POR BRUNO VIDAL

    A Machuca y quién sabe.

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Mi experiencia en el género humano, no he tenido otra, me resulta alentadora, con creer en la resurrección de la carne ya me siento en la gloria, y me aseguro una estadía en el orden temporal a buen provecho, pese a todos los dolores me siento agradecido, veo lo bonito de la vida, disfruto de una buena comida, de un vaso de agua, a propósito del agua, todos los santos días al poder lavarme la cara y darme una ducha siento que soy premiado, digo, si hay agua toda la mierda, la mía y la de todos, puede expulsarse lejos por las alcantarillas en toneladas, he llegado a pensar que una política seria es aquella que resuelve todos los problemas de la escatología, si la mierda se va por las esclusas, alabado sea no sé quién, pero si hay agua servida, hay confort, hay dicha; si leo una novela espléndida me regocijo, por ejemplo se consulta la primera frase y ya uno siente que queda enganchado para las siguientes parrafadas que serán interminables y no por ello no exquisitas, comerse un hot dog en una fuente de soda, que escasean sea dicho de paso, puede ser un acontecimiento de lo más grato, uno se tienta y se repite el perro caliente, andar en metro y fisgonear a una dama sutilmente podría dar paso a una sensación placentera, la fulana al advertir la mirada puede agradecerte, pese a lo duro del cuento “El árbol” de la María Luisa Bombal uno se extasía, lo lee con fervor, enseguida el placer se constituye en una jornada literaria, quieres llegar al extremo de ir a Referencias Críticas en la Biblioteca Nacional y averiguar, ver una final de fútbol puede constituirse en una experiencia mística, llena de gracia.
Todo esto no significa que uno no pase malos ratos y vaya que se pasan malos ratos en la lectura, en la comida, en la política y no siempre hay chorros de agua, no siempre hay un baño de tina y el partido de tu deporte favorito es un desastre en toda la línea, vuestro equipo fue goleado como local, sobreviene el mal humor y hasta puede quedar la tendalada en el ánimo, se dice además que uno puede amanecer con el pie izquierdo, andar atravesado, eso es la vida, son oscilaciones, son hechos consumados del cotidiano más enérgico. ¿Dónde está lo pérfido? ¿Dónde la mala maniobra? ¿Dónde queda la cagada irredenta? ¿Dónde uno caga pistola? ¿Dónde reside la mala fe? Y lo voy a decir con todas sus letras: EN EL RESENTIMIENTO GRATUITO (versión pelambre chileno incorporado), y chucha que hay jetones que tiran mierda con ventilador, no les cabe en la cabeza que haya éxito personal en el prójimo o que estén bien inspirados, y lo peor es la imposibilidad de zafarse de esos jetones, son colegas en la pega, son hermanos de sangre, son habitantes de la misma morada, son sujetos a los que no puedes pegarle un tiro en las sienes para que dejen de joderte, te molestan, te pelan, te insultan, te chantajean, te tiran la foca, te denuncian (el ejemplo más brutal: “Allende toma Chivas Regal 12 años cómo dice que es socialista”).
Por desgracia, esos individuos que en la patria proliferan son personas humanas con las que a menudo uno tiene que lidiar, hay que compadecerlas, comprenderlas y te hacen perder un precioso tiempo; pero hay un compadre al que se le pasó la mano aquí en The Clinic, sí señor, aquí mismo en éstas páginas idílicas, el aludido tira mierda y se da el lujo de no dar nombres, se asila en una rata de marca mayor para no dar nombres, tacha con anonimato el quehacer de los artistas visuales del presente y la labor caritativa del Hogar de Cristo y dice “pero no voy a dar nombres”. Mire señor Guillermo Machuca, lo encaro, diga los nombres, de lo contrario su moralina no solo es descafeinada, sino que su artículo lo ha escrito en el resentimiento odioso de sacarle provecho a la indigencia ajena. Y esa es falta grave en las consideraciones intempestivas de la coyuntura.
A mí no me parece. Bien que bien, soy un poeta dionisíaco de primera antigüedad.