Que no sonría Pinochet

Pucha que cuesta ser columnista en Chile. No por uno, más bien por el entorno. Hay que tener, como decía mi abuelo, cuero de chancho. Si con estupor comprobé que no es “políticamente correcto” cuestionar a “Patagonia sin Represas”, pareciera que mucho menos lo es hablar bien de EE.UU.

Hace unos días, una columna publicada en Azkintuwe sobre la detención de DSK, desató nuevamente la polémica. En ella daba cuenta del encarcelamiento del mandamás del FMI y de cómo el sistema judicial –al menos el de Nueva York- me merecía en consecuencia el mayor de los respetos. Como si se tratará de un capítulo de “La Ley y el Orden: UVE”, la denuncia de una víctima de agresión sexual terminaba con el “socialista de boutique” tras las rejas y aquello, supuse ingenuamente, merecía cuando menos un reconocimiento público. De haber acontecido en Chile, aventuré, los arrebatos californianos del francés hubieran pasado irremediablemente piola.

Eso fue lo que escribí. Y eso fue lo que desató la furia de los anti-imperialistas de la red (extraño; siempre he pensado que no hay nada más yanqui que la propia Internet). La cosa es que me dieron con todo. No faltó quien, para desacreditar mi punto, sacó a colación lo acontecido en Pakistán con Osama bin Laden, víctima de la justicia a lo “Lejano Oeste” de los gringos. Si, es verdad; no se puede llamar justicia al cartelito de “buscado vivo o muerto”.

Pero sepan que incluso en EE.UU. hay quienes comparten este cuestionamiento. Sin ir más lejos, en días recientes la propia Corte de Nueva York, donde está radicada la causa por los crímenes del 11S, elevó una queja formal al Departamento de Estado por la “ejecución extrajudicial” de su principal imputado. Esperaban ellos, una vez capturado y magullado el saudí, poder presentarlo vivito y coleando ante un gran jurado.

Pero aquello, lo sabemos, no entraba en los planes del Pentágono ni mucho menos en los de la CIA, preocupados de sobremanera de lo que su antiguo “aliado” en Afganistán pudiera divulgar ante las cámaras y la propia Corte.

Son las paradojas de EE.UU. y que se explican, entre otras cosas, por su variopinta composición federal, una verdadera “excentricidad” para el estado unitario, jacobino y centralista chilensis. Y es que uno puede ser muy de izquierda, pero homologar la realidad del Estado de Arizona con su similar de Pensilvania es cuando menos mezclar peras con manzanas. Lo mismo Florida con Nueva York.

Pero hay quienes parecieran no buscar argumentos sino atrincherarse. Y sin conocer de lo que se habla ni mucho menos intentar documentarse, lanzar sus ataques a diestra y siniestra. Recientemente y a propósito del temita HidroAysén, una entrevista en el cable al diputado del PRO, René Alinco, recibió tal cantidad de ataques en Twitter que me llevo a pensar si no estaremos regresando con banda ancha al tiempo de las cavernas. Seguro estoy que muy pocos de sus francotiradores se dignó ver o escuchar la citada entrevista.

Y es que sin compartir gran parte de su discurso, uno no puede negar el sentido común de varias de las afirmaciones del parlamentario de Aysén. La principal de todas: la necesidad de que las regiones, por sí solas y sin el tutelaje decimonónico de Santiago, puedan definir de una vez por todas sus propias prioridades locales en materia de desarrollo. “Para ello sirve la autonomía regional y los plebiscitos vinculantes”, subrayó Alinco entrevistado por CNN Chile, dando cuenta de un proyecto de ley presentado hace ya varios años y que duerme en el Congreso el sueño de los justos.

Por ahí van los temas gruesos que pone al descubierto HidroAysén; modelo de desarrollo y modelo de Estado. Dos “temones”, como diría Sergio Lagos. Pero del otro lado nadie pareciera dispuesto a escuchar. Mucho menos a ver. No, sigamos mejor en el ciberespacio con las chuchadas y en la calle con los trasnochados eslóganes ecologistas y políticos de señoras de las cuatro décadas. “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, fue la consigna que muchos “libertarios” repitieron en la última marcha ambientalista de la capital.

“Pedir lo imposible para obtener al menos lo posible”, aconsejaba sin embargo Bakunin, a todas luces más pragmático y aterrizado que sus actuales acólitos movimientistas locales. ¿Habrán leído estos cabros alguna vez un libro de Bakunin? ¿Sabrán estos jóvenes lo que postulaba, por ejemplo, Proudhon respecto del Estado y la Propiedad? Proudhon, uno de los padres del anarquismo filosófico, veía en las estructuras federadas y en las asambleas ciudadanas la solución a gran parte de los problemas generados por el capitalismo y su alienación del individuo.

Perdónenme la licencia, pero muchas de estas ideas no se ven ni por dónde en las marchas autoconvocadas por las sobrevaloradas “redes sociales”. Sean 20, 30 o 40 mil los manifestantes, lo que queda al final del día no pareciera ser más que un publicitado “evento Facebook”. “El pueblo unido avanza sin partido”, fue otra de las consignas repetidas hasta el hartazgo. Cabros, no confundir la legitimidad de los “representantes políticos” (por el suelo) con la legitimidad del sistema de “representación política” (guste o no, basado en partidos en gran parte de Occidente).

No seamos giles; enriquezcamos el debate, cortémosla con la prepotencia de quienes parecieran no aceptar el más mínimo de los disensos. Aceptemos que puedan existir una, dos y hasta tres versiones para un mismo hecho. De eso también trata la democracia. No hagamos que Pin8 sonría desde la tumba.

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