ser otras. El feminismo norteamericano ha hecho avances mucho más importantes en vez de reparar en si uno debería tratar a los alumnos de “les estudiantes” o poner “estimada, estimado” en un correo. Ese tipo de reivindicaciones impide que hablemos de cosas mucho más importantes.
A: Eso es típico de abogados que dicen que tiene que haber un protocolo, leyes… Y ahora piensan que vamos a cambiar el lenguaje y así vamos a cambiar la realidad, eso es absurdo.

¿El lenguaje cambia la realidad o no?
E: No, yo creo que la realidad cambia el lenguaje. El lenguaje cambia, sí, pero no a propósito de algo ideológico. Cuando hablamos de Cervantes nunca se dijo que de un día para íbamos a dejar de hablar de fermosura para hablar de hermosura.

A: Es típico de las revoluciones el acto de tratarse de tú, como un igual pero ¿eso evita las diferencias de clase? El “usted” es una variante maravillosa de la lengua romance. Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, se trataban de usted el uno al otro… Estamos hablando de gente bastante avanzada. La pregunta es si la lógica de abogados sirve a una sociedad. Yo no me formé en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, porque yo ingresé a los 24 años y, afortunadamente, ya estaba formado a nivel intelectual. El caso es que no soy abogado porque no quiero ni quise ser abogado, pese a ser licenciado en derecho en dicha facultad. Yo desconfío de los abogados, yo no creo en las leyes.

Cuando uno tiene que llamar a los abogados -e inventan esto de los protocolos y las leyes- es justamente porque no está funcionando el derecho. La pregunta es qué pasa cuando uno llama a los Harasics de este mundo, ¿acaso no se produce una situación peor?
E: Yo tengo una posición distinta en cuanto al rol de los abogados. Yo soy abogada y creo en el derecho más que en la ley, en eso estamos bastante de acuerdo. Yo no soy muy positivista y esto de la exactitud de la ley administrativista no es mi preocupación principal. Ahora, el problema de los protocolos es distinto porque no creo que vayan a solucionar el problema del acoso en las universidades porque es un asunto mayor.

A: Perdón, cuando tú estableces los términos de lo que es punible, los abogados son magníficos para inventar pillerías para salvar esa situación. Esos son mecanismos administrativos y, es muy curioso, que las primeras víctimas fueron el mismísimo administrativista de Carmona y Harasic. Esto es precioso (risas). Cuando los que generan las oleadas son víctimas de su propia dinámica, significa que estamos frente a un orden revolucionario. Lo revolucionario mata a sus propios líderes.

¿No será exagerado concederle eso a Harasic y a Carmona?
A: No, a veces tenemos revolucionarios mediocres y este es el caso.

¿Cree que esta es una revolución mediocre?
A: Sí, esta es una revolución muy mediocre con un discurso mediocre.

E: Yo creo que no es una revolución, es un discurso que está perdido, que está disparando donde no debería disparar y va a perder la oportunidad que tiene. Eso es lo más triste.

Es desmoralizador escucharlos…
A: Es muy potente lo que viene de atrás porque, citando a Bachelet, aquí hay mucho wishful thinking, acá quieren cambiar la realidad cambiando los términos y la realidad se resiste a cambiar, por lo que hay que volverse mucho más inteligente para cambiarla sin los costos que significan estas dialécticas de oposición que pueden generar avances que, a su vez, pueden significar dos pasos adelante y no tres, sino cinco pasos atrás. Los conflictos que ocurrieron en la universidad en los años sesenta fueron una de las principales causas del golpe militar del año, cuando llegaron esos orangutanes a la universidad.

Muchos se preguntan que si no es en la universidad, si no es en lugares emblemáticos ¿dónde?
E: Esa misma gente que está con la idea de que las universidades tienen que ser políticas en Chile, al ser consultada por cuáles son las mejores universidades en el mundo responden Harvard, Oxford o Yale, o sea, universidades en donde sus alumnos efectivamente se dedican a estudiar. Si el propósito de la universidad es el desarrollo del conocimiento, sería ideal que sucediera eso y que recién después de haberse preparado llegaran al Congreso o a cargos públicos. Quiero decir que es en otro lugar donde se pueden librar batallas campales, no en la universidad, que es el lugar en donde se debe formar a los futuros políticos. Siempre se ha dicho que la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile forma políticos y yo soy la primera en aplaudirlos, pero ¿eso significa que se utilice la facultad para fines políticos y para crear carreras políticas? No, no puede ser.

A: Yo creo que sería magnífico que alguien hiciera un reportaje y demostrara de que Andrea Muñoz es la mejor juez de la Corte Suprema y que María Luisa Brahm, es la mejor juez del Tribunal Constitucional. Hoy son dos personas y el día de mañana podrían ser cuatro. Casos como el suyo son avances. Cuando escucho a las voceras de la toma, no son ni la María Luisa Brahm ni la Andrea Muñoz, ese es mi problema.

Entonces ¿todo esto del movimiento feminista ha sido una pérdida de tiempo?
A: Yo creo que sí.

E: Yo creo que, probablemente sí.

La decadencia de la universidad
Alfredo, hace algunos días usted puso a Boric en el ejemplo de malos alumnos ¿cuál era la idea de ese comentario?
A: Lamento que se haya farandulizado porque, en realidad, estaba siendo muy crítico con los periodistas que magnifican a ciertas personas que quizás no valen la pena, en parte porque no están a la altura de lo que uno espera de un muy buen legislador. Nosotros necesitamos un legislador que, por lo menos, termine su carrera en la Facultad de Derecho. Algunos dan el examen de grado y les va mal, y eso es gravísimo. O, para mencionar otro caso, el de un diputado que fue ayudante mío y que ha hecho tres magísteres y aún no se pega el salto que le corresponde, que es hacer un doctorado. Hablo de Renato Garín, que es muchísimo más capaz que Boric y también que Winter, que es un porro. Y por favor, tratemos de entender el punto: se trata de que ninguno de los tres está a la altura de lo que hacen.

E: No sé, quizá con mi papá somos unos románticos que tenemos una idea de la academia que quizá ya esté muerta, ojalá que no, pero, en el fondo, nosotros creemos que en la academia se genera el conocimiento. Y el conocimiento por el amor al conocimiento, no bajo esa lógica de la evaluación, del examen…

A: El mundo universitario está muy decadente, de muy mala calidad y se descompone frente a nosotros; es un edificio que se está cayendo a pedazos y eso nos tiene mucho preocupados. Entonces, la diferencia está en que nosotros ponemos más énfasis en ese ángulo que en el feminismo.

E: Sabemos que hay varios parlamentarios que fueron de la facultad, son muchos. La pregunta es ¿por qué ellos prefirieron apostar por dar la batalla en las universidades y no darlas en el Congreso? O sea, ¿por qué Gabriel Boric hoy día no está llevando el feminismo al Congreso, que es el lugar donde deberíamos estar discutiendo estas cosas?

¿Por qué seguimos utilizando la universidad? Porque es eso, utilizarla y mal utilizarla.
A: Ese es un muy buen argumento, a mí no se me había ocurrido. Buen punto.

Cicciolina v/s estudiantes
¿Cerremos lo del lenguaje inclusivo?
E: El lenguaje inclusivo no se entiende; uno lo lee y no se entiende nada.

A: Es muy grave, una falta de humor terrible. A mí me preocupan muchas otras cosas. Me preocupa, porque me temo que yo miro todo en función de estética. Y puede ser terrible, porque cuando uno no tiene un sentido moral muy fuerte es muy útil tener un sentido estético alternativo… En vez de ver si algo es bueno o malo, yo veo si es feo o bonito y, según eso, me doy cuenta si es positivo o negativo o bueno o malo. Es una manera muy rara de pensar, pero, por ejemplo, uno se hace la pregunta ¿qué pasó cuando la Cicciolina sacó sus pechos al aire? Bueno, ella erotizó su campaña política. Cuando las jóvenes de la Universidad Católica sacaron sus pechos al aire, mi señora, Sofía Correa, vio en esto una cosa como deserotizada, como que estuvieran diciendo “mírenme a mí, yo no soy un objeto erótico”. A mí me pareció muy notable lo que dijo mi señora en esta entrevista que salió en la prensa. Tiene que ver con una especie de agresividad de la mujer frente a los hombres, como diciendo “saco el pecho y tú no puedes gozarlo”. ¿Será que quizá esas muchachas no están a la altura de la Cicciolina, es decir, son feas y la Cicciolina es muy bella y, por lo tanto, cuando saca sus pechos es muy distinto a cuando una mujer fea hace lo mismo? Date cuenta que he puesto un tema totalmente políticamente incorrecto. Si yo digo esto en clases, según el protocolo que se está pidiendo a la universidad, podrían a mí acusarme y ser causal de expulsión de la universidad ¿te das cuenta? Esto me parece grave.

Le pasó al Rafael Gumucio, guardando las proporciones de las afirmaciones…
A: Exactamente, porque sostuvo que era un problema de clase y no un problema de la causa de la mujer y tuvo que desdecirse. Lo que pasa es que abusaron del Rafa, porque como es tan católico tiene muy metidos en su mente los actos de contrición. Si a mí me hubiera ocurrido, yo habría acelerado a fondo y habría dicho que esto es inaceptable y habría dicho que, efectivamente, es un problema de clase y habría profundizado en esa idea.

E: A mí lo que me preocupa es esta idea de la censura, porque al final estos movimientos nos llevan es a la censura. Quizá lo que yo debería decirle a mi papá es “no digas esto porque te pueden echar de la universidad”, pero plantear eso, la sola idea de plantear eso, es negar lo que es la universidad.

A: Me han dicho “cuidado con decir estas cosas porque te pueden echar”, pero como a mí me han echado de cinco universidades, me da lo mismo.

E: Frente al acto de las estudiantes que mostraron sus pechos, encuentro es que hay una especie de incoherencia porque hay todo un movimiento en el que le piden a los profesores que no miren a las alumnas y después, las alumnas se descubren completamente afuera de la universidad.

A: El equivalente sería que yo me bajara los pantalones y mostrara mis testículos, a mí me parece eso bastante violento.

E: Este es un movimiento que está muy violento. Ahora, me gustaría dejar en claro que yo no veo las cosas como mi papá, él estudió historia del arte y tiene otra mirada.

A: Yo creo que eso hace la diferencia…

E: Una diferencia enorme…

A: Sí, y hemos encontrado un punto distinto, el impresionismo, pero yo pienso en términos visuales y la Emilia en términos mucho más conceptuales. A ella le gusta mucho la novela y yo tengo mayor sensibilidad por la poesía, por decirte algo.

E: Yo tengo una formación distinta, me dedico a filosofía del derecho y una de las preguntas claves que me hago es ¿cuál es la diferencia entre el derecho y la moral? Para mí las preguntas son más bien morales que estéticas.

A: La pregunta es si hay derecho o no hay derecho y a mí me da un poquito lo mismo, me interesa si es bonito o es feo. Me ha pasado muchas veces cuando veo a una persona que a primera instancia me parece muy fea y después me olvido que es fea porque es buena. Me acuerdo que una vez una mujer me dijo: ‘Lo bueno de ti Alfredo es que eres terriblemente machista, pero, no eres misógino’. Hay hombres que consideran que todas las mujeres son feas porque son malas y eso sí que es grave. Tener una primera intuición de lo bueno y lo malo, de lo feo o lo bonito, le permite a uno aproximarse y después corregirse. Son criterios perfectamente válidos. A uno le dicen que no puede discriminar, pero a ver, a ver, a ver, hay personas que son muy, muy feas y si la primera reacción que uno tiene es que es fea y con cara de criminal nato, uno puede decir que, claro, uno está discriminando. Por ejemplo, si a las cuatro de la mañana voy caminando por el centro de Santiago y me encuentro con una de estas caras, mi pensamiento puede ser una forma de autodefensa.

E: No, en esto no estoy de acuerdo yo. O sea, la criminología planteó esto en algún momento, cómo era el cráneo qué tipo de crimen podría cometer el individuo. Yo creo que Lombroso está un poquito superado en este aspecto. Yo creo que la pregunta es moral, o sea, la persona es correcta o no es correcta, más que buena o mala.

La ley y el derecho
Emilia, ¿a qué te refieres cuando dices que la pregunta central es si hay o no hay derecho?
A: Eso lo voy a responder por ti. Si no hay derecho hay caos…

E: Eso es lo que yo planteo. Leyendo a Shakespeare, que es contingente, porque es un autor que cae en dos épocas, nos enfrentamos al mismo conflicto que él plantea en el sentido de que se está acabando algo que existía y se está transitando hacia nuevas cosas. ¿Hacia dónde? No tenemos idea. Shakespeare apuesta a que salgamos y nos alejemos del caos y se haga a través del derecho. Ahora, yo hago derecho y literatura y tengo que hacer una apreciación súper importante: el derecho y la ley, para mí no son lo mismo y, quizá por eso, no soy positivista de frentón. Una cosa es el derecho positivo, la ley, los códigos, la norma jurídica …

A: Por ejemplo, lo que hacía la dictadura: muchas normas, pero esas normas no eran derecho. Uno no se siente obligado por esas normas, se siente atemorizado por la fuerza que tenía la dictadura militar que dictaba las normas, pero eso no es derecho.

E: Otra cosa es el derecho, que puede incluir las normas y la leyes, pero también incluye otras cosas, como los principios generales del derecho, los valores. Sólo si uno mira el derecho, puede llegar a la justicia y yo ahí creo que, cuando le gente piensa que se soluciona todo a través de una ley y que así se va a llegar a la justicia, se produce un salto lógico que no corresponde.

¿Cuál es el papel de un intelectual? ¿Tú te sientes intelectual?
E: Yo no sé si hoy día soy intelectual, pero me encantaría serlo. Si uno en la universidad no quiere ser intelectual yo no sé en qué está pensando. Mi papá dice que yo leo mucho y lo cierto es que me encantaría leer tres veces lo que leo, saber diez veces lo poco e ínfimo que sé.

A: Emilia lee en el metro. Yo no puedo hacerlo, porque miro todas las caras de las personas.

E: Yo leo hasta caminando.

¿Qué tipo de intelectual es Carlos Peña?
A: Peña es un hombre muy leído y muy funcional, porque es más bien de orden filosófico y no tiene cultura universal. Creo que no sabe mucho de historia y de arte no tiene ninguna sensibilidad, o por lo menos no la manifiesta. En materia de filosofía y sociología se maneja muy, muy bien. El problema con Peña y con Atria, es que son sofistas, entonces, están llenos de contradicciones y no son muy coherentes. Peña ha estado en distintas posiciones, muchas veces, la última vez en lo del lenguaje “inclusive”, tema a partir del cual ha dicho cosas que son completamente confusas. En realidad, él es intelectual cuando está hablando en el diario, pero por otro lado es un rector que tuvo que admitir el ochenta y tanto por ciento del petitorio feminista y, por lo tanto, hasta ahí no más llegó el intelectual.

E: Quizá se está confundiendo mucho el rol entre el intelectual y el político. Los intelectuales no deberían jugar a ser políticos. El rol del intelectual es tan importante como el del político, pero no se pueden confundir. Estoy aquí yéndome hacia la clásica distinción de Max Weber entre un político y un científico. Si nosotros insistimos en tener estos grandes profesores y grandes lectores que lo único que queremos es que se dediquen a pensar en calidad de candidatos a diputados se pierden, entre otras cosas porque…

A: O para formar alumnos que terminan siendo diputados…

E: Creo que es más loable que se dediquen a formar a alumnos que quieran ser diputados a que ellos sean diputados…

A: Me hubiera sentido más orgulloso si la Pamela Jiles hubiera sido mi alumna porque ella es bastante más culta que esos otros tres.

Emilia, en el marco político ¿dónde te ubicas tú?

E: Es una pregunta difícil, porque a mí no me gusta mucho la política, me gustaba mucho más cuando estaba en el colegio y entré a una facultad totalmente politizada. En el primer año lo encontré genial y en el segundo año, con la toma del 2009, dije “es una basura, es una basura la política”. Entonces, la política a mí no me gusta, ahora, si tuviera que identificarme con algo, yo diría que soy una persona más bien de centro.

A: (Risas)

E: Claro, porque a mí no me gustan los extremos.

¿Eres DC?
E: No, no ¿por qué en Chile el único centro político es la DC?

A: ¡Todos los de centro son DC y, por lo tanto, no hay que ser DC, por ningún motivo! El centro que nos llevó a la polarización de este país, es el centro, y lo dice Arturo Valenzuela, que tiene un libro escrito sobre la Democracia Cristiana y sostiene que no cumple su función de centro, entonces, el centro se dinamita, es centrífugo…

E: Yo, al contrario, le tengo miedo a los extremos y por eso opto por el centro porque yo creo que el centro es el lugar donde podríamos conversar. No veo hoy día que los extremos políticos estén conversando.

¿Y en el centro quiénes conversan?
A: Con la DC, es decir, con Giorgio Jackson. Yo con ese me he topado en el Tavelli, lugar donde no me gusta ir, pero me convidan, y lo he visto con la Soledad Alvear. Giorgio Jackson y Soledad juntos… dos veces… Eso es muy sospechoso. Piensa también que las oficinas del Carmengate, seguramente manejadas por Gutenberg Martínez, pasaron a Revolución Democrática. Está clarísimo: Giorgio Jackson, además de los Jesuitas, que están detrás de la Alberto Hurtado, están con Gutenberg Martínez y Soledad Alvear…

¿Y esto lo sacó solito?
A: Yo lo deduzco de estas casuísticas.

Yo a Jackson no me lo imaginaba en el centro…
A: No, no … yo he hecho el estudio sistemático y guardo todas las declaraciones. Además, ahí el que realmente piensa es Crispi… Claro, desaparece la DC, pero no desaparece la función que cumplía la DC, ese es el punto uno. Dos: la gente que era DC no desaparece del todo, se tiene que reubicar, entonces, ahí creo que hay que empezar a mirar… cuando uno sale de la Católica en vez de la Chile y es de izquierda, es muy probable que eso sea coincidente con lo que ocurría en la Católica de los años sesenta, donde el cercano de una Democracia Cristiana que se mueve al Mapu… ¿Y si además te los topas en el Tavelli? Más claro echarle agua…

E: Yo no creo que el Frente Amplio sea de centro. Conozco a todos a muchos de ellos, porque me tocó estudiar con varios y mi sensación es que son los hijos de la Concertación.

La Casa de Yarur y Shakespeare
Alfredo, ¿Por qué decidió escribir el libro “La casa museo”?
A: Primero, porque yo soy arquitecto frustrado, hijo además de uno. Y no quise competir con mi padre y, por lo tanto, no estudié arquitectura y estudié algo paralelo que es historia del arte. Tengo esa formación y a mí las cosas me entran por los ojos, pienso en términos estéticos y me parecía que esta casa era muy notable porque me permitía entender muchas cosas, porque es una casa que se mantiene estática en distintas épocas… el estudio de la casa Yarur me hizo pasar por el arte actual y la post guerra… Esta casa, que ha sobrevivido más de 50 años, hoy jamás sería construida por ningún empresario. Se trata de una casa que estaba adelantada de su tiempo, al desarrollo del país y eso me impacta porque da cuenta de que la ideó un hombre muy inteligente. Encontrar a un empresario muy inteligente y con una capacidad para invertir en un lujo que él no considera un lujo, a mí me parece asombroso. Encontrar a un empresario tan brillante como Jorge Yarur y su hijo me impresiona muchísimo.

Emilia ¿Leíste el libro?
E: Lo que pasa es que mi papá trabaja de una forma muy divertida y es que nos va leyendo extractos. Entonces, de muchas maneras, ya he leído ese libro. Yo vivo los libros de mi papá, desde muy chica, porque los libros de mi papá se viven en esta casa. Mi papá se obsesiona un poco con sus libros, entonces, la conversación familiar gira un poco en torno a lo que escribe…

Emilia, cuéntanos sobre tu libro. ¿Por qué Shakespeare?
E: A mi papá lo invitaron a hacer un curso en la Universidad de Chicago y vivimos tres meses allá. Pensé que sería bueno este tiempo para avanzar en mi tesis y tenía esta idea de hacer algo entre el derecho y la literatura. Shakespeare siempre me ha parecido un subversivo y estando allá me empecé a cuestionar esta idea. Partí pensando en que nadie que crease la primera compañía del rey puede ser subversivo. Y dije, “bueno, está derecho, literatura y está Shakespeare” y partí a Chicago descubrí que allá una bibliografía era inacabable. Y me acordé de lo que mi papá les dice a sus alumnos: “¿quieres hacer una tesis, una memoria o un libro?”. Ahí partió todo. El libro se acotó al estudio de las tragedias de Shakespeare, porque es justamente en ellas cuando se quiebra el sistema jurídico y desaparece el derecho. Esa es la tragedia, realmente. Y lo que se busca es una salida permanente y la salida permanente tiene que ser a través de la restauración del derecho.

Millennials v/s Baby Boomers

¿Qué temas los confrontan?
A: Yo creo que lo generacional… Hay una especie de confrontación producto del sólo hecho de no ser millennial, que en mi caso, son detestables en general como tipología.

E: Yo no me siento millennial, pero calza con las edades. Pasa que cuando mi papá me identifica como millennial yo tiendo a identificarlo como baby boomer y, como mi papá tampoco se identifica como tal, nos ponemos cada uno en su papel y empezamos…

A: Claro, es coetáneo, una mezcla de Michel Bachelet, Ennio Vivaldi y Nicolás Eizaguirre y ¿quién quiere estar en ese lote? Por la misma razón que ella no quiere estar en el mismo lote de los millennial.

Emilia, ¿tuviste Nintendo?
E: Yo nunca jugué Nintendo, no jugué Mario. La primera vez que jugué Mario fue en la universidad…

A: Una vez fuimos a Buenos Aires, Sofía, mi señora, tenía un seminario que hacer y nosotros íbamos a las librerías juntos y pasábamos todo el día ahí.

¿Conocen Fantasilandia?
E: Mi mamá me llevaba, pero no sé si a Fantasilandia…

A: Yo no fui ni al bautizo ni a la primera comunión de la Emilia… Yo soy muy poco beato. Soy creyente y todo el asunto, no soy cristiano ni católico, pero me cargan las beaterías

Emilia ¿Eres católica, vas a misa?
E: Sí, soy católica y voy a misa.

A: Y yo puse el cura para su matrimonio, que no es cualquier cura, es un gran teólogo. A mí y mi señora nos casó un un decano de teología y procuré que Emilia tuviera un gran cura como nosotros lo tuvimos.