MAURICIO I. YÁÑEZ ARCOS
Sin periodistas y con un bajísimo perfil, el técnico rosarino asistió a un encuentro con niños de un centro deportivo en la escuela Herminda de la Victoria, en Cerro Navia, que reunió a más de cuatrocientas personas. Bielsa no pudo dar la charla que llevaba preparada porque, como dijo, “a los niños no les voy a contar pelotudeces”. Y decidió repartir los abrazos y apretones de manos que no dio en La Moneda.


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Más de cuatrocientos abrazos y apretones de mano repartió Marcelo Bielsa el 28 de mayo en la Escuela Herminda de La Victoria, de Cerro Navia, a las decenas de niños y padres que esa noche repletaron una escuela a la que había sido invitado a dar una charla. La única condición del DT fue que al encuentro no fueran ni políticos ni fotógrafos.

La visita fue gestionada por Sergio Ramos, profesor de fútbol del club Talentos de Cerro Navia; Víctor Villar, uno de los fundadores de la población; y Michel Levín, director de Acción Cultural. La idea era presentarle a Bielsa el trabajo que hacen en Cerro Navia. Y de paso, impulsar la actividad deportiva en niños y jóvenes.

La historia de cómo llegó Bielsa a ir a Herminda de La Victoria es tan singular como el carácter del argentino. La cuenta el profesor Ramos:

-Conocí a Bielsa a principios de 2008. Soy profesor de fútbol en barrios populares, y me gusta su estilo de juego. Si juegas fútbol no puedes usar el estilo murciélago, con cinco tipos colgados al travesaño, debes jugar ofensivamente. Así que le envié una carta para que me invitara a ver los entrenamientos –dice.

A los días, Ramos tuvo una sorpresa: “venía un día con mis bolsos después de entrenar y sonó mi teléfono, y sin presentación previa me dice recibí tu carta, te espero mañana para que veas el entrenamiento. Casi me caí de la emoción”.

Y al otro día Ramos llegó a Juan Pinto Durán, donde fue recibido por Bielsa, que lo invitó a observar en primera fila la práctica de la Selección. “Me gusta trabajar sin tanta parafernalia”, recuerda Ramos que le comentó el rosarino, y una vez que concluyó el entrenamiento lo invitó para que volviera al otro día. Pero una operación le impidió a Ramos hacerlo y “perdí el enlace”.

Tiempo después, miembros de las organizaciones populares del barrio recordaron el contacto de Ramos con Bielsa y pensaron que podía invitarse al técnico al barrio para impulsar el deporte. Entonces, Ramos se abocó a invitar a Bielsa a Cerro Navia.

LA CHARLA

El profesor Ramos le mandó una carta a Bielsa invitándolo. Le adjuntó un documental y un libro con la historia de la población Herminda de La Victoria, que se llama así por la niña de solo un mes que en 1968 murió por una bala disparada por Carabineros mientras desalojaban una toma de terrenos en los sectores que hoy cobijan a Cerro Navia. Bielsa lo llamó al poco tiempo y le dijo que el encuentro era factible, pero que debía avisarle con 24 horas de anticipación.

A la semana siguiente, volvieron a comunicarse. Bielsa dio instrucciones. “Al principio dijo que vendría solo en su auto, pero luego se contactó un asesor y nos dijo que debíamos pasarlo a recoger”.

El 28 de mayo, a las 17,30 horas, Michel y Ramos fueron por Bielsa y lo encontraron trabajando. “Llegamos media hora antes, él estaba con unos carpinteros. Terminó lo que estaba haciendo y se dirigió a nosotros: ‘ya, muchachos, ¿estamos? ni prensa ni políticos, vamos’. Y cuando vio el auto en que lo pasamos a buscar nos tiró la talla: ‘¿No dijiste que eran pobres?!’ , y largó una de las tantas risas que repitió durante el viaje”, recuerda Ramos.

Bielsa, dice Ramos, se sentó en el asiento de atrás con las piernas abiertas y con todo el cuerpo hacia delante. Con los brazos apoyados en los respaldos de los asientos, se fue conversando con sus anfitriones. Hablaron de fútbol y de Chile. El DT siguió con las bromas. “Nos decía ‘has dicho como cuatro veces que quedan diez minutos para llegar”, recuerda Ramos.

Bielsa les hizo ver que el documental y el libro que le habían mandado le habían interesado. “Nos dijo que quería conocer nuestra historia, porque es más cercana, son historias similares. ‘Quiero que me cuenten de ustedes’, nos decía, y subrayaba que nuestro trabajo le parecía muy bien, que era fenomenal mezclar cultura y deporte, por el tema de las políticas públicas”, relata Michel.

Y sobre Chile, Bielsa les dijo que le gustaba, “es bonito, tiene instituciones públicas de las más estables en Latinoamérica, una economía estable. Me gusta la gente, es amable, muy respetuosa, me siento a gusto”. Y, obvio, los anfitriones no pudieron dejar de hacer la pregunta que una gran mayoría de chilenos espera que responda: ¿Se queda dirigiendo la roja?: “Yo me quedaría, todo depende de mi familia, de la mami (esposa). Tu sabes, soy un hombre con responsabilidades”, recuerdan que les dijo.
En varias ocasiones, dice Michel, Bielsa les reiteró la importancia del trabajo con niños: “debemos recordar que todos lo fuimos” -les dijo- “y nos confesó que él tuvo una infancia difícil, aunque no entró en detalles”.

Cuando estaban por llegar, Bielsa empezó a darles instrucciones de lo que vendría: “Tengo cuarenta minutos, dejáme con la gente, no tratés de sacarme. Si no puedo hablar, porque sabés como son los niños, dejo de hablar. A los niños no les voy a contar pelotudeces. Quiero tener contacto con ellos, hacemos una fila, damos abrazos y fotos, y les entrego afecto”.

Mientras, la gente se aglomeraba esperando al DT. Cuando iba entrando al colegio, una señora señora gritó que no la dejaban pasar, y Bielsa la llamó a su lado y entró abrazado a ella. “Fue en ese momento que dimensionó lo que venía. Se dio vuelta y me dijo vos me trajiste, vos me sacás”, relata Michel.
Y de una charla en que hablaría sobre el camino que debe recorrer un futbolista para convertirse en profesional, Bielsa sólo alcanzó a decir tres o cuatro frases: “Parece que los chicos están entusiasmados” –dijo- “me parece que les gusta el fútbol”. Pero nadie lo escuchó.

“Todo se desbordó, hasta se veían viejos saltando rejas para estar cerca de Bielsa, nadie lo escuchaba. Adultos y niños comenzaron a formar una ola que lo arrastró hasta un comedor ubicado atrás de la cancha, aunque nunca perdió el control”, cuenta Sergio Ramos.

Michel organizó las cosas. Dio instrucciones para hacer una fila donde se mezclaron todos para tener su turno de saludar y tomarse una foto con el técnico. “Sólo preguntaba cuánto me falta, y no dejó de saludar ni tomarse fotos con nadie”, recuerda. Esto duró cerca de 25 minutos, tiempo en que alcanzó a disfrutar brevemente del cóctel que pobladoras le habían preparado. Pero sin alcohol. “Él es muy simpático y agradable. Cuando le ofrecimos el cóctel me dijo ‘no, mami, no le hago’. Y aceptó tomar agua mineral”, relata Violeta Ojeda, que preparó el ágape.

Los niños también se le acercaron al DT.

-Yo le envié una carta diciéndole que quería ver a los jugadores. Lo saludé. ‘Cómo estai’, me dijo. Me emocioné, era grande, como mi tío. Me llamó ven pa’ la foto. Me gustó estar con él –recuerda Bastián, de 8 años.

La fila de los saludos terminó cuando los organizadores se dieron cuenta que algunas personas se repetían. En medio, todo era un alegre caos.

-Era divertido ver a los carabineros tomando fotos con sus celulares, aguantando que los niños los empujaran o les golpearan las gorras. Incluso nos ofrecieron subirlo a un furgón y llevarlo primero a la comisaría. Pero él fue enfático: ‘los que vinimos nos vamos”, dijo –cuenta Michel.

Y así salieron rumbo a Pinto Durán. Bielsa, recuerda Michel, estaba muy sudado pero feliz. “Le regalaron un cacho de cristal tallado y nos preguntó qué era eso, si significaba que era cornudo por tener su mujer al otro lado de la frontera, y cuando le explicamos lo que era soltó una gran carcajada que duró algunos minutos”.

“Estas son las charlas a las que me gusta asistir”, le dijo el rosarino a Ramos y Michel en el auto, y recordó que un pequeñito, como de 6 años y vestido con la Roja le había preguntado “¿y a mí cuándo me va a llamar a la selección chilena?”. “Me parte el corazón, dijo”, cuenta Michel.

“Le encantó la algarabía, dijo que le hacía ser más feliz, que le llenaba el corazón estar en estos lugares”, señala el profesor Ramos. “Queríamos tener un impulso para que los niños se entusiasmen con el deporte. Bielsa era como un dios. Muchos papás no nos creyeron y no asistieron. Su venida nos dio credibilidad, y nos mostró que las cosas grandes para nuestra población están a la mano, son accesibles, podemos hacerlo”.

EL CONVIDADO DE PIEDRA

Pese a que no fue invitado, el alcalde de Cerro Navia, Luis Plaza, llegó al encuentro, y aunque se le indicó que esta era una actividad realizada por los propios pobladores organizados, tanto él como su equipo de asesores argumentaron su calidad de autoridad.

Según relatan los organizadores de la visita de Bielsa, el club Talentos de Cerro Navia funciona desde 1988, y no recibe ningún tipo de apoyo del municipio, lo que hacía, según los encargados, “impresentable que el alcalde se apareciera”.

“Llegó con sus asesores, que hicieron un incansable acecho para intentar sentar al alcalde al lado de Bielsa, pero no lo dejamos, no correspondía”, explican los encargados. Y si bien el edil logró saludar al técnico, no hubo diálogo entre ellos.

“Fue el único momento en que vimos molesto a Bielsa, cuando regresábamos en el auto nos trató de mentirosos, y tuvimos que explicarle que no fue nuestra intención, que Plaza lo hizo a la mala”. Ahí fue que el rosarino reflexionó con que “a veces hay personas que aprovechan la imagen de otros en lo que no les corresponde, para un fin propio”.