Puede que no sea la única que ha sido catalogada como “feminazi” en una cena familiar o en reuniones sociales donde existe gran participación de miembros masculinos más que femeninos.

Penes.

Hablo de esos penes que luchan por la que la tiene más grande a la hora de resaltar en el área laboral, social, relaciones o cualquier cosa que les haga sentir que el tamaño aumenta su poder personal o frente a otros y creen que todo pasa por ahí… por ahí abajo.

Y es que todos tenemos al tío que se le desfigura la cara a la hora de hablarle sobre la lucha en igualdad de oportunidades, salarios, espacios públicos y poder femenino. Ese tío realmente cree que este movimiento que esta “de moda” pero que “va a pasar” viene a quitarle todos los privilegios a su pene. Su querido pene.

Aunque a veces uno no pueda entender que en pleno 2018 siga existiendo el tipo capaz de tratarte de “feminazi” por querer las mismas oportunidades que ellos. Existen.

Y uno aunque por más que trate de abrazarlos, entenderlos y acompañarlos en el camino para descubrir lo que intentamos expresar de muchas formas y posturas hace décadas. A veces no se puede, simplemente no se puede y superan a cualquier alma por más bondadosa que sea.

Cabe preguntarse: ¿Ellos también son culpa del machismo o este sistema patriarcal que nos persigue? No seamos injustos, muchos se la están buscando y no saben como enfrentar el cambio de mentalidad que está siendo impulsado por la otra mitad y ¿cómo no? Ellos no fueron educados para llorar, ellos fueron educados para el poder y mientras más brutos se mostraran, mejor.

Algunos, hay que reconocer, se vienen salvando en el camino y abriendo los ojos frente a lo que para ellos también podría ser una liberación de estereotipos y cargas emocionales que los vienen acompañando por el simple hecho de ser hombres. Pero, algunos no lo entienden y cuando estás cerca de hablar de igualdad -que los incluye- automáticamente eres agresiva, amargada y claramente para ellos “te falta sexo”

Soy de esas personas con la voluntad de dialogar, intentar explicar sin levantar la voz, matizar lo que sea necesario para que mi tío entienda que su pene también es necesario para igualar las cosas. Y que el cambio de mentalidad también parte ahí abajo.

Parte del proceso es entender que cualquier ser que sienta que fomentamos la castración universal, ya sea hombre o mujer, nos calificara automáticamente como “feminazi”. No sé si llamaría a aprender a vivir con eso pero si por lo menos a modo personal. Busco la forma de hablar de igualdad sin asustar a nadie (Cuéntenme, ¿lo estoy logrando?)

Analicemos. He realizado una búsqueda intensísima en Google y encontré en Wikipedia la definición de feminismo: “Conjunto heterogéneo de movimientos políticos, culturales, económicos y sociales. Que tienen como objetivo la búsqueda de igualdad de derechos entre hombres y mujeres y eliminar la dominación y violencia de los varones sobre las mujeres y de lo roles sociales según el género”.

Tío, te lo resumo.

Quiero tener las mismas oportunidades que tu pene a la hora de buscar trabajo, estudiar, relacionarme con mis iguales y llegar al poder si es que quiero y puedo.

Quiero personas que se quieran independiente de su sexo o preferencia sexual y no sientan el derecho de tener poder sobre el otro o que crean que una pareja puede llegar a ser su propiedad.

Quiero que esas mujeres que fueron educadas y potenciadas a ver el matrimonio y la maternidad como sus grandes logros de vida, vean que hay más y que si quieren seguir en ello, puedan decidir. Que no se les imponga.

Quiero que veas que veo que entiendo que fisiológicamente sí podemos ser diferentes pero eso no significa que mi oportunidad sea reducida por ese motivo.

Quiero que sientas mi rabia al ver cuando un hombre también se le maltrata o mata, la salud mental en nuestro país es algo por lo que poco se lucha y que sin duda el machismo enferma a todos.

Y por último, que entiendas que hacernos sentir que el movimiento pierde fuerzas porque a tu pene no le gusta lo que digo, no me hace creer que lo está perdiendo. Sino que es un recurso más del machismo para hacernos sentir culpable de lo que estamos logrando.

*Por Carmen Castillo o @carmentuitera
Mujer-Mamá y motivadora por el amor propio