“Hace tiempo que al Clinic le perdí la pista. Por diversas razones, pero la última fue cuando hace algunos años tomaron una portada de un disco de la Violeta y pusieron encima la cara de Jovino Novoa. Una cuestión terrible, no era ni cómico. Era tan burdo. Por último si ponen a un personaje de la izquierda que se haya portado mal, te creo, ¿pero con él?”. Esas son las primeras palabras de Isabel Parra al encender la grabadora.

Quiere que salga publicado.

Eso sí, aclara, que hace poco volvió a comprarlo. “Cuando apareció la portada de este cabro político, Mayol y Jim Morrison, en el post 18, me gustó. Es divertida, no es sucia. La otra que me gustó por razones obvias fue cuando apareció una gorda inmensa que está comiendo y le pusieron la foto de la Maldonado. Ese es un personaje bien siniestro”, dice.

Estamos en pleno periodo de conmemoraciones políticas. El plebiscito, la detención de Pinochet en Londres, etcétera. ¿Cómo observas esos procesos y qué diagnóstico tienes del país hoy?

-Las celebraciones por fechas históricas como el SÍ y el NO, muestran que están todos encajonados en distintos grupos. No hay una celebración, no nos alegramos en conjunto, nos alegramos por grupos. Eso lo encuentro espantoso.

Altiro pienso en la frase “la alegría nunca llegó”…

-Yo creo que tiene ver. Te estoy hablando de cómo uno ve que el país se va desperfilando de lo que uno creía. El proceso de recuperación del país lo he vivido con mucho desencanto, por ponerle una palabra suavecita. Y es una cosa generalizada, no es algo que me esté imaginando yo. No soy la única que lo ve así, por suerte. Yo diría que el resultado del plebiscito hoy ya no tiene mucho que ver conmigo.

¿Qué es lo que te desencanta de este presente?

– Mira, yo creo que lo que me frustra o molesta es lo que le pasa a la mitad de Chile, no es una cosa original, en absoluto. Son las grandes carencias que hemos tenido como habitantes de Chile, las grandes frustraciones, la permanencia de los crímenes, la no búsqueda intensa de la verdad, la impunidad, que es una cosa que ya no tiene nombre ni color. También están los grandes problemas que tiene Chile, que no se arreglan nunca: la pobreza, la desigualdad, ahora estamos teniendo un poquito de esperanza porque se está repensando la condición de la mujer, eso alienta, claro está. Pero somos un país súper atrasado, súper conservador y partido por la mitad. Lo bueno es que nunca me va a pasar eso de quedarme indiferente con lo que pasa a mi alrededor, eso sí que no. Cualquier cosa menos eso. Entonces paso rabias, me frustro, pero son emociones comunitarias.

¿Te sientes parte de una comunidad que vive indignada?

-Sí, me siento parte de una comunidad que está enojada y que es indefinida, pero yo sé que pertenezco a un grupo de personas. Aunque no me junte con ellos, yo sé que hay un grupo enorme de chilenos que sienten como yo, que se enojan como yo, que se frustran como yo, que esperan como yo… etcétera. Así es la vida po, enclenque.

Leí una nota tuya en La Tercera en donde decías lo siguiente: “No podría decirte que somos una familia aclanada, ni yo misma soy de choclones. Más bien somos separatistas”. ¿Qué querías decir con esa frase?

-Los mitos con la familia son Parra infinitos. Esa es otra cosa chilena, hacer un juicio a cada grupo, dar una etiqueta. El “clan Parra”, para mí, es inexistente. No estoy en eso, no siento que ese sea “mi” clan o que “este otro” podría serlo. No lo veo así. Yo creo que somos parte de una familia con una tremenda diversidad y encuentro que eso es bueno. ¿Te imaginas que fuéramos igualitos unos a otros? Ahora, de toda esa diversidad y de toda esta forma de pensar, de ver la vida, de sentir el arte y la cultura y la cacha de la espada, también es bueno porque en los temas culturales artísticos somos más diferentes que cualquier otra. Además, no nos metemos en la vida de los otros. No damos lecciones a nadie o andamos diciendo “creemos que las cosas tienen que ser así”. Simplemente, como todos, veo, opino, me gusta o no me gusta, pero no participo en meterme en la vida de otro. Ni escarbar ni en los Parra ni en nadie. Entonces esa soledad que puede ser muy mal vista, es una soledad que comparto con la mitad de la población solitaria en Chile.

Este 2018 se concluyen las celebraciones en torno a la figura de Violeta. ¿Cómo viviste todo ese año?

-Estos cumpleaños son apoteósicos, en la sencillez más absoluta o en los grandes despliegues de personas, de proyectos, de cariño. Y por suerte, estos últimos tres años han sido principalmente en la casa de la Violeta, que es este museo. Ella no tenía casa, la Viola perdió su casa y no la recuperó nunca más. Entonces tener este espacio es un logro. Son motivos y razones para que sienta profundamente que no se ha perdido el tiempo, que no nos hemos quedado sólo en la frustración.

¿Qué ha sido lo más complejo de todo este proceso?

-Te puedo contar lo que yo he hecho, de lo que ha significado para mí que la Violeta tenga este lugar, de la tarea que nos impusimos con Ángel de escarbar en el mundo entero donde estaban las cosas de la Viola, en pleno exilio. De guardarlas, para traerlas a este Chile dislocado del que te hablo.

Y que ella también identificaba, ¿no? Sin este contexto de la dictadura quizás, pero que ella leía muy bien.

-Eso que yo desordenadamente trato de decirte, ella lo esclareció y lo puso clarito en sus letras.  Cuando ella nos decía a nosotros esto lo hago por Chile, yo sabía de qué era lo que estaba hablando. Yo tenía la certeza de cuál era el Chile del que ella hablaba. Ese mandato amoroso por decirlo de alguna manera, se convirtió en una frase sagrada para mi hermano y para mí. Nos tomamos muy en serio este patrimonio de la Violeta, este legado no lo hemos vendido, no lo hemos puesto en la bolsa. Lo hemos traído para acá. Pero ha sido un gran esfuerzo.

¿Por qué crees que costó tanto tiempo ejecutar el museo?

– Yo creo que hay una indiferencia del poder por la cultura. Creo que eso es verdadero. Siempre se ha dicho, incluso amigos nuestros, políticos cercanos  se habla de la “Cosa cultural”. Durante años lo escuché. La Violeta les pasó de largo, eso fue sistemático.

Cuando salieron los dineros para concretar el museo yo estaba sola con un cheque y tenía que hacerme cargo. Eso es muy cruel, porque no sabía nada de gestión, yo soy cantante, compositora. Creo que de verdad han sido muy crueles. Yo soy la hija de la Violeta Parra y no puedo pedirles que funcionen como funciono yo, pero a mí me duele mucho por que yo sé, y es lo que me ha guiado, que su obra es magnífica. Tengo la certeza y siempre la tuve. Eso es lo que a mi me sostiene.  Eso es lo que me da paz y es lo que da fuerzas para seguir en esta pelea.

Pensando que hicieron la gestión juntos, ¿cómo viviste la muerte de Ángel?

– A pesar de que no vivíamos bajo el mismo cielo, estábamos muy conectados. Ángel hacía lo que podía cuando venía. Mucho más metido que yo con la gente. Ayudó mucho a su manera a que este proyecto saliera adelante. Por eso es terrible que no esté aquí, es muy doloroso y deja un gran vacío. Yo familia ya no tengo, así tan cercana como él, no. Mi hermana se murió antes, se murieron todos los tíos adorables, uno en uno. Pero tenemos a la Violeta y eso es un consuelo de toda esta adversidad.

LA NUEVA CANCIÓN CHILENA

¿Qué visión tienes hoy sobre la música popular? Recuerdo haber leído un punto de vista bien crítico con respecto a la música que se hacía actualmente.

-En la medida que una se va poniendo más vieja, va escuchando más música y va sabiendo más del mundo musical, es como que esto que no me entusiasmaba, se multiplicó por mil. Claro, es evidente, yo no puedo decir ahora me gustan todos. Me cuesta entusiasmarme con la música actual.

Yo creo que hay algunos nombres que son respetables pero que no te los voy a nombrar porque después se enojan si no nombro a todos.

Sí me llama la atención cuando las mujeres se ponen a hacer sus canciones, eso es lo que más motiva, porque siento que tenemos pocas creadoras en Chile. O son baladistas o son folcloristas que cantan la tonada y la cueca, y sería todo. No sé por qué no ha brotado esa corriente tremenda de componer canciones espectaculares, no hay relevo, ¿cuando va a haber una Violeta Parra o una Mercedes Sosa? ¡Jamás de los jamases!

¿Tan así?

Es muy debiliucho el movimiento del canto chileno. Ahora, hay baladistas que son estupendas, que son amorosas y qué sé yo, pero que normalmente cantan canciones hechas por los hombres. Así es la realidad, entonces están metidas en todo un circuito comercial. Pero uno siempre añora una mujer que haga poesía, que cante, que toque instrumento, que se abra camino más amplio con la música y eso yo, en este momento no lo veo.

Pero hay un montón de artistas que también son compositoras. Pienso en las mujeres que van al festival Rabiosa. Ese es un espacio donde hay un cultivo de voces femeninas, de discurso.

Sí, claro, hay otra producción musical que no es la mía y yo no tengo nada que ver con eso. Ellas son dueñas y señoras de sus espacios y de su forma de componer, pero yo añoro a una gran poeta que cante. Yo disfrutaría eso, estaría súper feliz. Hemos invitado a bastantes muchachas jóvenes al museo a cantar, que tienen su propia temática, su propia forma de hacer música. Yo no te estoy diciendo que las mujeres tienen que convertirse en Violeta Parra y ser folclorista y pasarla mal, ¡No!, por favor.

Entonces en eso, hay que ser muy claritos, yo respeto todo lo que hacen todas las mujeres, todos los hombres, pero algunas me interesan, otras nada. Pero no es mi preocupación. Yo no estoy todo el día pensando, oye ¿por qué no pasa esto?, en absoluto, por dios, sería terrible que me pasara eso. Pero pienso que ahora no hay un Víctor Jara. Entonces eso es doloroso porque eso significa que no va a haber relevo, que no nos vamos a entusiasmar como nos entusiasmábamos con el Víctor, con su presencia, con su canto.

¿Y eso no será parte del contexto político en el que estábamos también?

-Tiene que ver, porque nosotros vivimos un proceso que fue único, muy extraordinario, mucha inspiración, de mucha libertad para crear y además con los antecedentes de poder cambiar el mundo, de aportar su pequeña canción por aquí, por allá. Claro, son otros los alicientes. No son los mismos, la historia es otra.

Entonces, yo añoro una época. Pero quiero ser peyorativa ni mirar en menos a nadie, pero yo tengo mis niveles de gustos y exigencias.

¿Qué es lo que no te gusta?

Los espacios chilenos están tomados por los hombres, si tú ves el Mercurio y vas hojeando, una foto acá, el empresario acá, fotos de hombres, fotos de hombre y de repente aparece una mujer ahí destacada.  Ese es el contexto permanente, en la música pasa lo mismo.

Los grandes grupos que funcionan son puros hombres, 14 por acá, 8 por acá, con poncho, sin poncho, viejos, enojados, disgustados, ¿y la mujer? Entonces yo no veía eso antes, pero en la medida que uno va aprendiendo más cosas y que se ha enfrentado a mundos culturales externos y ha vivido en otra parte, se cuenta que somos súper rudimentarios acá, y que las cosas no cambian. El movimiento de la Nueva Canción Chilena es un movimiento machista, yo lo digo ahora con todas sus letras.

Leía también que no tenías tan bien considerado al Premio Nacional de Música, como que encontrabas que era antimujer ¿Por qué postular?, ¿por qué hacer también el proceso?  Me llama la atención.

Sí, a mí también, porque a mí me llama la atención por lo siguiente. Mira, yo creo que el asunto del Premio Nacional es un asunto re serio, y que ha castigado a las mujeres históricamente, y yo creo que lo han hecho así, con esa odiosidad que deben sentir los que no premian a las mujeres, que las descalifican. Postulo en rebeldía a eso.

 

El Museo Violeta Parra postula a Isabel para el Premio de Artes Musicales 2018.
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