Opinión
7 de Septiembre de 2010
Ruta Costera Nacional, la compensación del Transantiago
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Por LUIS MOLINA VEGA, ex precandidato presidencial / Tomé
Hasta el gobierno de Bachelet la Ruta Costera Nacional se proyectaba concretar en el año 2020, y aunque la información disponible no es clara, se deduce que el proyecto no consideraba el tramo Arica-Iquique. Así, para conectar Arica con Puerto Montt por la costa restan alrededor de 650 kilómetros de pavimentación en una sola calzada. El problema de fondo en la concepción del proyecto es que una ruta a cuya trayectoria origen-destino le faltan tramos no es una ruta en sí hasta que se concluye; viajar desde Santiago a Puerto Montt por la costa no es una alternativa masiva, no es una alternativa a la Ruta Panamericana y, por lo tanto, ponerse como meta concluir el camino pavimentado en el año 2020 es un objetivo mezquino, falto de visión y un mal negocio como Estado, al fin.
En efecto, la Ruta Costera Nacional evitaría seguir invirtiendo en ferrocarriles, pues habría una mayor oferta de caminos -dejando el transporte pesado principalmente a la Ruta 5 y el vehicular liviano a la Ruta Costera, por ejemplo-. También se evitaría transitar obligadamente por Santiago para cruzar Chile -con peaje obligado-, y además se podría posponer la construcción de la doble calzada en la Panamericana Norte, en las regiones del desierto, priorizando la inversión costera, un lugar que claramente tiene mayor rentabilidad social. Por supuesto sería una opción a los caros peajes de una Ruta 5 en manos de empresas que tiene el monopolio del tránsito nacional y, además, una alternativa estratégica en caso de cortes importantes de caminos o puentes en esa autopista principal.
Propongo entonces que no solo se terminen los 650 km que faltan en el año 2011, sino que se comience la pavimentación en doble calzada -unos 3 mil km restando el tramo La Serena Los Vilos ya construido-, y tengamos una ruta de alto estándar antes del 2014,
para lo cual estimo una inversión total, en doble calzada, de unos 2 mil 200 millones de dólares; algo así como 2 a 3 años de Transantiago.
Seguramente esta inversión no gustará a las actuales concesionarias de la panamericana, pero ya han pasado muchos años de negocio, y es el momento de que el Estado les ponga competencia o él mismo enfrente la inversión como un operador vial que se ha librado de invertir en las autopistas entregadas a privados. ¿No era ese el sentido?
La Ruta Costera Nacional es el comienzo de un nuevo mercado turístico, es además un nuevo Chile que se abre a sus 17 millones de habitantes, pero sin duda es un proyecto cuyos principales beneficiarios son las regiones, en especial sus pueblos, más que sus grandes ciudades. Terminar ya este proyecto es una inyección a la vena del desarrollo de lugares postergados, por lo que se hace necesario que los nuevos recursos que se destinen a regiones, como compensación por la alta inversión dada al Transantiago, sean dirigidos a ella, como tal.



