Alberto “Gato” Gamboa Soto (97), está sentado en su living de la comuna de Ñuñoa. Mientras habla, bastón en mano, el sol de la tarde le llega a la cara, iluminando sus rasgos fuertes y sus grandes ojos azules. En ellos hay historia viva, una que es difícil de resumir.

Fue durante doce años director de Clarín, precursor diario de izquierda que apoyó el gobierno de Salvador Allende hasta su desmantelación inmediata luego del Golpe de Estado de 1973. Este hecho marcó dramáticamente su vida, que se convirtió en prácticamente una película; fue torturado en el Estadio Nacional y relegado durante un año al Campamento de Prisioneros Chacabuco, 110 kms. al interior de Antofagasta. Al ser liberado vagó por distintos oficios, llegando incluso a ser obrero durante la construcción de la Línea 1 del Metro de Santiago en 1976.

Finalmente, todo desembocó en su renacer en los medios. Fue director del Fortín Mapocho, cofundador de La Cuarta y subdirector de La Nación. A lo largo de su carrera trabajó en crónica, deportes, política y hasta en la sección de ayuda sentimental en el consultorio de su álter ego, el doctor Jean de Fremisse. Su agudo sentido periodístico y su gran capacidad para generar titulares llamativos hicieron que su rol fuera decisivo en los años dorados de estos medios escritos.

Hoy, retirado, se dedica a descansar en su departamento ubicado en la avenida José Domingo Cañas, en compañía de su esposa, María Estela Urzúa. Las últimas entrevistas las dio hace más de un año, cuando fue reconocido con el Premio Nacional de Periodismo 2017.

Se mueve lento y siempre con ayuda de bastón. Su oído se ha visto disminuido por el paso de los años. Sin embargo, en su cabeza aún existe una gran enciclopedia, la cual lo llena de sonrisas al recordar tiempos pasados.

-Don Gato, ¿ha estado atento a los medios últimamente?

-No, ya no. Hubo un tiempo en que me gustaba mucho pero después me aburrí. No saca nada con opinar uno.

-¿Le aburrió el periodismo?

-No, pero no me interesan tanto las noticias. No me informo como antes.

-Después de toda una carrera, ¿cuál es el significado del periodismo hoy para usted?

-En el periodismo, para cumplirlo bien, hay que estar interesado en todos los temas. Es cómo tú vives lo personal, pero también cómo enfrentas lo amplio. Si te gusta el periodismo, puta, estai frito. Estás condenado a que te guste siempre.

-¿Usted hubiera hecho las cosas de otra forma, quizás?

-No, no. El periodismo es una carrera muy interesante, entonces siempre te mantiene atraído. Te obliga a opinar, y te la crees también. Los medios me atraen siempre. Cuando eres periodista, siempre vives enamorado de tus avances, de tus retrocesos.

FIRME JUNTO AL PUEBLO

-Ustedes llevan harto tiempo juntos, María Estela.

-El 16 de noviembre enteramos 38 años. Él se acuerda de los aniversarios, y yo me preocupo de estar contándole, mostrándole fotos. Vamos a los lugares donde empezamos a pololear para que se acuerde. Por mí, saldríamos más, pero cansa mucho.

-Gato, “Clarín”, en su edad de oro, imprimía 80 mil ejemplares. “La Cuarta” y el “Fortín Mapocho” también fueron periódicos muy exitosos. ¿Cómo recuerda esa época?

-Yo he seguido poco eso. Resulta que cuando a uno le gusta el periodismo y se enamora de él, lucha en cualquier medio que esté, sea picante o no picante, político o no, pero ahí está. Durante la época que yo funcioné como periodista, te digo, la mayoría de los colegas teníamos esa idea. Agarrar el tema, seguirlo y sobresalir. De repente resultaba. Estoy satisfecho por el trabajo que realicé. Uno se sentía reconfortado. Siempre me metí en cosas derechas y no huevadas chuecas o jodidas. Si no, te llevan preso, por huevón, o por patudo. Al menos así era en ese tiempo. El periodismo era más apretado.

-¿Cómo definiría su carrera?

-Estaba siempre metido en todo clase de huevadas. Políticas, deportivas. Me gustaba todo. Hay que estar siempre metido. Yo creo que el periodismo en general, para ti, para mí, para el que le gusta, es del corazón. Se quiere meter en cosas, quiere opinar, quiere sorprender. Y fíjate que con tranquilidad siempre me resultó. Un periodista inteligente, que se manejaba bien, nunca pasaba por huevón, en ninguna parte. Y yo creo que eso subsiste.

-¿Cuál es la etapa que usted más valora?

-Siento que en los dos períodos que ejercí periodismo me fue bien, pero “Clarín” fue una especie de buque periodístico opinante, con una fuerza que resistía ataques, los contestaba bien. Estábamos siempre presentes en las cosas que ocurrían en Chile; no tanto por el país, sino por la gente que estaba con uno o pensaba como uno. Vendíamos 80 mil, 100 mil ejemplares. Éramos bien “copuchentazos”. El titular bien marcado, opinante, oportuno. No inventando huevadas, presentando las cosas que ocurrían sin ocultarlas, achicarlas o agrandarlas.

-¿Esa vuelta del sentido del humor quizás le falta hoy en día a la prensa? Esa ironía, esa mordacidad.

-Yo creo que sí, fíjate. Creo que dejó huella, pero tampoco propuse transformarme en un experto en noticias, me preocupé de publicar noticias cuando existían, pero no inventar huevadas. Sirvió para valorarme y valorar al equipo con el que trabajamos. Fuimos un elemento destacado. Teníamos gran poder e ingenio para generar nuevos cauces. Uno se sentía un pilar periodístico, copuchento y maricón, porque éramos jodidos. Y nos fue bien, hubo períodos en que vendíamos 300 mil ejemplares.

-¿Qué le provocó dejar el periodismo?

-No sentí alejarme, ni dejé de pensar en eso. Yo seguí siendo periodista viejo. Opinante como un caballo, pero opinaba con cierto sentido práctico, que marchaba de acuerdo con las noticias y la vida. Hubo en tiempo en que fui muy famoso. Los amigos se acumulaban en torno a uno creyendo que las sabía todas. La verdad es que uno sabía bastante de vivir bien. No era para ganar plata ni tener redes en el mundo, al contrario. Opinar de cuanta huevada haya, y nos iba bien.

PRESIDENTE INTRUSO

¿Cuál es su opinión del gobierno actual, del Presidente Piñera?

-Es un tipo que fue muy vivo y muy inteligente, que aprovechó su inteligencia en forma personal. Ahí es cuando se apartaba uno de él. Pero siempre hemos sido amigos con Sebastián. Era más intruso que la cresta.

María Estela: Viajaron juntos con Aylwin en su período presidencial, quien invitó a tres periodistas a la ONU, en Nueva York. Entre los políticos viajaba Sebastián Piñera. Un día, en la Quinta Avenida alguien le gritó, “¡‘Gato’ Gamboa!”. Era Sebastián, que andaba con la Cecilia. Lo invitaron a cenar.

-Se llevan bien para estar en veredas opuestas.

– (Gato ríe.)

María Estela: Es que se conocen de hace mucho, desde los tiempos del papá (José Piñera).

-En estos últimos tiempos se debaten nuevas corrientes: matrimonio homosexual, feminismo. ¿Ha estado al tanto de estas?

-Más o menos, uno se va alejando de a poco de ser periodista. Uno se cabrea. Lo persiguen a uno para preguntar todo. Pero creo que viví el periodismo de forma visionaria, cariñosa, investigadora e intrusa, cosa que es muy valiosa.

-Para ir terminando, ¿qué le gusta hacer durante el día?

-Leo, leo libros recomendados. Vivo la vida que me queda, no echándola a perder por huevón. La trato de resolver donde puedo, porque no me puedo dar el lujo de arreglar todas las cosas de la vida.

-Me dijeron en Las Lanzas, el bar que frecuenta en Plaza Ñuñoa, que no lo han visto últimamente.

-Sí, porque acá me cuidan. Dicen que si salgo solo y me junto con los amigos, hago huevadas. Debe ser cierto. La primera huevada, uno se toma sus pencazos y se vuelve loco. También nos juntamos desde hace 30 años con un grupo de periodistas en el club, la Sociedad de Socorro Mutuo Italiana.

-¿Schop o piscola?

-Vinito.

El Gato se prepara para salir a dar una vuelta, un paseo para disfrutar la tarde primaveral. A tres años de vivir un siglo, concluye:

-Estoy contento con mi mismo, con lo que he hecho. Uno puede ser escritor o comentarista, pero si eres escritor flojo o comentarista huevón no resulta. Hay que avivarse.