El 25 de noviembre es un día intenso para Minerva Tavárez Mirabal. Es la fecha en que el mundo conmemora el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, pero también es el día en que revive la muerte de su madre y dos de sus tías, Patria y María Teresa, que murieron en República Dominicana en 1960 bajo la orden del dictador Rafael Trujillo.

Las hermanas, encabezadas por Minerva Mirabal, eran opositoras al régimen que por entonces atravesaba ese país, y por esa razón, fueron encontradas al interior de un auto al fondo de un barranco en el municipio de Salcedo. Un grupo de hombres, horas antes, las mataron a golpes y tiraron sus cuerpos al vacío tratando de ocultar la verdad. Pero la familia Mirabal siempre supo lo que había pasado.

Once años antes de su muerte, Rafael Trujillo intentó, sin éxito, seducir a Minerva. La historia dice que el dictador organizó un evento para bailar con ella y que ella, tan osada como valiente, abofeteó en la mitad de evento a quien años más tarde sería su persecutor. Ese día quedó marcada.

Años después de ese oscuro episodio en la historia de República Dominicana, las hermanas Mirabal, también conocidas como  “las mariposas”, se convirtieron en leyenda. El año 1981, la fecha de su muerte fue acuñada a la lucha contra la violencia de género.

El rostro de esta conmemoración siempre es uno, su heredera: Minerva o Minou, como siempre pensó llamarla su madre. “Este fue un asesinato de carácter político que tuvo tanto impacto que determinó el fin del tirano. Era  una fecha que desde el día uno siempre conmemoramos. Teníamos que aguantar las bombas lacrimógenas, vivíamos en constante tensión. Pasó de ser una fecha personal a una conmemoración masiva. Eso todavía no deja que chocarme”, dice Tavárez.

Luego de varias ceremonias en su país, viajó hasta Chile para asistir a una charla magistral con autoridades y donde se reconocerá a distintas mujeres por su contribución a la eliminación de la violencia contra la mujer.  

Aunque sabe que la muerte de su madre ha servido para visibilizar la lucha de género, cree que es importante considerar que lo ocurrido con ellas es también una lucha política. “No deja de removerme la conciencia cuando pienso que ellas fueron víctimas de una violencia de carácter político. Mi madre, Minerva, dirigió el movimiento más importante por la democracia, por la libertad, por esos valores universales, por los derechos humanos, por el fin de una dictadura y fue por eso que fue asesinada”, expresa.

LOS RECUERDOS DE MINOU

Los días previos a la muerte de su madre son borrosos, casi inexistentes. Por esos días vivía en una casa de pueblo a dos horas de Santo Domingo, capital de República Dominicana.

Yo recuerdo que en esos tiempos la casa de mis abuelos tenía unos enormes ventanales de cristal y entonces los del Servicio de Inteligencia Militar, que merodeaban pendiente de mis tías y mi madre, se la pasaban rondando afuera en el patio. Mi abuela tuvo que cambiar las ventanas por unas de madera para que no pudieran mirar hacia adentro. Esa es una de las imágenes que tengo más nítidas”, cuenta hoy la mujer que en ese momento sólo tenía cuatro años.

Minerva Tavárez originalmente se iba a llamar Minou por decisión de su madre. Cómo sus padres estaban “ocupados de hacer la revolución”, fue su abuela la encargada de inscribirla. Ya en el registro civil, tomó la decisión de conservar el nombre de su hija en su heredera. Tenía la intuición de que algo podía pasarle. Pese a la formalidad legal, la mujer a los ojos del mundo pasó a llamarse Minou.

“Tenía necesidad como todos los adolescentes de reafirmarme, de ser yo misma. A veces me preguntaba: ¿ando metida en estas cosas porque me gusta o porque estoy queriendo copiar el guión? Después no me quedaron dudas. Acabé involucrandome en todos los espacios de los que fui parte. Nunca lo sentí como un peso. Imagínate tú tener la posibilidad de ante la necesidad de tomar una decisión importante para tu país, tener un referente tan cercano, eso no te deja espacio para dudas”, relata sobre el momento en que definió sus convicciones.

MINOU CANDIDATA

El año 2016 Minou Tavaréz se convirtió en la primera mujer en convertirse en candidata a la Presidencia en República Dominicana. Ese hito es recordado con sabor agridulce por la mujer de 62 años. “Competir siempre es una experiencia enriquecedora. Sin embargo, es muy complejo hacer campaña o participar en un país como el mío por falta de recursos y sobre todo, por faltas de garantías democráticas. Eso fue una gran lección”, dice.

Sobre las aspiraciones futuras de la líder de Opción Democrática, el partido en el que ella es Presidenta, señala: “Lo que más necesita el mundo en este momento es buena política. Estoy trabajando para hacer lo que tenga que hacer desde la política, que es el único espacio que tenemos para que este mundo cambie en una dirección distinta. Esa es mi única convicción”.

Desde su gestión, ha sido testigo del ascenso de otras mujeres latinoamericanas al poder. Sobre el trabajo realizado por ellas, Minou Tavárez tiene una visión crítica. “La verdad es que yo creo que las mujeres hemos avanzado mucho y que acabamos de atravesar por una época rica, porque primera vez teníamos una importante presencia de mujeres en las primeras posiciones de poder. Sin embargo, nos está llegando el momento de entender que no es suficiente analizarlo solo desde el punto de vista cualitativo y procediendo bajo la lógica masculina”, dice.

Pero, ¿cómo debería ser esa mirada política comandada por mujeres? “Si vamos a tener mujeres que gobiernen el mundo, tendríamos derecho a esperar que fuera un mundo más pacífico. Un mundo más orientado hacia la colectividad, hacia la solidaridad, hacia la protección del planeta, hacia lo social, hacia la justicia, hacia la solución de los conflictos de manera pacífica y hacia un crecimiento económico mucho menos basado en el extractivismo”, diagnostica.  

Además agrega: “Los desafíos de las mujeres están relacionados directamente con la política. Todo el mundo milita cada 25 de noviembre o cada 8 de marzo. Se dicen discursos extraordinarios que luego, no necesariamente, se corresponden con el accionar político de quienes pronuncian esos discursos y sobre todo, de quienes los inspiran”.