“Falta una política sexual de Estado”

Sus películas pornos son un culto. Se define como un sexópata y desde los nueve años que les miraba los calzones a sus compañeras, las pantorrillas a las monjas de su colegio y se masturbaba más de cinco veces al día. Por eso, no es casualidad que hoy esté ligado al cine triple equis: “de todas las parejas que uno tiene en la vida, habrá una o dos a las que uno le hace el amor y al resto te las tirai por caliente” -dice.

Fue en octubre del año pasado cuando a Leonardo Barrera se le ocurrió hacer una película sobre los mineros atrapados en la mina San José. Pero no cualquier película. Al primero que se la contó fue a Gustavo Pradenas, su socio y yunta, que lo acompañaba ese día en el Pasapoga: “vamos a hacer una película porno sobre los mineros”, le dijo. A los pocos segundos y mientras una chica bailaba sin ropa y con un casco en la cabeza, dio con el título del filme: “La mina se comió a los 33. Así se va a llamar”, le dijo a Pradenas, que a esa altura ya había sido nombrado productor de la porno.

La idea que esa noche pasaba por la cabeza de Barrera no sólo incluía a algunas porno star criollas tirando con un grupo de mineros. No, la idea de Barrera también incluía lo que él llama un mensaje social, el porno social.

-Estaba emputecido por el cuento mediático de los mineros, que mostraban a una derecha salvadora y paternalista. Se decía que sin Piñera no se hubiesen salvado, pero daba lo mismo quién estuviera. Eso me tenía emputecido y pensé entonces en una película que ridiculizara al presidente, pero los productores (Gustavo Pradenas) hicieron mierda el guión y me pidieron que bajara las revoluciones, porque estaba dando un discurso político para vender una película porno -cuenta Barrera.

Con el guión más definido (esto sólo se iba a tratar de sexo), a los pocos días echaron a correr el rumor de que ya trabajaban en la primera película triple equis sobre los mineros. La prensa nacional les dio algo de pelota, pero no fue hasta que un amigo lo llamó desde el extranjero que Leonardo Barrera se dio cuenta que “La mina se comió a los 33” era una mina de oro.

-No había pasado mucho tiempo cuando en el extranjero esto se convirtió en un boom. Tú gugleas “La mina se comió a los 33” y está en todas partes: ¡había 20 páginas de Google anunciando la película! Me llamaron de Ecuador, de Colombia, de Buenos Aires…

¿Y qué les contabas?

-El argumento… que la mina iba a estar representada por la pachamama y que ésta le daba deseos a los mineros. Además, que el boliviano no tira en toda la película.

Todo iba bien hasta que no llegó nadie al casting.
-Alguien dijo que el casting de “La mina se comió a los 33” fue el menos prendido, pero eso no fue así. Todos los días recibo un mail de un weón que quiere actuar. ¿Por qué no fueron ese día? Porque vieron mucha prensa y se cohibieron. Después, nos quedamos sin actrices porque las dos que teníamos, que eran Ana Karenina y Camila Bellota, quedaron embarazadas.

¿Y qué pasó con los japoneses que querían invertir?
Me mandaron un mail ayer porque dicen que están en condiciones de conversar. Fue un mail cortito en el que nos decían que esperaban que el proyecto se mantuviera porque querían hacerlo. Ellos son una distribuidora de cine de todo tipo y me gustaría llegar a acuerdo porque el mercado japonés es bueno.

¿Afuera prende el prototipo chileno?
Sí, po’. Mira, yo tengo un amigo al que le digo “la cucaracha”: es feo, chico y negro. Pero tiene de señora a una rucia alta y linda que lo adora. ¿Por qué? Porque para ellas es normal ver rucios de ojos azules, pero si ven una weá negra, una cucaracha, dicen ‘¡puta que weón más lindo!’. Fíjate en Aucán Huilcaman. ¿Con quién está casado? ¡Con una francesa! Eso te demuestra que afuera la gente busca otras cosas.

PAJERO

No es casualidad que el porno chileno haya quedado en manos de un hombre como Leonardo Barrera. Hace un par de días tenía una presentación en una red social que hablaba un poco de eso. Bajo una foto donde él aparece desnudo y en una piscina se dejan ver todos sus intereses: “busco pasar buenos y ricos momentos con mujeres atrevidas, osadas y calentonas”.

Y es que el que Barrera se haya convertido en el primer director porno y posteriormente, hasta ahora, en el único chileno que ha experimentado en ese género, tiene que ver mucho con su personalidad. Y también con su adolescencia.

-Cuando pendejo era voyerista con mis compañeras, las miraba por debajo de la falda… también miraba a las monjas debajo del escritorio, cuando estaban con la pierna arriba. En el fondo, me las imaginaba, porque veía 10 centímetros de pantorrilla y el resto… a ver, yo me masturbaba en la sala de clases. A los bolsillos les hacía hoyitos y me metía la mano en el pantalón y (imita el gesto)… yo fui muy pajero cuando cabro chico y cuando te hablo de pajero te hablo de cinco o seis pajas diarias: en la mañana, en el baño, en el colegio… e incluso lo mantuve hasta después de casado. De caliente no más.

¿Cómo es la mujer chilena para el sexo?

Es reprimida, porque va poniendo normas. Por ejemplo, las minas cuando dicen ‘es que yo soy una dama’. ¡A quién le importa que seai una dama! Si la mina es rica, todos los que la estamos mirando, la estamos mirando con ganas de cogerla. Y ojalá no sea dama, porque a lo mejor es terrible puta. Pero si le das los espacios, la mujer chilena es caliente, fantasiosa, apasionada y jugada. Por eso creo que los swinger han tenido tanto espacio, porque ya los tríos o el cuarteto están dentro de la normalidad.

¿Tú vas a clubes swinger?
Sí y me doy cuenta de la cantidad de parejas que participan. Me imagino también el doble estándar que deben tener, porque van a esas fiestas privadas y en la casa deben ser estrictos con los hijos y con una doble moral. El viernes fui a uno y había muchas personas, entre 70 y 80 parejas, de todas las edades. Era la fiesta de los corset, pero las minas andaban en hilo dental. Eso terminó en orgía, en el segundo piso pasaba de todo… habían camas con dos parejas, cuatro o cinco. En la misma barra un marido me presentó a su señora y le metí la mano abajo: “ah, qué rica la tení”, y son mujeres sobre los 40 y de toda contextura física: delgada, gorditas, más gorditas. Yo me imaginaba algunas con una facha de funcionaria pública. Pensaba: “chucha, a esta mina no me la imaginé nunca acá”. Ese día habían dos fiestas más y al día siguiente había una orgía.

¿Una orgía?
Sí, una orgía, una bacanal romana.

¿De cuándo que te gusta tanto el porno?
De siempre… no sé si el porno, pero sí el sexo. El porno fue un instrumento para crear. Soy militante del Partido Radical y en el momento en que partí con mis películas estaba muy metido en el mundo político. Una de las razones por las que partí con el porno fue porque quería una libertad completa.

¿Te gusta el sexo más allá de lo normal de lo que le pueda gustar a cualquier persona?
No, me gusta tanto como a cualquier persona, lo que pasa es que yo soy más cara de raja y lo digo. Yo hablo de sexo en todo y me gusta porque creo que el sexo mueve el mundo. Siempre he dicho que el sexo es un instinto, no es una emoción ni un sentimiento. Hacer el amor es otra cosa, pero yo no le hago el amor a todo el mundo. De todas las parejas que uno tiene en la vida, habrá una o dos a las que uno le hace el amor y al resto te las tirai por caliente. Me ha tocado en los lugares más increíbles. En el baño de un avión, en un barco camino a Punta Arenas, en el auto, en buses, en la calle, plazas, parques, costados de edificios, ascensores, cines, baños de discotecas, hasta en un restaurante una vez me pegaron un mamoncito… donde pueda y donde se dé la mano.

¿Y con minas ricas supongo?

De todo… a ver eeh… en el sexo uno no debe discriminar. A Lucky…

¿Cómo a Lucky?
A lucky venga… algunos me dicen que soy un Power Ranger.

¿Cómo es eso?
Porque me revuelco con cualquier monstruo, pero yo creo que todas tienen derecho… y da lo mismo.

Sin asco.
A nada. El sexo hay que disfrutarlo y yo lo disfruto plenamente. Prefiero las más normalitas que las más ricas, porque las más ricas te ponen condiciones o no saben tirar bien. Ojalá sobre los 30, porque las más chicas están como recién partiendo. Hoy la juventud parte sexualmente a muy temprana edad y eso hace que no tengan experiencia y que tampoco la adquieran porque siguen tirando con sus pares. Por una falta de política sexual de Estado hoy existe una ambigüedad sexual muy grande.

TRIPLE EQUIS
Fue en el 2000 cuando Leonardo Barrera comenzó a realizar películas pornos. Tenía 38 años y, según cuenta, las triple equis no fueron el manjar que saciaba su adicción sexual. Por el contrario, el argumento –agrega- estaba lejos del sexo: “esto fue por una causa política. Había que remecer los cimientos y decir no a la censura”.

¿Qué querías mostrar con tus películas?
Lo que quise demostrar –y ahí se me distorsionó el cuento- eran mensajes, pero el porno no es para dejar mensajes. Mi primera película fue hecha para ver si pasaba el consejo calificador cinematográfico. Se llamó “Historias de una adolescente ninfomaníaca”, actuada por Pussycat y yo dirigí y actué también. Después vino “Hanito, el genio del placer”, que era un genio que cumplía deseos. Allí había un mensaje que pretendía mostrar cómo la sociedad podía reprimir tanto a un ser humano y cómo era el poder de una chica, que llegó siendo nana y terminó convertida en la esposa del médico. Después vino “Apelación sexual”, donde me la jugué por mostrar la corrupción del poder judicial chileno y de la policía. Por eso, allí hay una jueza y un policía corrupto. La última fue “Lo sagrado, lo profano y lo obsceno”, que fueron tres historias cortas, una de ellas era de un cura que se aprovecha de una niñita, el milico que se aprovecha de la subordinada y… cuál era la otra… ah, la mina que va a hacerse los implantes y se tira al médico. La más importante para mí era la del cura, porque mostrábamos lo que pasó con el cura Tato, que en ese tiempo estaba de moda.

¿Cómo calificas tus películas?
Son una innovación. Son películas de porno social. Es un porno que te deja un mensaje. Aunque técnicamente las películas quedaron pa’ la cagá. Esto antes era amateur, pero igual se gastaban muchas lucas. La más cara me salió como cinco millones, que fue “Hanito”. En esa época se gastaba mucha plata en cinta. Lo que primero hacíamos era juntarnos a webiar para ver qué íbamos a hacer. Trabajábamos en un guión pauteado, pero al final los tipos no lo seguían.

¿Qué te decía tu mamá por estas películas?
Nada, en mi casa tenían un dicho ‘preferimos a este weón puto que maricón’. Además, siempre se habló con libertad del sexo, lo que pasa es que yo era más sexópata que el resto. Yo creo que es genético. De hecho tengo un cabro chico de tres años que le anda pegando agarrones en el culo a las minas en la calle. Hijo de tigre.

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