Tolerancia Cero a los Trogloditas

Escuchar y ver a Pablo Simonetti me recordó el filme de Steven Spielberg: “Encuentros cercanos del tercer tipo”. Un ser humano intentando comunicarse en un lenguaje desconocido para la mayoría de los televidentes, acostumbrados a vivir la sexualidad desde la negación de lo corporal y mirar a los homosexuales desde la caricatura fácil, tan recurrente en los estelares televisivos.

Cuatro panelistas heterosexuales intentaban afanosamente hilvanar una conversación con un homosexual, que ni ellos ni nosotros, estábamos preparados para entender. A decir de Humberto Maturana, para “lenguajear” con el otro, hay primero que reconocerle, tarea que el debate político de estos días, ha comenzado a reponer aún tímidamente.

El programa de televisión elegido fue uno que lleva por nombre “Tolerancia Cero”, título nada amigable para abrir una conversación de futuro en torno al reconocimiento que la sociedad chilena aún no da a quienes tienen una orientación sexual distinta a la mayoría.

Pablo Simonetti, es un reconocido escritor y columnista, notoriamente culto y refinado, de apellido televisivo, atractivo no sólo para quienes tienen tendencia homosexual, sino también para las mujeres, quienes hicieron explotar twitter alabando el mentón del ondero entrevistado.
Es gay, pero claramente no es el único. Hay en la escena literaria y política otros reconocidos homosexuales que han sido ícono de las luchas por los derechos de su comunidad.

Uno de ellos es Pedro Lemebel. ¿Por qué no fue Lemebel el invitado? Esbozo una tesis. El escritor de “Tengo Miedo Torero”, de seguro es un personaje demasiado zurdo, frontal e inoportuno para un canal que el propio CNTV ha multado con 400 UTM por las rutinas homofóbicas en el pasado Festival de Viña del Mar.

El elegido entonces para mirar de frente a Fernando Villegas fue un invitado “aparentemente” menos salido de libreto, más manejable y menos confrontacional. Un gay de buena familia, como diría la abuelita, pero ¡Se equivocaron¡ Pablo Simonetti, al igual que James Hamilton, abofeteó la hipocresía nacional, abriendo un debate ausente en la televisión, en La Moneda y también en el Congreso.

Por un lado, Simonetti sorprendió a todos al llamar a Villegas “Troglodita”, conocido entre otras razones, por sus comentarios en contra del mundo Gay, como aquella entrevista de culto dada a la revista “El Periodista” en febrero del 2003 y por otro, cuando el debate no se centraba en los temas de fondo, él lograba nuevamente poner en el tapete el sentido de su presencia en el programa.

Uno de esos momentos fue cuando el escritor de “La Barrera del Pudor” dijo: “nadie se alegró cuando conté que estaba enamorado”.

Cada uno de los panelistas, cada frase que esa noche se lanzó, son parte de un Chile que todos llevamos dentro. Frente a Simonetti, estaba el Chile odioso, anticomunista, racista y homofóbico.

El Chile irreal que se mira desde la compasión y no desde la igualdad. El Chile, que mostró Matías del Río, que asume sus cegueras, pero va en busca de una comunidad de iguales y el Chile de la aceptación, ese país que como comentaba Fernando Paulsen, no teme decirle a un amigo homosexual “pasa a buscar a mis hijos al colegio”.

Nunca antes el nombre del programa estuvo tan desconectado de lo que Simonetti le narraba al país. Quizás ya se cumplió un ciclo y se debe urgentemente cambiar el nombre a: “Tolerancia Cero a los Trogloditas”.

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