Enade: El pobre como mendigo

El ministro Kast de Pobreza (o Mideplan) había disfrazado un actor de pobre, o más exactamente de mendigo. La autoridad había ordenado que el histrión representara su papel ante la crema y nata del empresariado, en el seminario Enade, para que los peces gordos tuvieran en mente a la pobreza.

Sebastián Bowen, a veces se levanta con el pie derecho. Una de esas veces, meses antes de embarcarse en la lamentable campaña de Frei, dejó a Piñera pidiendo la toalla en un programa de televisión de trasnoche que nadie vio. Era un panelista más, en medio un grupo de jóvenes líderes preguntones, seleccionado como muestrario de las nuevas generaciones. Claro que todos los miembros de la muestra, tal como Bowen, parecían militantes activos de la pastoral y con su carnet de clase media-alta al día. Nada raro, porque era un programa de Canal 13. De esos que se hacían para cubrir las necesidades de editorializar cristianamente. A pérdida. Rating cero, supongo. Pero yo lo vi, porque no tenía cable y estaba sumamente aburrido.

Fue tal la paliza de Bowen a Piñera, que la animadora, en un momento dado, se confesó como ex empleada del entonces candidato, y salió impúdicamente a defenderlo. Comenzó a contar anécdotas que reflejaban la calidez humana del invitado, mientras éste le ponía a Bowen una cara de vendetta que llegaba a dar miedo. Ese archivo, si es que aún no lo han quemado, valdría oro. El emplazamiento de Bowen no era nada elaborado. Tan sencillo y genial que resulta estéril describirlo. El asunto es que, sospecho, esa noche había otra única persona, aparte de quien escribe, viendo el programa. Que esa persona era, presumiblemente, del comando de Frei. Acaso era el mismo Frei en persona… Se dijo esa persona: “Éste es el joven que necesito”. Por lo que, de alguna manera, el buen manejo y la lucidez momentánea de Bowen fue su perdición.

¿Por qué hablar de Bowen? Porque este martes también se levantó con el pie derecho. Luego se enteró de que el ministro Kast de Pobreza (o Mideplan) había disfrazado un actor de pobre, o más exactamente de mendigo, y que la autoridad había ordenado que el histrión representara su papel ante la crema y nata del empresariado, en el seminario Enade, para que los peces gordos tuvieran en mente a la pobreza. Bowen, ante tamaño desatino ministerial, tuvo un arranque de casi-lucidez y escribió en su teclado: “Es cómoda la pobreza sola, sucia y que pide limosna. La pobreza organizada, limpia, pidiendo oportunidades… incomoda, esa no está en Enade”.

Inmejorable punto. Un argumento cercano a la perfección, que desnuda lo burdo del happening ideado por el ministro admirador de Patch Adams. Aunque me toca aclarar por qué digo casi-lucidez y no lucidez a seca.

Resulta que tanto el pobre de Kast como el de Bowen piden. ¿Se fijaron? Claro que hay una gran diferencia entre pedir limosna y pedir oportunidades. Pero ambos están una situación mendicante. Entregados a la voluntad de terceros. Dando el pase al protagonismo ajeno: el de la beneficencia o el buen gobierno. Y sí. Resulta que hay una pobreza que, exigiendo o tomando, incomoda mucho más: La pobreza que ni siquiera pide.

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