POR CLAUDIO PIZARRO
Luego de degollar al padre Faustino Gazziero en la Catedral de Santiago, Orias fue internado en el Hospital Psiquiátrico de Putaendo. Cuatro años más tarde el Servicio de Salud de Aconcagua decretó su libertad por considerar que su esquizofrenia estaba bajo control. Desde entonces ha tratado de rehacer su vida. A fines del año pasado ganó un campeonato de fisicoculturismo en Coyhaique y se perfila como uno de los mejores exponentes de la zona.
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Sólo un leve rictus. Una mínima mueca en un rostro casi inexpresivo. Así fue cómo Rodrigo Orias, peinado a la gomina y con su cuerpo perfectamente aceitado, celebró su victoria luego de ser elegido campeón del primer torneo de fisicoculturismo de Coyhaique. Fue el 5 de diciembre del año pasado. Nada se sabía de él hasta entonces. Salvo que había abandonado el hospital siquiátrico de Putaendo, curado de una esquizofrenia paranoide que lo habría llevado a degollar, tiempo antes, al sacerdote Faustino Gazziero en plena Catedral de Santiago. Desde aquella fecha hasta hoy han pasado casi seis años y la vida de Rodrigo Orias ha dado un vuelco abismante. Hace poco más de un año que acude sagradamente, tres veces a la semana, al gimnasio Power Fitness de la ciudad austral. En el lugar levanta pesas, hace abdominales y ejercicios aeróbicos. Dicen que es un deportista constante que mezcla sus duras jornadas de trabajo en la construcción con el fisicoculturismo. También que tiene una estricta rutina de alimentación especial. Por esto se le ve poco en las calles. Sebastián Alvarado, amigo suyo, cuenta que cuando a su partner se le mete algo en la cabeza es muy difícil disuadirlo. “Ya casi ni lo veo, le hace mal salir demasiado, puede caer en tentaciones”, confiesa.

Aunque por estos días se ha ausentado del gimnasio por una lesión muscular, en el recinto Orias ha encontrado nuevos amigos. Al principio llegó silencioso pero con el correr de los días se fue relajando. Lo mismo le sucedió a aquellos que sabían su historia y que en un comienzo observaron con resquemor sus tatuajes satánicos. Todavía luce, marcado a fuego, un “Baphomet”, símbolo de la iglesia de Satán compuesto por una estrella pentagonal invertida adornada en el centro por un macho cabrío. Pero ni los tatuajes ni el torso intimidante de su nueva contextura han impedido que se relacione con normalidad con los otros fisicoculturistas.

-No habla mucho pero de repente, cuando agarra confianza, echa sus tallas y comparte con los demás, nunca lo he visto en nada raro- cuenta José Luis, administrador del gimnasio.

El aspecto de Orias todavía guarda reminiscencias metaleras y, al parecer, su afición por el black metal persiste. Entre la gente de Coyhaique, si bien todavía no olvidan lo que hizo, son cada vez menos los que se atreven a recordárselo. Menos ahora que ostenta una musculatura de temer. En el fondo, cuentan sus coterráneos, el tipo quiere pasar piola. Varios periodistas han acudido al gimnasio a preguntar por él. Ninguno ha logrado sacarle una sola palabra. El administrador del recinto cuenta que desde que los tíos de Rodrigo se pelearon con un canal de televisión la prensa está totalmente vetada en su familia. El mismo Orias confesó a sus amigos que mientras menos se sepa de él más fácil olvidarán lo que hizo.