Hace pocas horas dejó de llover en Rahue, localidad donde vive la machi Francisca Linconao. No bien se cruza una cerca de palos aferrados a un alambre, se asoman unos perros que juegan sobre la tierra húmeda. También las ovejas recién paridas que berrean bajo un sol engañador. Un par de “melliceras” llaman la atención del sacerdote Fernando Díaz, quien nos acompaña al encuentro con la autoridad espiritual.

Juanita, la hermana mayor de Francisca, abre la puerta de su casa. Viste jeans, camisa, un chaleco y gorro de lana. De la Machi ni la sombra. Al parecer está descansando.

Ya adentro, el silencio habla fuerte, muy, hasta que entra Paula, una niña encantadora que llena todos los espacios. Paula vive acá con su mamá, también llamada Francisca, a quien la Machi Linconao y Juanita han criado como una hija desde que tenía dos meses de vida, cuando su madre falleció.

Las cuatro mujeres viven juntas y solas desde antes que se desencadenara el caso Luchsinger Mackay, el mismo que ha marcado los últimos años de la machi, de su familia, de su comunidad y del denominado “conflicto” entre el pueblo mapuche y latifundistas.

A Francisca Linconao se le acusó de reunir a 30 personas en su casa para planear el ataque a la granja Lumahue -donde vivían Werner y Vivianne- horas antes del asalto, el 4 de enero de 2013. Fue encarcelada, estuvo en huelga de hambre y a punto de morir, según declara en esta entrevista. Todo esto antes de ser absuelta del crimen no una, sino dos veces.

Ella cree que todo comenzó cuando se enfrentó a la familia Taladriz por el cerro Rahue y ganó. En rigor, ella ha ganado todos los juicios en los que ha comparecido, ya sea como querellante o imputada.

Tras unos minutos de espera se asoma y saluda solemne. Luego, la machi se sienta y con ella lo hacemos todos. No acepta cámaras en su casa. Ni fotos ni videos. “20 minutos, no más”, anuncia de entrada.

Francisca Linconao clava sus ojos en los nuestros y comienza a hablar con su voz penetrante, mezcla de rabia e impotencia. Pero también de decisión. La machi habla fuerte y cuando lo hace no se le pregunta, se la escucha.
A continuación, una conversación en la que revela detalles inéditos de su vida y que presentaremos de forma completa, literal, con sus palabras textuales, sin edición alguna.

¿Cómo está después de todo lo que ha pasado?

-De salud no estoy bien, estoy con tratamiento médico. De hace mucho tiempo que estoy enferma; ya llevo 16 años con un doctor. Estoy tomando pastillas para la presión y para un problema gastrointestinal que no sé qué es, porque los médicos no dicen nada hasta que uno está en las últimas. Tampoco se me quita el dolor de cabeza ni de la vista. Ya veo muy poco y uso lentes para leer.

Cansancio…

-Cansancio de todo lo que pasó ahí, dentro de la cárcel, porque fue mucho el sufrimiento. Fueron diez meses encarcelado. Y después de eso estuve en el Hospital Intercultural, allá en Imperial, hospitalizado tres veces. Después estuve 14 días con huelga de hambre y como estaba con medicamentos casi me muero. Menos mal los abogados pidieron una audiencia para que me sacaran de ahí y pude estar en mi casa. Igual fue como estar detenida porque no podía salir.

Yo no tengo estudios, llegué a cuarto básico y no sé explicarle muy bien. Esto fue por el allanamiento del 4 de enero del año 2013, por el caso Luchsinger Mackay, que fue muerto esas dos personas porque incendiaron su casa, pero yo no sé quién fue. Como a las cuatro y medio de la tarde llegaron aquí los policías, como 30 carabineros. Yo tengo esta casa y otra de frente de mi rehue, que tiene cocina, living y baño. Y aquí, donde estoy ahora, que es una casa de machi que saqué hace recién dos años, que me entregó el Serviu cuando estaba la presidenta Bachelet, estaba la ruca, que es un piso de tierra donde hacemos fuego para hervir mis remedios, porque soy autoridad tradicional de mi pueblo mapuche. A los 16 años planté mi rehue y voy a cumplir 62 el 18 de septiembre. En la otra casa los carabineros sólo encontraron una cuchilla y un cuaderno azul que estaba encima de la tele; y en la ruca una caja vacía que no tenía nada. Después dijeron que encontraron un arma hechiza dentro de la caja, pero no tenía nada. Allí es donde pusieron montaje los carabineros.

Yo nunca quería ser machi. Cuando yo tenía 12 años ya… 12, 14, 13 años ya me vistieron con chamal y lloré mucho porque yo no quería ser machi. Yo quería seguir estudiando, tenía muy buena memoria.

Aquí no hay hombres, somos dos hermanas con Juana y una sobrina que yo crié, que se llama Francisca del Carmen Linconao. La crié de dos meses, cuando murió su mamá y cuando estaba estudiando quedó embarazada y tuvo una guagüita que es la Paula, que para ese allanamiento del 2013 tenía tres años. Ella ha visto todos los allanamientos, sabe todo lo que pasó, que registraron todo, que vulneraron nuestros derechos y no pidieron autorización ni permiso. Cuando llegaron los carabineros les pregunté por la orden, para entregarles la casa y para que registraran todo lo que quisieran, porque yo no tenía nada que esconder. Después de haber revisado las dos casas y un galpón viejo que tenía, el carabinero que se llama Pedro Larrondo, que era el jefe de todos los carabineros, nunca nos habló. Cuando vi que los carabineros estaban entrando a mi casa yo estaba tomando mate con mi hermana. Los vi como a 50 metros, de la ventana estaba mirando. Le dije a mi hermana que saliera ella, porque cuando yo tomo mate me da espasmos si salgo.

¿Por el frío?

-De niña era delicada y sufrí de un espasmo, casi me muero. De ahí le tengo mucho miedo al viento al salir.

¿Cómo se manifiesta ese espasmo?

-Me salen granitos en la garganta y se me hincha. Me da como amigdalitis. Pero yo no sabía, eran muy chica, apenas me acuerdo de eso.

¿Y aparte de eso era sana?

-Sí, sana. Como ya iba a ser machi, a los 7 años me enfermé.

¿De qué se enfermó?

-De un dolor de cabeza que no podía comer. Tomaba pura agua.

O sea, se enfermó como a la edad de la Paula, muy chica.

-Un poco menos, porque ella tiene ocho. Iba al colegio y no comía, pasaba con agua nada más.

¿Y qué le decían sus papás?

-Yo no conozco a mi papá, falleció cuando yo tenía como seis meses. Solamente conocí a mi mamá.

¿Ustedes son sólo dos mujeres?

-No, somos varios, pero los que vivimos aquí somos dos, más la sobrina que crié y su guagüita.

Claro, pero estaba pensando… Usted, Juana, ¿qué edad tenía cuando murió su papá?

(Juana)-12 años.

Jovencita…

(Machi) –Sí, éramos como nueve hermanos. La mitad está en Argentina y también fallecieron. Ahora quedan tres hermanos.

¿Y cuando usted se enfermó, qué le decía su mamá?

-No sabía lo que me pasaba, me tuvo que llevar a hospitales porque estaba mal. Los médicos tampoco sabían qué es lo que era. Me llevaban y me traían para todos lados. Después tuvieron que buscar a una machi y ahí recién se supo que yo tenía espíritu de machi.

¿La machi lo descubrió?

-Sí.

¿La vio y le dijo? ¿O le preguntó qué tenía?

-No, la machi no pregunta. Ve por la orina o sino con un machitún. Ahí se ve lo que tiene uno. Los médicos, los doctores, preguntan qué siente, dónde le duele. Nosotros no vemos las cosas así. Como machi nosotros vemos por la orina, por la ropa, o hacemos un trabajo de machitún y ahí sabemos qué tiene la persona. Nosotros no preguntamos.

¿En su caso, cómo se dieron cuenta?

-Con un machitún, un trabajo que vino a hacer la machi. Pero tampoco me levanté con una pura machi, porque tuve que ver como diez machis.

¿Por qué?

-Porque uno tiene que tener el mismo espíritu de una machi para poder levantarse como machi. Si no contacta el espíritu, podemos estar con 20 o 30 machis y no se va a levantar y sigue enferma y sigue enferma y nadie sabe qué es lo que tiene.

Y cuando se encontró su espíritu, la machi la levantó.

-Sí.

¿Qué pasa cuando usted sabe que es machi?

-Ese un proceso largo. Así como los doctores hacen la práctica para medicina, a un doctor mayor, así se hace la práctica cuando uno va a ser machi. Tiene que entregarse a una machi para que le enseñe los remedios y todo lo que tiene que hacer. Pero uno también tiene… eh… peuma… sueño, qué es lo que va a ser, qué es lo que va a pasar, de qué sueña, entonces va sacando todas esas ideas.

Estudia con la machi y sus sueños le van indicando.

-Mmm.

Y usted era muy chiquitita, ¿cómo se lo tomó?

-Yo nunca quería ser machi. Cuando yo tenía 12 años ya… 12, 14, 13 años ya me vistieron con chamal y lloré mucho porque yo no quería ser machi. Yo quería seguir estudiando, tenía muy buena memoria.

¿Qué le hubiese gustado estudiar?

-Quería ser algo, eso no lo voy a decir.

¿Qué materia le gustaba en el colegio?

-La matemática, la historia.

¿Le gustaba la historia?

-Sí. A mí poco me enseñaban, porque con un repaso que me hacían ya me entraba en la cabeza. Al contrario, a los niños grandes yo les enseñaba, pero yo era una niñita así.

Y cuando le pusieron su traje…

-¡Ya, eso vamos a decir de eso! ¡La pregunta no me gusta tanto porque nosotros estamos hablando del caso Luchsinger Mackay!

EL DON DE DIOS

Bueno…

-Año 2013, el 4 de enero, fue el allanamiento. Allanaron aquí, hicieron todo lo que quisieron. No había nada, no había arma, y después salen diciendo que yo tenía una arma hechiza y me llevaron a tribunales, me llevaron en Padre las Casas, a la comisaría. Y allá me despojaron, me sacaron mi vestimenta, me sacaron mi paño, mis trenzas del pelo. Me dejaron casi en pelota, en puro camisón. Y después me llevan al consultorio para ver… Lo que pidió la fundación, porque tenía un abogado yo, y de ahí pidió que vayan a verme acaso qué me pasó con los carabineros, si había una cosa que podía estar mal o herido. Toda esa cosa.

Entonces la prensa iba enfocado en mí, así como estaba parecía un delincuente, con mi pelo suelto, con todo eso. Eso es lo más doloroso para mí, porque me sacaron toda mi vestimenta, con un camisón y sacándome fotos…

Constatación de lesiones.

-Sí, eso. Entonces la prensa iba enfocado en mí, así como estaba parecía un delincuente, con mi pelo suelto, con todo eso. Eso es lo más doloroso para mí, porque me sacaron toda mi vestimenta, con un camisón y sacándome fotos, y esa foto después la transmitieron internacional, en Argentina, en todas partes llegó esa foto. Después yo fui a Argentina y me mostraron todo lo que pasó.

¿Por qué despojarla de su atuendo es tan grave? ¿Por qué no puede mostrar su pelo suelto?

-Por eso es que me siento tan mal, tengo rabia, tengo coraje. Las autoridades no hicieron nada. Después a los ocho meses terminó este juicio y fui absuelta de todo lo que me estaban culpando, hasta de la supuesta arma hechiza. Citaron de testigos a los carabineros y no sabían qué decir, más lo que se miraban con el fiscal. Yo no entendía nada porque no había estado en tribunales ni en juicios, no tenía ningún problema. Mis hermanos tampoco nunca fueron detenidos, somos de una familia libre. Pero por lo que pasó con Luchsinger Mackay me detuvieron, me despojaron como cualquier cosa, pero yo soy una machi de edad y soy una mujer bien reconocida en todas partes. Tengo mi personalidad y mi mente limpia y me involucran en esa muerte.

¿Cuál es su preocupación hoy día?

-Demandar al Estado, eso es lo que tengo ahora en mi mente. Me pueden ofrecer mucha plata pero nunca me van a sacar lo que siento en mi corazón y en mi mente.

¿Eso no se va a sanar nunca?

-No, nunca se va a sanar. Siempre me va a quedar en el recuerdo cuando estuve encerrado entre cuatro rejas en la cárcel, sin ser culpable. Yo soy una persona inocente que no tiene nada que ver con la muerte de los Luchsinger Mackay y estuve encerrado diez meses, más con huelga de hambre que casi me muero.

¿Por qué cree que la gente la reconoce?

-Porque soy machi, soy buena machi. He mejorado a muchas personas. La gente que se enferma va al hospital, al siquiátrico, están mal y los médicos no la hacen mejorar. Pero yo sí, por eso la gente me quiere y me recuerda.

¿Qué pacientes o enfermedades usted ha podido sanar?

(Juana)- Mejor hablen directamente del juicio, no del rol que tiene ella, porque además ella no puede decir todo lo que hizo de joven ni cuestiones. Estamos hablando del Luchsinger Mackay. También sufrió porque iba a ser machi pero que no esté recordándolo. Pregúntele cómo la trataron en la cárcel, todo eso.

Sí Juanita, lo que pasa es que mucha gente no sabe la importancia de ser machi, su rol, porqué tiene un papel fundamental…

(Machi) –Por eso le digo yo. Todos los que somos machi somos una autoridad tradicional del pueblo mapuche, de las comunidades.

(Juana) –Autoridad elegida de allá arriba.

(Machi) -El don de Dios. Por eso le estoy hablando de espíritu, porque viene de allá arriba, nosotros no escogimos ser machi. A las machis hay que respetarlos. Ustedes son huinca y los huinca no saben qué importancia tienen las machis y quieren tomarlo como cualquier delincuente. Nosotros necesitamos respeto.

¿Cómo sana una machi?

-Nosotros no sanamos con pastillas ni con inyecciones, sanamos espiritualmente. Con remedios naturales.

(Juana) –Y la machi tampoco va a internar a un paciente un año o dos, no, un par días y con eso basta, porque ella misma va haciendo su sanación.

(Machi) -Así es.

LA GENTE LLORA POR MÍ

Usted siempre defendió su inocencia y meses después la justicia lo corroboró. ¿Por qué cree que se le involucró en el caso Luchsinger Mackay?

-Me involucran, yo creo, porque yo demandé por un cerro al propietario Alejandro Taladriz, porque estaba cortando todo lo nativo y todos los árboles medicinales, todas las hierbas medicinales, el Menoko, el agua de la naturaleza. Nosotros vivimos de los remedios medicinales, soy machi y de ahí saco mis remedios. Él quería plantar puro pino y eucalipto y sacar todos los remedios de ahí. Por eso yo lo demandé a Alejandro Taladriz, y apliqué el convenio 169 en la Corte de Apelaciones primero y después en la Corte Suprema. Fue ganado ese juicio y sacamos recurso de protección, con el abogado de la Fundación Instituto Indígena, que me apoyaron. Por eso se enojaron mucho los latifundistas, no uno, yo veo que todos. Claro, no todos lo dicen, pero del corazón están muy enojados, porque fue el primer caso que ganó una machi.

¿De dónde sacó fuerzas en la cárcel?

-Con el espíritu que me manda Dios nomás, si allá yo ya no comía, me estaban colocando día por medio suero. En eso estaba.

¿Qué la convoca hoy?

-Bueno, hay que seguir luchando por la vida y por los derechos. Y la tierra por la que demandé a Alejandro Taladriz me tiene que ayudar a comprármela la Conadi y el Estado. Eso es lo que yo quiero; recuperar el cerro y los remedios medicinales. Pero yo lo hago jurídicamente, con documentos. Yo no voy a andar haciendo cosas, no voy a andar nada cortando alambre.

¿Después de ser absuelta no se siente más tranquila?

-No, no, no. Nada. Y eso que después, el 30 de marzo, nuevamente a las tres de la mañana llegó la PDI y me sacaron de la cama para llevarme de nuevo donde fui encarcelada. Yo pensé que estaba sola, que era la única, pero después cuando llegué vi que había 10 hombres más. Los Catrilaf, los Tralcal y el Peralino. Después, como a las seis o siete de la mañana empezaron a salir, porque llegaron los abogados defensores. Les hicieron una fila como colegial y ahí miré que no conocía a los Tralcal ni a los Catrilaf. Solamente a José Tralcal lo conocía, porque fue mi paciente anterior, de muchos años atrás, cuando lo mejoré con mis remedios. También lo conocía a Peralino de niño, de chiquitito.

¿Ha podido descansar algo?

-No, porque tengo muchas visitas. Vienen de otros países, me llaman. También estoy cansada de las entrevistas. Esta es la única entrevista que voy a dar, no voy a dar más, ya lo sabe todo el mundo. En Colombia, en Ecuador, en Brasil se supo lo que me pasó a mí.

¿Qué le dicen de afuera?

-Afuera están apoyando por la demanda que vamos a hacer.

¿Se ha sentido apoyada aquí en Chile?

-¿En Chile? Casi nada, muy poco. Sólo de mi gente, del pueblo mapuche. Pero internacionalmente más.

¿Y de los huinca?

-Algo. La mitad sí y la otra mitad lo mira a uno como que fuera culpable.

¿Se siente un emblema?

-Sí, por eso mismo mi gente de todas partes, del norte, sur este y oeste, me apoya y está ahí. Haciendo marchas por la calle hasta que me sacaron. La gente llora por mí, yo lo veo en Temuco. En la calle me hablan.

¿Cómo reacciona cuando la ven?

-Bien. Dicen que están contentos porque estoy afuera, me dicen “siga luchando machi, gracias por luchar”.

¿Sigue trabajando o ejerciendo como machi?

-Todavía no, porque no estoy bien de mi salud. Claro, desde que salí desde la cárcel y estoy en mi casa, no he atendido a nadie. Me llaman por teléfono y les digo que no estoy atendiendo porque no estoy bien de mi salud. Tengo que tener un poco más de fuerza y mi espíritu tiene que estar mejor para poder apoyarlos.

¿Le gustaría volver a sanar?

-Claro que sí po’, además tengo que hacerlo. Ese es mi trabajo.

NINGUNA SALIDA

Hace pocos días hubo una cumbre en La Araucanía encabezada por el ministro Moreno y el gobierno está haciendo un plan. ¿Tiene alguna esperanza?

-¿Qué va a cambiar? Son puros mentirosos. Mienten y mienten, así como mienten los carabineros que ponen montajes, igual que la PDI. Arman la mentira así como lo hicieron con Peralino y el caso Huracán, donde implantó pruebas Carabineros. ¿Entonces qué vamos a esperar del gobierno? Nada.

¿Ninguna señal?

-Yo no he hablado con el ministro Moreno, tendría que hablar con alguna persona para decirle que sí, que algo ha cambiado.

¿Qué tiene que pasar para que viva en paz?

-No sé, solo Dios no más sabe y yo no soy Dios para decirle. Ahora que entró otro gobierno yo no sé lo que va a pasar. Más adelante, no sé. Yo creo que estamos mal.

¿No le ve ninguna salida?

-No, no le veo ninguna salida.

Ahora que se declaró admisible el recurso de nulidad del fallo Luchsinger Mackay…

-Tiene que ser así porque la mentira no puede valer más que la verdad. Mintieron hasta los jueces. Por eso quieren condenar a tres personas que son inocentes. Parece un juego político esto.

Los condenados, además, fueron absueltos en el primer juicio del caso, al igual que el resto de los once imputados.

-Sí, porque el (juez José Ignacio) Rau es una persona bien derecha para sus cosas, porque él sabe que si no hay pruebas suficientes no se puede condenar. La Fiscalía no tiene pruebas y no tiene nada, solamente mienten los fiscales (Alberto) Chiffelle y los otros de la PDI que armaron la mentira con él.

Los comisarios Guillermo Vilches y Claudio Leiro, investigados por apremios ilegítimos.

-Sí. Ellos tienen que ir a la cárcel. No porque sea la PDI, que pone montajes, van a quedar por ahí muy tranquilos. Es muy grave lo que hicieron con Peralino, porque ellos le pusieron palabras en su boca y lo extorsionaron y obligaron a firmar un documento diciendo que fue testigo, todo esto sin tener un abogado al lado. El Peralino no sabe hablar mucho. Puede hablar, pero no sabe adónde va, cambia la conversación. Ese chico no es normal, de chico que no. Entonces lo agarraron y le dijeron que si no firmaba le iban a matar a sus hermanos, a su papá, a su polola. Hasta le dijeron que a mí me iban a hacer algo.

…Yo no estoy para eso, para estar haciendo reunión, o para ir a incendiar una casa, yo no nací para eso…

En su caso, además de haber participado en el incendio, se le imputó por haber reunido a 30 personas en su casa durante la noche anterior al ataque.

-Eso es lo que montó, el montaje de la PDI. El Claudio, el Leiro más Chiffelle. Jamás hubo una reunión en mi casa. Ellos dicen que el 3 de enero del año 2013 tuve una reunión con 30 personas, que yo llamé a todas las personas. Eso no es verdad, son mentiras, montaje de los carabineros. Yo no llamé a nadie, yo no tenía reunión en mi casa, porque el 30 de diciembre tuve el Ñeicurrehuén, el renovación del rehue, y yo estaba cansado; en tres días me allanan. Cómo voy a estar haciendo reunión, yo no estoy para eso, para estar haciendo reunión, o para ir a incendiar una casa, yo no nací para eso. Yo no estoy metido en eso, son puros montajes de los Carabineros.

NOS LLEVÁBAMOS BIEN CON LOS LUCHSINGER

Su hermana trabajó con la familia Luchsinger Mackay…

-Sí, ya se sabe todo eso.

(Los Luchsinger) me conocen, y eso que conocen a mi hermana, que estuvo trabajando como 13 años con ellos, le crió los cabros chicos. Ellos venían aquí. Cuando yo planté mi rehue a los 16 años estaba don Werner Luchsinger con su hijo, con su señora, con todo.

¿Ha tenido la posibilidad de hablar con la familia Luchsinger?

-No. No quiero hablar. No tengo por qué estar hablando con ellos lo que me pasó. Ellos si fueran otra persona dirían, sacarían alguna declaración: “la machi no puede hacer eso porque nosotros la conocimos”. Esas dos palabras que lo podrían decir lo agradecería, pero no lo hicieron, y eso que me conocen, y eso que conocen a mi hermana, que estuvo trabajando como 13 años con ellos, le crió los cabros chicos. Ellos venían aquí. Cuando yo planté mi rehue a los 16 años estaba don Werner Luchsinger con su hijo, con su señora, con todo. Cuántas veces no vinieron, el mismo Jorge Andrés, el hijo de don Werner Luchsinger, dijo “cuántas oportunidades fuimos a la casa de la machi Francisca”. Así declaró.

Si cuando vimos por la tele lo que pasó nosotros lo sentimos mucho, porque lo conocíamos y no teníamos ningún conflicto, ninguna cosa. Nos llevábamos bien con toda su familia, hasta con los primos del finao (…) Por eso es tan doloroso, no era gente que conociéramos así nomás.

(Juana) –De repente aparecía Jorge Andrés, cuando era muy chico, y decía que su mamá la había mandado a buscar un huevo donde nosotros, y se lo dábamos. Los queríamos igual, porque con nosotros eran buena gente.

(Machi) –Si cuando vimos por la tele lo que pasó nosotros lo sentimos mucho, porque lo conocíamos y no teníamos ningún conflicto, ninguna cosa. Nos llevábamos bien con toda su familia, hasta con los primos del finao.

(Juana) –Todos mis hermanos se criaron con los Luchsinger, todos.

(Machi) –Mi hermana estaba trabajando con Rodolfo Luchsinger ese tiempo, el año 2013. Y después siguió trabajando y hace poco se retiró, porque el caballero se fue a Temuco.

(Juana) –Si ese día yo me iba a levantar para ir a trabajar cuando me llamó la señora y me dijo que viera las noticias. Me preguntó dónde iba y como eran antes de las siete, no alcancé a salir de mi casa. “No venga porque incendiaron la casa de Werner y vamos a ir para allá. Y vea la tele”, me dijo.

(Machi) –Por eso es tan doloroso, no era gente que conociéramos así nomás.

(Juana) –Para nosotros, ellos siempre fueron los vecinos.

(Machi) –Y de don Werner no tenemos ningún interés. La pregunta que nadie me puede responder es por qué nos involucran.

EL REHUE

¿Celestino también es inocente?

-Eso no se sabe, porque no está comprobado. No hay pruebas, sólo indicios. La verdad no lo conozco, nunca he tenido una conversación con él, pero con lo que está pasando ahora, sospecho. Durante el primer juicio, estuve dos meses y diez días sentada en el tribunal escuchando lo que decía Fiscalía. Pusieron tres testigos para culpar a Celestino y ellos dijeron que no estaba en la casa cuando se incendió, que estaba en el camino público Tres Cerros, que estaba borracho, herido de bala, lo levantaron, no llevaba pólvora en la mano, no llevaba arma blanca, solamente llevaba un pañuelo que se pone como machi, tampoco llevaba gorro pasamontaña, tampoco guantes, llamaron a la ambulancia, lo llevaron al hospital y después a la cárcel. Pero no hubo investigación.

¿Cómo evalúa el permiso que le dieron para ir a su rehue? ¿Lo toma como un gesto de buena voluntad?

-Harto poco, porque no debiera llegar a eso. La machi no alcanza ni a empezar su renovación de rehue con 14 horas, que es lo que le dieron. Ni siquiera alcanza a empezar. Son dos días que tienen que darle, que es lo que estaba pidiendo, porque eso demora. Pero para buscar los remedios y hacer todo, no basta ese tiempo.

¿Cuánto demora la ceremonia?

-Casi un mes entre buscar los remedios y todo lo demás, como cortar las plantas nativas que se necesitan. Eso lo tiene que hacer un maestro, no es na’ llegar y cortar y plantar. No es cualquier palo tampoco, no vamos a ir a voltear un álamo. Entonces como él es machi, está enfermo, preso y con huelga de hambre, no puede hacer mucho en 14 horas. En ese tiempo yo creo que no pudo hacerlo como corresponde, si estaba casi muerto. Además que había tanto carabinero, por un hombre casi muerto. ¿Cómo se va a arrancar? Ciento cincuenta y tantas personas vigilando, más helicóptero y esas leseras.

¿Drones?

-Eso. Yo estoy de acuerdo con que un machi, estando condenado o no, tiene derecho a hacer sus rituales. Tienen que darle autorización y permiso, es su derecho.

Él estuvo más de 100 días en huelga de hambre. ¿Que le hayan dado permiso no es un gesto?

–No. Lo sacaron porque estaba por morir.

OLOR A DROGA

Mientras estuvo presa, ¿tuvo un trato especial debido a su condición de autoridad tradicional?

-Sí, hubo un poquito más de respeto que con las otras presas. Es que hay personas buenas y malas.

¿En la cárcel pudo conocer a otras mujeres? ¿Estaba aislada?

-Yo tenía una pieza aparte.

¿Cómo fueron las otras reclusas con usted? ¿Respetuosas?

-Algunas, porque ahí se fuma droga y se hacían todas las cuestiones. Me tenían la cabeza mal por tanto olor a droga.

Bueno, eso es todo lo que le puedo decir. Que la PDI armó una mentira, no hubo reunión en mi casa, nadie llegó el 3 de enero de año 2013, eso es puro montaje, y que los que armaron eso deben ir castigados y presos, igual como lo hacen con los mapuche. Eso es. Nada más por ahora, estoy cansada.

Usted dice que está muy cansada, pero el proceso que viene ahora, de demandar al Estado, también es muy desgastante. ¿Está dispuesta a pasar por eso?

-Claro que sí. Voy a hacer lo que más pueda, estoy decidida. No me voy a quedar aquí sentada de brazos cruzados, cuando me dijeron que fui culpable de algo. Yo soy una persona que llega hasta el final.

También pusieron un monito de cómo yo saltaba el cerco de aquí para allá. Después, en el segundo juicio, lo sacaron y le pregunté a Chiffelle dónde estaba su monito, y él se rió. “Por qué no lo tiene puesto”, le dije.

Ahí salía cómo habrían entrado al fundo. Era la única mujer.

-La única mujer. Como que yo tuviera 20 años, o 15.

Otro dato relevante es que para el segundo juicio, la jueza Ximena Saldivia abandonó el caso.

-Sí, y eso es muy grave. A ella la trataban mal, muy mal. Yo lo vi. Una vez se le cayó la lágrima a la señora en el tribunal. Faltaba una semana para el fin del juicio y ella se fue. Pero eso ya se sabe en todos lados, mandaron papeles. La anulación del juicio tiene que salir sí o sí.

¿Ha venido la policía otra vez?

-No, ¿a qué van a venir? Ya salí absuelta de todo. No, yo no le tengo miedo. Siempre les he dicho en su cara y a los jueces y al fiscal que a mí me metieron sin prueba. Cuando los juicios pasan uno tiene que ponerse firme.

¿Cómo reaccionaron ellos?

-Ya me conocen ya.

¿Se asustaban cuando usted les hablaba?

-A veces sí, porque sabían que estaban mintiendo. Da rabia. Yo soy de camino derechito.

Entre tanta rabia y frustración, ¿qué la hace feliz?

-Cuando salgo al campo, o cuando voy al cerro con mis ovejitas. Veo mis remedios. Cuando me siento tan mal y enferma, subo ahí y vuelvo tranquila. Allá agarro fuerza. Eso, ya. Eso sería.