POR PEPE LEMPIRA
Desde Yamena, Chad (ilustración Ajab)

Un amigo escribe: “Yo creo que Alejandro Goic tiene razón, para equilibrar eso de las minorías que se les ocurrió mostrar a los candidatos, deberían también incluir a los curas”.

Un paso atrás, para el que se perdió. El obispo Alejandro Goic acaba de hacer uno de sus rutinarios comentarios de actualidad como secretario general de la Conferencia Episcopal de los católicos chilenos. Aportes que, si bien tienen el aliño de lo debatible, suelen terminan en el basurero del olvido, como ocurrió con esa buena frase sobre los “sueldos éticos”.

Pero, esta vez Goic ha lanzado declaraciones más enredosas y menos articuladas. Veamos: “Creo que, en el interés de captar votos de los candidatos, se presentan muchas realidades que existen y quieren llegar a todos los grupos humanos, pero desde mi perspectiva, hay también un límite”. Y acota, “no hagamos de la excepción una cosa tan generalizada cuando es algo que afecta -sin duda y profundamente-, pero es a grupos minoritarios”.

Si no comprendió la suma de retruécanos e indirectas, yo se lo traduzco: Se habla demasiado de los colitas en las franjas televisivas de los candidatos. Ese vendría a ser el aporte de la Conferencia Episcopal respecto de la campaña políticas en curso. Ovación… Los almuerzos deben haber estado abundantes en Punta de Tralca, porque parece que la digestión está consumiendo demasiado torrente sanguíneo y las declaraciones parecen redactadas por alguien con surmenage agudo.

O sea, los obispos se preguntan ¿Por qué aparece tanto el tema de los homosexuales en la franja, si ellos son apenas unos cuantos gatos?

Como bien hace notar el amigo al que le robo la frase del principio, minoría si que son los curas. O los mismos políticos. Y estos últimos se llevan la parte del león en la franja que se discute. Pero en el fondo el argumento, eso de hablar de cantidades de gente y minorías, resulta de harto discutible.

Si fuera por eso, no se podría entender que, por un lado, los católicos tengan parroquias en Isla de Pascua y capellanes en la Antártica. O mejor todavía, no habría razón para que sus sacerdotes, colegios, universidades y templos se concentren en servir a la minoritaria elite chilena.

No. Lo minoritario no es el tema, sino el recurso desesperado de un argumentador acorralado. Como ya no puede explicarnos, sin despertar risa, que los homosexuales son una aberrante injuria proferida por Satanás, el argumentador debe domesticar la explicación dogmática que aletea en su interior y ordenar en su cabeza algo que suene a racionalidad. En este caso, la racionalidad de los números y cantidades.

Acabo de leer en esta misma página un ejemplo notable de este fenómeno. Luciano Cruz-Coke ha tenido la amabilidad y decencia de otorgar una entrevista a este pasquín. Y veo sus respuestas llenas de frases que parecen argumentos inteligentes, lo que sorprende gratamente cuando viene de un ciudadano derechista. De hecho, pienso que el señor ha debido educar sus ideas en los últimos años al calor del contacto con personas que piensan diametralmente lo opuesto a él. Y eso ha debido enriquecerlo como ser humano.

Pero reviso su entrevista y no puedo dejar de visualizar una imagen que vi en televisión la última vez que estuve en Chile. Era un programa de recuentos televisivos de antaño. Mostraban a Soda Stereo actuando en el Festival de Viña. Rescataban como curiosidad una entrevista a un par de jóvenes de la platea numerada. Eran dos adolescentes rubiecitos, vestidos de ropa amasada a la moda de la época. Mientras la Quinta deliraba, ellos, cruzados de brazos, criticaban el poco varonil de aspecto del grupo de Cerati. “Parecen maracos”, decían estos blondos reaccionarios de tierna edad, exagerando al máximo la oquedad de sus acento estilo papa en la boca. Uno de estos mini homofóbicos era Luciano Cruz-Coke antes de hacerse famoso.

Para los más, las ideas no son otra cosa que la racionalización arropando a los dogmas de la infancia y los fanatismos de la juvenitud. Goic y Cruz- Coke son dos ejemplos. Pero también la mayoría los escasos comunistas actuales son genéticos. Hijos y nietos de… Por lo mismo, finalmente ninguno -Alejandro, Luciano y los comunistas de quinta generación- resulta muy brillante o convincente. Y todos ellos están obligados a hacer malabares a la hora de explicar sus pensamientos.