POR PEPE LEMPIRA
Basta de cafecitos con amigas y otras frivolidades, madres desnaturalizadas de Chile. Porque a través de inquisitoriales métodos, aun por definir, la vicepresidenta ejecutiva de la Junta Nacional de Jardines Infantiles, Ximena Ossandon, quiere asegurarse no se gaste un peso de más del erario. Sobre todo, cuidando a niños chilenos que hayan tenido la mala idea de nacer de mujeres que pierden el tiempo en cosas personales en el trayecto entre la fábrica a los pañales.

Estoy aterrorizado. El país debe encontrarse en la más completa bancarrota, y no nos han contado para evitar una corrida bancaria. Porque de otra manera no se puede entender que hayan agudizado tanto el ingenio a la hora de hacer recortes presupuestarios en los planes sociales. ¿Qué sigue? ¿Los hijos de quienes digan garabatos ya no tendrán clases de lenguaje en las escuelas? ¿Se dejará de dar atención médica a quienes trasnochan e ingieren alimentos entre comidas? ¿Ya no habrán raciones de leche para los niños más traviesos? ¿Los cabros pierden el derecho a su consulta en el oftalmólogo (suponiendo que ese beneficio médico existiera) si es que ven demasiada televisión?

La directora de la JUNJI afirma –textualmente- que la institución se encuentra ante la disyuntiva de tener que cuidar a los hijos de mujeres que abandonan a sus vástagos en los jardines infantiles fiscales, para de inmediato irse a la playa. Supongo que a perderse en un frenesí de apuestas en el Casino de Viña y paseos en yate… También dice que en la institución no quieren quedarse cuidando a los hijos de mujeres que se van a compartir un café con una amiga o, simplemente “a tomar”.

Me imagino que, en la mente de Ximena Ossandón, el primer ejemplo –la madre fanática de las escapadas a la costa- es una situación hipotética, que introduce en su argumento por caridad cristiana. Como para no personalizar demasiado la cosa, digamos. Tampoco creo, habiendo vislumbrado las caricaturas que rondan su cabeza, que esta personera esté realmente preocupada de que las madres de los niños de la JUNJI estén comiendo galletitas y estrudel con sus amigas, en un salón de té de ambientación tirolesa.

En verdad -y sé que aquí voy a especular- creo que la señora parece imaginarse que las supuestas mujeres irresponsables están dentro del perfil del primer caso que menciona en su declaración: La mujer que “decide irse a tomar”, presumiblemente a tabernas y happy-hours, antesala de toda suerte de apareamiento y adulterio. Dejémonos de cosas. Le faltó decir “están puro maraqueando”. Pero no fue necesario; todos entendieron el mensaje.

Emerge no solo una moralina digna de la directora de un orfanato sacado de Charles Dickens. El comentario es un escupitajo en la cara de las mujeres trabajadores y una muestra de la patudez recurrente de algunas patronas de alta sociedad. Esas que tienen la extraña fantasía de pensar que las mujeres de otras clases sociales no saben criar a sus hijos, cuando precisamente son las que se los crían a ellas, en muchos casos.

¿Y los padres? Continuando con el parodia social propuesta por la autoridad, que sigan castigándose en su bacanal de chicha, muday y bailes en el salón de la Negra Ester. Porque los niños atendidos en la JUNJI no cuentan con ellos para nada, según la visión estratégica de Ossandon.

Tras todo esto, la tentación de maldecir es grande. La opción de recurrir a ataques ad-hominem, es tentadora. Pero no quiero entrar a contabilizar las nanas e hijos de su señoría. A remarcar lo inconstitucional de convertir a nuestras oficinas públicas en edificios confesionales. O a señalar lo ilegal que resulta inmiscuirse en lo que hacen las chilenas con su escaso tiempo libre. Los dichos desnudan a cada cual, sin necesidad de caer en bajezas ni argumentos técnicos.

Lo único que importa a estas alturas es que no continuemos despeñándonos al vacío más espantoso, al despiste patológico, a la autoridad-burbuja… A la excusa barata, que ayer nos decía que el asistencialismo había muerto, para hoy terminar tratándonos como interdictos, que están a cargo de una súper mamá que no sabe ni siquiera dónde está parada.