Dicen que viajar está en el top 1 de los placeres individuales, relegando al segundo lugar al sexo (información entregada por la encuesta Cadem, por lo tanto irrefutable). Yo, debido a cierta condición que me aqueja, llevo años sin disfrutar de aquel placer carnal cuyo único fin según Lavín sólo debiera ser la procreación, ergo, decidí gastar los kilómetros acumulados en un viajecito de fin de semana.

Como los “Tiempos Mejores” aún no me llegan pensé en colarme en esos vuelos humanitarios que el gobierno ha dispuesto para llevar de vuelta a su patria a nuestros hermanos haitianos y venezolanos, pero la verdad es que ninguno de los dos destinos me llamaba demasiado la atención, y siéndoles sincero preferiría ser empleado de TVN antes que irme a vivir el infierno marxista de Maduro.

Me pregunté entonces ¿En qué otro país voy a encontrar un sistema económico exitoso como el nuestro? Pensé de inmediato en la tierra del tío Sam, pero como decía Celia Cruz (ex reina de Viña): “my english is not very good looking”. Así que lo deseché de inmediato. Y bueno como estamos al lado, decidí ir a darme una vuelta por las cashesitas de Buenos Aires, y así aprovechar de ver con mis propios ojos el magnífico plan de gobierno que está desarrollando Macri, de quien se dice es la versión argentina de nuestro Tatán Piñeiro.

Apenas me bajé del aeropuerto usé la aplicación de mi teléfono para pedir un auto que me llevara hasta el hotel. El chofer del vehículo me dijo que en Buenos Aires los taxistas eran muy violentos con los choferes de aplicación (Señores de Uber, no los estoy nombrando a propósito porque se han negado consistentemente a auspiciar este espacio) así que muy amablemente me pidió que demostrásemos cierta familiaridad al vernos. Yo pensé que un abrazo efusivo era más que suficiente, pero el chavón fue un poco más allá y me dio un beso largo y cuneteado, seguido de un fuerte apretón de nalgas.

“Este país está más influenciado por las europas que nosotros, así que debe ser normal”, me dije para mis adentros, intentando tranquilizarme.

Una de las cosas que más le llaman la atención a Carlos (el chofer de aplicación con lengua voraz) respecto de Chile es la pujante economía en la que vivimos y que nos tiene a todos los shilenos con dos casas en la ciudad y una en la playa. Yo no quise decirle que en realidad esas declaraciones del ministro eran falsas, mal que mal no hay pelao que sea sinvergüenza, ni cantor que no sea tula loca.

Luego de registrarme en el hotel fui directo a la churrasquería “Las horas parrilla” para matar el hambre. El menú que pedí estaba delicioso y abundante, tanto así que el mozo que me atendió me contó que Luka Tudor logró su actual fisonomía con tan sólo una semana yendo a almorzar a esa bufé. Para bajar la comida salí a deambular por el barrio, buscando las famosas librerías de Buenos Aires, ahí pregunté por los libros de Baradit, me dijeron que no lo conocían, pero que sí tenían “Todas las ramas tocan el cielo”, obra cumbre de la poetisa y modelo nacional Carlita Ochoa.

Yo no lo tenía contemplado, pero justo ese fin de semana se jugaba la final de la Copa Libertadores de América entre Boca y River, que es algo así como cuando acá el Colo y la Chile juegan la Copa Gato. A propósito de eso llegué a una esquina donde había flor de zalagarda con los hinchas de ambos equipos. Me acerqué un poco más al gentío y me puse a conversar con un muchacho que tenía la camiseta de River Plate, me ofreció mate y charlamos largo rato sobre lo bien que lo está haciendo el gobierno de Macri y de cómo quieren a Piñera acá en Chile. Estábamos por pasarnos al fernet cuando se me ocurre decirle que le daba dos dólares si le tiraba un piedrazo a la ventana de un bus que iba pasando, obviamente se lo dije como broma pero el chavón se lo tomó en serio, al parecer la suma que le ofrecí era demasiado tentadora. Si no me creen esta historia busquen en internet, grabé toda la escena con mi teléfono (si alguna marca tecnológica auspiciara esta columna podría ir su modelo de teléfono aquí), el video ya lleva como 40 millones de visitas, así que entre pito y flauta me he ganado unas quinientas lucas.

Una vez se calmó el quilombo quise ubicar a Carlos para que me llevara de vuelta al hotel, pero no ha vuelto a responder mis llamadas.

Estuve tentado de ir este fin de semana a Madrid, pero mejor que no.