El enfermo imaginario

Por PATRICIO ARAYA, desde Teatro La Comedia Por si no lo creen, de tanto buscarle el cuesco a la breva, al fin la gripe AH1N1 atacó al senador Girardi; la duda es quién buscó a quién, si fue el virus que decidió replicarse en su organismo, o si fue el tribuno que quiso hacerse partícipe de esta moda “simpática” de los ABC1. Eso es vivir en carne propia la pandemia. ¡Qué gallo más jugado! La buena noticia para Girardi es que –de ser cierto su contagio– no tendrá que contarse entre los cien mil muertos con que él mismo nos amenazó hace un mes. Su red de protección social (alguna clínica pirula, su pulenta isapre, el buen Tamiflú, la buena calefa, los terribles seguros de salud) lo librará de una muerte segura. Y de sus gastos. Girardi es genial, siempre se las arregla para estar en primera fila. Cuando no lo vemos de edecán de la presidenta Bachelet, irrumpe en los medios con alguna imbecilidad superlativa, como su histriónica ideación de sentirse enfermo. Cabe recordar su repentino tumor cerebral –y del cual se curó de súbito– cuando se vio cuestionado por ciertas facturas, por citar un ejemplo. Dicen que no hay peor enfermo del que no quiere mejorarse, pero también es cierta esa esquizoide manía de sentirse enfermo, hipocondríaco; o hacerse el enfermo, como Argán, aquel famoso enfermo imaginario del célebre Molière. Girardi no está enfermo, sino preocupado. De no cumplirse su catastrófico pronóstico de 3 millones de contagiados y sus consecuentes cien mil muertes (apenas van dos fallecidos), la cosa se le podría complicar. Este es un año de elecciones y su apellido volverá estar inscrito en una papeleta. Su hermana Cristina va como candidata del PPD por el distrito 18 (Cerro Navia, Lo Prado, Quinta Normal), de modo que un poco de credibilidad no le vendría mal a ese famoso clan familiar. ¿Qué mejor que contarse entre los contagiados por la gripe porcina? ¡Eso te da ene credibilidad, Guido!, deben haberle recomendado sus asesores. Además, es el primero, tal vez el único parlamentario que viva esta suerte de observación participante. Es un privilegio poder hablarle a sus parroquianos desde semejante adversidad. ¡Qué tremenda e imperdible cercanía con los más pobres! ¡Qué oportuno! Menos más que el senador no se perdió la gira europea; la suertecita. Dios sabe por qué hace las cosas. ¡achís!
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