Por Paulo Gnecco

La victoria de Piñera ha traído una hecatombe vertiginosa en la concertación de partidos por la democracia. Se grafica con la victoria de la centro derecha chilena el fin de una época que, como dice el dicho, tuvo la partida de caballo inglés y llegada de burro. Y es que es fácil advertir, entre tantos acontecimientos que el sustrato ideológico de una centro izquierda opaca ha sucumbido, sin planes ni proyectos populares capaces de empoderar a una ciudadanía cada vez más defraudada. La victoria de Piñera, bajo el punto de vista del cambio se ve como una promesa buena y mala, para los que nos creemos progresistas de verdad, y no para los que profesan el progresismo de Carolina Tohá y sus secuaces, que consiste en ser electa parlamentaria y en pasarse por el poto a sus electores, renunciando a su cargo de elección popular para ir al gabinete malogrado de una presidenta que se va a ir sin pena ni gloria, y que deja en la izquierda verdadera la imagen de que el socialismo consiste solamente en entregar bonos y hacer cambios pausados en una sociedad abiertamente injusta. Así este nuevo gobierno se ve como una promesa mala en lo que respecta a la educación, que con cada minuto que pasa, deja una brecha cada vez más insostenible, desde el punto de vista ético, entre pobres y ricos, situación que por la condición inherente de la derecha como “grupo de poderosos que pretenden preservar los privilegios de los que son poseedores por situaciones fortuitas, privilegios que quieren entregar a sus descendientes” obstaculiza una mejora sustancial en el mundo de la educación pública. Pero ese es tema viejo y repetido, lo que debemos aprovechar los que pertenecemos al mundo que queda a la izquierda de la DC es algo insólito y extraordinariamente fecundo, si se logra aprovechar de la manera correcta y tiene que ver con lo bueno de la promesa asociada a este nuevo gobierno de derecha en Chile.
¿De qué hablo? Sencillo. Hoy, y como nunca desde los albores del gobierno de Lagos y un poco antes, el socialismo chileno tiene la oportunidad de restablecer el trabajo de bases, el trabajo desde y para el pueblo de Chile, con especial ahínco en los jóvenes y en los explotados. Es la ocasión indicada para que el partido socialista de Chile despierte de un letargo histórico que lo ha transformado en un partido socialdemócrata (en el mal sentido del término) de un país que trata de ser europeo. Hoy es la mejor situación política que se ha presentado de cara a un partido que, por directivas pasivas y con lealtades mal entendidas a lo largo de más de diez años, ha dejado de lado lo que más le caracteriza: un ímpetu revolucionario y demócrata, como el que profesaran sus grandes próceres del pasado. Si el PS logra restablecer su trabajo desde la base de la pirámide social habrá ganado en humanidad e ideas. ¿Cómo retomar la mística de un socialismo chileno y demócrata? Por lo pronto alejándose de los partidos que le han dado al PS una tolerancia exacerbada y vergonzosa al neoliberalismo brutal que prima en las distintas esferas de la vida política-económica-social de nuestro país de diferencias.
Así vemos que se hace insostenible la existencia de un partido que encarna la burocracia desde su génesis hasta ahora, ese es el PPD. ¿Cómo se concibe la simbiosis enfermiza que ha tenido el PPD junto al PS? Resulta inexplicable ver como un partido instrumental aún no desaparece de la escena política, a pesar de que la dictadura se fue dos meses antes de que yo naciera, de lo que van un poco menos de 20 años. Mucho tiempo y agua ha pasado bajo el puente y hoy, por un compromiso con una ideología de avanzada que yace latente en el corazón del PS, por su propia sanidad resulta contradictoria cualquier relación con aquel nicho de burócratas y operadores antirrevolucionarios.
Por otro lado tenemos dentro de la misma concertación a un PRSD con personajes con aspiraciones presidenciales y contradicciones en su actuar de tal grado, que hasta los indignos PPD’s mencionados antes critican por su falta de compromiso, por su traición. Fernando Villegas en La Tercera, el día sábado 23 de enero de 2010 narra con una maestría poco usual en él la realidad del PRSD hoy y a lo largo de su historia. Un partido que de radical tiene poco, y de ideología menos. Un partido que, como él mismo describe en su análisis histórico, ha estado en cuanta coalición política ha existido, ha sido considerado de izquierda y de derecha y peor aún, al mismo tiempo y no ha sabido hacer nada mejor, desde el punto de vista de la función política, que sobrevivir, quizás por la nostalgia adjunta que trae el cerrar la tienda de los padres de los actuales militantes, o sus abuelos. Con un partido así el PS está condenado a vagar en una lógica de mediocridad social, de no reestructuración profunda, que es absolutamente necesaria.
Y queda un solo partido en la concertación, del cual el PS debe desligarse también. La Democracia Cristiana. Partido que ha hecho que se “democratacristianice” el PS, el eje gravitante en la mediocridad de los 90s y 00s de el partido que apoyara a Allende. La sensibilidad social de cambios violentos que debería poseer el partido socialista de Chile se ha perdido en gran parte por la convivencia electoral junto a un partido grande y tan de centro como lo es la DC.
Por otro lado es la oportunidad para que el PS reestablezca lazos de cooperación con los partidos tan injustamente desprestigiados de la zona más roja del espectro político chileno, también es la hora de que sea un partido de encuentro para cuanto movimiento de izquierda ha surgido en estos años y que por motivos binominales han tenido que vivir haciendo política en barrios, universidades, institutos, liceos, colegios, empresas, que al final, constituye la esencia verdadera de lo que es la actividad política del hombre, creo yo, pero que lamentablemente no goza de poder real.
Las cartas están echadas, y a pesar de que se eligió, dentro de lo malo, lo más malo como futuro gobierno, las cartas que tiene en la mano el PS y su gente auspician un color, rojo y potente, que podrá reconquistar, con una épica nueva, a los actores sociales comprometidos con la justicia y la igualdad de oportunidades, para así restablecer un sueño que aún está vivo en el corazón del corazón de los que somos progresistas de verdad, y no de la boca para afuera.

PD: Y sí, soy pariente de Luis Gnecco el actor piñerista, pero no lo conozco personalmente jajaja