Es mujer, de Sudamérica y desde este mes ocupa uno de los cargos más importantes de la ONU: Michelle Bachelet ha conseguido, desde este 1 de septiembre, convertirse alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

La ex presidenta de 66 años, estará durante los próximos cuatro años al frente de la gran maquinaria de Derechos Humanos de la organización, con sede central en Ginebra.

El puesto de alto comisionado se creó en 1994 y tuvo como primer ocupante a un latinoamericano, el ecuatoriano José Ayala-Lasso, un privilegio que la región no había vuelto a disfrutar hasta ahora.

Bachelet es la cuarta mujer elegida para el cargo tras la irlandesa Mary Robinson (1997-2002), la canadiense Louise Arbour (2004-2008) y la sudafricana Navi Pillay (2008-2014).

Bachelet fue elegida personalmente por el secretario general Antonio Guterres y no por los países, encaja perfectamente en esa apuesta por el protagonismo de la mujer y por el equilibrio regional.

Según su portavoz, Stéphane Dujarric, Guterres ve la paridad como “una prioridad” y siempre considera “muy importante” mantener un balance regional adecuado.

Ello, de ningún modo, resta valor a los méritos de Bachelet, cuyas cualidades han sido ampliamente alabadas en la organización.