Paulo Delgado Rodríguez es el autor de “¡Sal de ahí, Shenlong!”, un libro de Ediciones Zero que aborda el impacto cultural que tuvo la famosa serie de Akira Toriyama a 20 años de su estreno en Chile.

En entrevista con The Clinic, el historiador y profesor de Historia especializado en cultura japonesa en Chile (UDP) conversa con nosotros y desentraña algunos de los secretos que convirtieron a Dragon Ball (y todos sus derivados) en uno de los anime más exitosos de la última década.

Justamente el año pasado y bajo el contexto de conmemoración de los 120 años de relaciones entre Chile y Japón, Paulo realizó diversas charlas en Instituciones como el Centro Comunitario Bellavista o en la Librería del GAM, fue justamente allí, cuando dictaba una charla de cultura japonesa que ejemplificaba con series populares de anime en Chile, cuando habló de Dragon Ball Z. A esa misma charla asistió Constanza Veloso, la directora y creadora de Ediciones Zero quien andaba buscando un autor para el primer libro de la editorial. Ella al ver el fanatismo del historiador por la serie y sabiendo que ha sido una serie de gran éxito en Chile, le ofreció la oportunidad de escribir el primer libro de la editorial.

-Es así como ella logró reunir dos sueños míos: tener mi primer libro como historiador y a su vez concretar la idea de realizar una obra tributo a Dragon Ball.

¿Eres un fanático de Dragon Ball? ¿cómo te acercaste a la serie?
-Sí, muy fanático y seguidor de la serie. Al igual que la mayoría de los que enganchamos con Dragon Ball, mi acercamiento fue por las primeras transmisiones en señal abierta que se dieron en Chile a través del canal Megavisión (Hoy Mega). Debo reconocer que me costó enganchar con las primeras temporadas de la serie, ya sea porque no la encontraban en su horario de emisión o porque no lograba verla regularmente. Pero pasado un par de meses ya la serie se había vuelto una emocionante rutina de lunes a viernes.

Además, y por otro lado, fue inevitable no encontrarme a mis compañeros de curso jugando con láminas, tazos y figuras en torno a la serie que más curiosidad y atención me hacían tenerle a la serie.

¿Qué te motivó hacer un libro como este?
-Tal como dije, he sido fanático de Dragon Ball y en general de la cultura pop japonesa desde el auge que tuvo en la década de 1990 el anime en Chile. Desde ese entonces y siendo niño, es que pensé hacer algo con mis colecciones personales en un futuro, no sabía qué cosa pero fui acumulando material desde entonces como noticias de diarios y merchandising en general de la serie.

¿Qué hace Dragon Ball una serie tan trasversal en la generación noventera? Gusta a fanáticos del anime y a los no tanto.
-Dragon Ball, a diferencia de otros anime de la época, se presentó como una serie fácil de digerir y de enganche inmediato si es que uno veía apenas uno o un par de episodios. A nivel narrativo se presentaba una historia fresca para lo que se había visto antes, una historia progresiva y fácil de seguir. Visualmente el dibujo también resultó bastante atractivo, especialmente el diseño de personajes, máquinas y escenarios.

La transversalidad de la serie se logró gracias a que el autor, directa o indirectamente, logró trasmitir a través de una historia y personajes simples valores universales a la humanidad como la perseverancia, el esfuerzo, la amistad, la valentía, entre otros. Además, si bien hasta hace pocos años atrás aún se consideraba que las animaciones eran “para niños”, en el caso de los anime esto no necesariamente es así. Dragon Ball, en especial sus primeras temporadas, tiene un dibujo bastante infantil que hace aparentar como si de una serie efectivamente para niños se tratase, pero si uno va poniendo atención a los mensajes valóricos y temas más profundos se va dando cuenta de que la serie puede ser disfrutada por un público de un amplio rango etario.

¿Qué impacto tuvo esta serie en nuestra generación?
-Justamente este es uno de los temas que intento analizar y reflejar en el libro. Si bien cada una de las personas con quienes he conversado tiene vivencias muy distintas sobre cómo les influenció la serie, hay ciertos aspectos que podría destacar como los valóricos, el optimismo y el deporte. En lo valórico ya he mencionado algunos valores que la serie logra enseñar mediante las aventuras y pruebas que se les van poniendo a los protagonistas ya sea mientras buscan las siete esferas del Dragón o cuando se encuentran amenazados por enemigos o rivales más fuertes. El optimismo frente a la vida es algo que me ha gustado bastante que me nombren los seguidores de la serie; la capacidad de sobreponerse a las adversidades, pensar siempre en diversas posibilidades para salir adelante y siempre mantenerse con la frente en alto son actitudes que Goku y compañía nos enseñaron a lo largo de las distintas sagas que fuimos viendo. Por último, son muchos los que comenzaron a realizar deportes y, de manera específica y en las que me incluyo, la práctica de artes marciales como una vía de desarrollo tanto física como personal.

Desde tu disciplina de trabajo, ¿qué tipo de reflexiones haces sobre esta serie?
-Como historiador tengo muy claro el dicho que reza que “uno es más hijo de su tiempo que de sus padres”. Esto es aplicable a toda expresión artística y cultural. Dragon Ball surgió en la década de 1980 en Japón bajo un contexto de auge económico que llevó al país nipón a consolidarse como una de las más importantes e influyentes potencias económicas a nivel mundial. A Chile llegó poco más de una década más tarde bajo un contexto similar de apertura comercial e inserción en un mundo globalizado. Si bien Chile y Japón son culturalmente muy diferentes e incluso opuestos, una obra tan humana y transversal como lo es Dragon Ball logró calar muy profundo en la generación de niños y jóvenes de la década de los ’80 como de los ’90 tanto en Chile como en Japón.

¿Cómo es posible que una obra típicamente japonesa haya causado tanto revuelo tanto en su país de origen como en Chile a pesar de las enormes diferencias culturales? En gran medida es gracias a los valores universales que entrega la serie, a las referencias a la cultura pop occidental presentes en la obra y a que aún internet no se encontraba masificado. ¿Qué tiene que ver la internet con el éxito de la serie? Tiene que ver con que existía un mayor aprecio y esfuerzo por parte de niños y jóvenes por ver sus episodios el día y hora establecida por los canales de televisión. No existía la posibilidad de verlo diferido, por streaming o mediante servicios de videos en línea. Si te perdías un episodio estabas obligado a preguntarle a un amigo al día siguiente qué había pasado con la historia o, en el caso de Chile y en la mejor época de transmisión de Dragon Ball, esperar las repeticiones de episodios los fines de semana o cuando volvieran a reiniciar la serie.

¿El internet o la ausencia de él en esos tiempos, tuvo algo que ver en el impacto de la serie?
-Hoy, dado el contexto de hiperconectividad masificado por los diversos medios de comunicación y de plataformas en línea, Dragon Ball se ha vuelto una serie más dentro del enorme catálogo de anime que pueden encontrar las actuales generaciones. El abanico de series y géneros es tan grande que rara vez los niños y jóvenes de hoy en día logran desarrollar un apego tan estrecho con una historia animada. Además, a esto hay que sumarle el factor de la instantaneidad de la información. Las actuales generaciones y a diferencia de quienes crecimos en la década de 1990, tienen excesiva conectividad con el material multimedia. Pueden ver la serie cuándo y dónde quieran con solo un par de clicks o toques en sus pantallas. Esta es una de las razones por las que hoy en día es tan difícil que una serie se vuelva trascendente en las nuevas generaciones y logre llegar a lo más profundo de su humanidad.

Una de las críticas que podría hacerse a la serie es su violencia. ¿Era efectivamente una serie violenta o destacaban más otros elementos?
-El problema que se generó aquí es que la violencia es entendida de manera muy diferente en oriente como en occidente, además de que también es cierto que el estudio encargado de animar la obra de Toriyama acentuó varias veces la violencia de determinadas escenas.

La violencia en base a peleas mostradas a lo largo de la serie siempre se encuentra justificada según las intenciones y objetivos de los personajes. Además, estamos hablando no de peleas descontroladas y azarosas, sino de peleas marciales con una espiritualidad y filosofía que sustentan la acción. Goku y sus amigos no pelean sin un objetivo claro. El protagonista de esta historia simplemente desea “pelar con rivales cada vez más fuertes” como una meta personal de superación que, si uno maneja conocimientos generales de artes marciales y religiosidad japonesa, se dará cuenta de que constantemente buscan su superación de cuerpo y alma. En cambio, los enemigos que van apareciendo a lo largo de la historia sí pelean con objetivos egoístas y por supuesto que utilizando la violencia como un medio para lograr sus intenciones oscuras.

Si bien el uso de la violencia para combatir el mal es evidente a primera vista, también existen otros elementos que enriquecen las peleas y que permiten no quedarse con la idea de un conflicto superficial: la estrategia, inteligencia, orgullo, trabajo colectivo, auto superación, autocontrol y esfuerzo son algunos de los valores y fundamentos que, en muchas ocasiones, dejan en un segundo plano el conflicto físico entre protagonistas y antagonistas.

Entonces había una justificación para esa violencia…
-No podemos negar que nuestros padres viendo desde “afuera” la serie pensaron que simplemente se trataban de peleas “porque sí” o porque la violencia lo solucionaba todo. Pero en muchas ocasiones los mismos protagonistas y maestros que van a apareciendo en la historia nos enseñaron que la fuerza no lo es todo, sino que el esfuerzo, perseverancia personal y tranquilidad moral y espiritual logran superponerse a las adversidades y superar nuestros propios límites.

Uno de los análisis que hace uno de adulto es que Goku era un papá/esposo, por decir lo menos, ausente. Desde todo el material que has leído, recopilado, estudiado, visto y analizado: ¿Es Goku un mal padre?

Estoy completamente de acuerdo con que Son Goku nunca desarrolló su lado paternal y que además fue un padre ausente. A pesar de que tanto en el manga y en el anime no se nos dan muchas señales de cómo es él en su vida íntima como esposo, mediante algunos gestos o chistes que se aprecian en la obra podemos deducir que tampoco es el mejor esposo del universo. En ambos sentidos tenemos a Vegeta como la antípoda de lo que es ser un buen padre y esposo bajo las costumbres Saiyajin.

A pesar de que Son Goku es uno de mis personajes favoritos y de admiración, eso no significa que no pueda ser crítico con algunas de las características de su personalidad. Pero también no puedo negar que entiendo por qué el personaje actúa así. En base a las investigaciones y lecturas que he hecho a las entrevistas a Toriyama, el manga de Dragon Ball y la cultura japonesa Son Goku no es para nada un héroe, por lo tanto, no tenemos un personaje perfecto y de características absolutas que debamos admirar por completo. Son Goku no es el “Superman de oriente”. Toriyama en el manga nos presentó a un personaje básico que vivía aislado de la civilización y que su única actividad era buscar comida diaria y seguir entrenando las artes marciales que heredó de su difunto abuelo. Más tarde se nos haría cada vez más explícita las intenciones del protagonista de querer “pelear con rivales cada vez más fuertes” y de “hacerse más fuerte”. Esta es especialmente la premisa que define al personaje desde mediados de lo que conocemos como Dragon Ball Z y actualmente con Dragon Ball Super.

¿Goku es un egoísta?

-Son Goku es un personaje “egoísta” en el sentido de que mueve la trama en función de la búsqueda eterna de rivales más fuertes y la superación de sus propios límites. Desde finales de la saga de Cell en adelante Son Goku es mostrado como un personaje que ha alcanzado un estado espiritual y de paz mental gracias a las artes marciales. En la saga de Buu pocas veces se lo vio preocupado realmente por el destino de la Tierra, especialmente porque siembre tenía una carta bajo la manga en caso de que el conflicto se radicalizara. En Dragon Ball Super se hace más explícita esta actitud de Son Goku cuando en un impulso de egoísmo máximo le propone al Rey del Todo o Zeno-sama realizar un torneo entre los 12 universos poniendo en riesgo la existencia completa de los mismo. Esto solo por su curiosidad e interés personal de “enfrentarse a rivales cada vez más fuertes”.

Pero, ¿es solo un egoísmo personal el que mueve al protagonista? No. En el manga, Toriyama se encarga de explicar que los Saiyajin tienen un instinto innato para las peleas. Es más, el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y medir fuerzas entre ellos les provoca una “excitación” biológica y sicológica que los impulsa a desafiarse constantemente. Esto suena similar a las razones biológicas que explicaba Sócrates del por qué las mujeres no podían participar en política ni ser filósofas: ellas se encuentran sometidas sus funciones biológicas-carnales que no les permitirían alcanzar el mundo de las ideas y abstraerse más allá de lo terrenal. En el caso de los Saiyajin, tanto instintivamente como hormonalmente se encuentran predispuestos para el combate y las peleas. Es más, Vegeta explica que la juventud de los Saiyajin también es más prolongada precisamente por ser una raza guerrea que necesita estar en forma permanentemente.

¿Un personaje elemental entonces? 

-Dado lo anterior, es que podemos entender quizás un poco más el por qué Son Goku es un excelente guerrero, pero no así un buen padre. Nuestro querido protagonista es un Saiyajin de clase baja biológicamente determinado para el combate. Él responde a funciones básicas como alimentarse, dormir y pelear para satisfacer la excitación de medir fuerzas con otros rivales. Se mueve por las pasiones propias de su raza guerrera: pelear, entrenar, superar sus límites y en el mejor de los casos proteger a su círculo más cercano e íntimo de familiares y amigos. Toda esta explicación puede quedar resumida en el diálogo que le dice Gokú a Jiren en el episodio 130 de Dragon Ball Super: “No soy un héroe justiciero ni un emisario de la paz, pero si alguien lastima a mis compañeros… ¡no lo perdono!”.

¿Y cómo funcionan las relaciones familiares en el contexto de la serie?

Hablar de las relaciones familiares en la serie es muy amplio. Si bien tenemos un personaje básico que se mueve más por las pasiones que por el uso de su razón (el hambre, el combate, el sueño, etc.), eso no significa que Son Goku no haya desarrollado una relación más emocional con su círculo cercano, esto es, esposa e hijos. Goku no sabe ser esposo ni padre, pero a pesar de ello sí demuestra lazos afectivos hacia Chichi/Milk en lo que se refiere a la satisfacción alimenticia. En cuanto a los hijos, hemos visto a Goku manteniendo una relación lúdica con ellos en sus infancias y, posteriormente, a potenciales compañeros de entrenamientos cuando crezcan. Esto último lo vimos con Gohan entrenando con Goku en la Cámara del Tiempo para enfrentar a Cell y, muchos años más tarde a Goten crecido entrenando con Goku y Pan.

Desde el inicio que Toriyama nos planteó un protagonista bastante básico que respondía a sus impulsos instintivos más que a la razón. Posterior a la primera saga correspondiente a la primera búsqueda de las esferas del dragón, se sabe que en Japón los seguidores del manga mandaron cartas a la editorial exigiendo complejizar un poco más al protagonista. Es allí en donde vemos que Gokú adquiere una postura más activa y de iniciativa propia para ir moviendo la trama. Pero Toriyama nunca tuvo la intención de complejizar más al personaje porque simplemente no quiso crear un “héroe” sino que a un personaje que permitiera desarrollar escenas y momentos de humor picaresco y absurdo y, de forma secundaria, permitir insertar peleas de artes marciales que es una de los géneros favoritos del autor.

La crítica posterior a Son Gokú como mal padre es completamente viable si pensamos que nunca Toriyama en un inicio proyectó la historia más allá de la primera búsqueda de las esferas del dragón y, posteriormente a la Saga de Freezer. Dado el estiramiento de la historia por presión editorial y de los fans al personaje protagonista se le anexaron características que, en un principio, nunca estuvieron pensadas para él. Si nos ponemos más estrictos con la planificación original de Toriyama, nunca se nos debió haber mostrado un Gokú adulto que asumiera roles de familia, de esposo ni de padre porque a historia original simplemente contemplaba un viaje en torno a unas esferas misteriosas que podían cumplir cualquier deseo. Y, lo más importante de esa búsqueda, originalmente eran las delirantes escenas de humor absurdo, picarescas y de acción.

¿Es Goku un mal padre? Sí, lo es porque cuando el personaje fue diseñado en un principio difícilmente el autor podía cambiar su ethos para transformarlo en algo que no solo cambiaría al personaje que enganchó a miles, sino que a la trama en general.

Por último, ¿nos pasaron gato por libre? ¿qué episodios no pudimos ver de la serie?
-Si hablamos de las tres series clásicas, esto es, Dragon Ball, Dragon Ball Z y Dagon Ball GT, prácticamente pudimos ver casi todo el material disponible incluyendo las películas de cada una de estas sagas. Aunque no podemos negar que por señal abierta se aplicó censura a escenas picarescas o consideradas extremadamente violentas.

Ahora bien, hoy en día sabemos que existe material audiovisual de Dragon Ball que no salió de Japón como un par de mini episodios especiales de servicio público (“Seguridad Vial de Goku” y “Cuerpo de Bomberos de Goku”), algunos especiales de televisión (“Summer Vacation Special” y “Todos mirando hacia atrás: Dragon Ball Z Show de Fin de Año!”), especiales crossover y OVAs (“Dragon Ball Z Gaiden: El Plan Para Erradicar a los Saiyan”, “¡Hey! Goku y sus amigos regresan” y el “Episodio de Bardock”). Afortunadamente, todo este material está disponible en internet subtitulado e incluso con doblaje hecho por fanáticos.