Alonso de Córdova: donde los wachiturros se visten gratis

La descripción es resentida pero hoy, en Alonso de Córdova, hay sol y, siempre, en Alonso de Córdova hay mujeres rubias-flacas caminando, el pasto es verde, las calles son amplias, y se escucha conversaciones -por ejemplo- sobre un perro de patas cortas, pelo largo y moño parado que le trajo una hija a su mamá desde Corea para que no estuviera tan sola; o del hijo de la no sé cuánto que toma mamadera y eso que ya tiene seis años, o de la cartera de pitón que está a punto de encargar una mujer casi rubia y casi vieja que tomó demasiado sol.

Tal vez por eso (y porque uno se siente resentido y flaite, y feo y -sobre todo- cochino al entrar a Hermes -donde una blusa de seda puede valer tres mil dólares, o a Armani -donde una cartera negra imitación cocodrilo vale mil ciento noventa y cinco dólares) es que al saber que en el último año han robado seis veces en Louis Vuitton, uno no siente pena.

O al leer la noticia que salió en La Segunda hace tres días que decía:

“Tiendas de Alonso de Córdova barajan éxodo: Preocupación existe entre los locatarios de las exclusivas tiendas de calle Alonso de Córdova por la ola de asaltos y robos tipo “alunizaje” que hace meses afecta Vitacura (…)”

Uno tampoco siente pena.

O al escuchar al mayor Rodrigo Espinoza de la 37a Comisaría de Vitacura decir que aunque los robos a tiendas siguen más o menos igual -26 el año pasado, 22 éste- no más que el asunto es que las grandes marcas -Armani y, sobre todo, Louis Vuitton- han sido más robadas y salen más en la tele, la gente se pone más paranoica (y la Municipalidad también: hace un mes puso más seguridad en la calle); uno no siente nada.

O al ver que Hermes, Ermenegildo Zegna o Louis Vuitton cierran sus puertas con llave todo el día porque están en el Alonso de Córdova más cuico -el de las marcas famosas-famosas, el que está entre Nueva Costanera y Vitacura- uno no siente nada parecido a lo que Carmen Street debe sentir mientras mira su Audi Negro (sí, esta descripción también es resentida) cuando un cuidador de autos lo limpia:

-Mi hija es la que vive acá.

-¿Y qué le dice?

-Acá es súper peligroso. Pero como en todas partes de Santiago, no más. La seguridad ya no existe.

-¿Qué partes de Santiago?

-Bueno, como cualquier casa del Barrio Alto. La otra vez hubo un asalto en Lo Curro sumamente grave, con balacera. Ya no estamos tranquilos en ninguna parte.

-Pero, por ejemplo, en comparación al centro de Santiago…

-Bueno, la verdad es que del centro yo no puedo opinar porque yo no voy al centro.

Las palabras de Carmen Street prueban dos cosas.

La primera: hay señoras de la clase alta que piensan que no es sólo Alonso de Córdova. Que el flagelo, el vicio, el yugo -o el sinónimo tipo Mega que le calce mejor a la delincuencia- ha herido a todo Santiago y se nota en que, por ejemplo, Daphne Nallar, vecina de por ahí, bronceada, sentada en su enorme camioneta blanca dice:

-Hay menos control. Se ha perdido muchísimo el control en todo lo que es seguridad. No sólo acá, ah. Hay mucho robo en los malls que no se veía antes. Todo lo que es Las Condes, Providencia, se ha vuelto peligroso. A mí me robaron en el Parque Arauco, me robaron mi cartera completa y le cortaron la cadena porque tenia hasta una cadena de seguridad. Y acá, en la noche, yo te diría que en la parte de los restaurantes hay bastante gente que cuida los autos, pero tampoco tú sabes quién está cuidando los autos…

La segunda: el estereotipo de la persona que no baja al centro existe.

-No voy hacia el centro-, dice Luz María, vendedora de la tienda Marrakesh:

-¿Por qué?

-Bueno, si me preguntas si me daría un poco de susto ir al centro ahora, sí: bajar en metro me daría miedo.

Luz María tiene los ojos verdes, los dientes un poco separados, las ideas inamovibles:

-Que la gente que comete delitos que pague como corresponde. Que se acabe la puerta giratoria porque entran y salen como Pedro por su casa. Yo creo que ahí está. Que hay que poner más mano dura. y en todo. En todo. Encuentro que están demasiado blandos. Imagínate que acá han robado Louis Vouitton una infinidad de veces y siempre es lo mismo.

-¿Ha cambiado Alonso de Córdova?

-Yo creo que todo ha cambiado. Hay demasiada inseguridad en todo. En todo. Además, como que ya el problema es que no confías en nadie. O sea tu mejor amigo te parece tu enemigo, te preguntan la hora y te espantai.

-Piñera había prometido mano dura…

-Ay, pero es que a este gobierno le han pedido todo en un año. A mí me gusta este gobierno. Encuentro que no le han dado el tiempo que requiere, no más. Si hay que mirar para atrás también.

FLAITEAMIENTO

María José y Erika son amigas. Erika tiene la voz grave, María José habla con tono de ratoncito. Erika es alta, María José baja. Erika es blanca, María José es morena.

Pero, bajo el sol de Alonso de Córdova, piensan lo mismo:

María José: Hemos pasado de noche y no hemos tenido problemas pero igual es un poco distinto. Por ejemplo, los paraderos: hay como más gente media dudosa, cachai.

Erika: Anda menos gente.

María José: Anda menos gente y la gente que anda es como media dudosa.

María José sonríe hacia Erika:

-¿Te acordai que la otra vez fuimos al paradero y había unos tipos que se acercaron? Llegaron unos por allá y otros por otro lado.

Erika: Claro. Como que se va la gente que uno sabe que trabaja en el sector, que viene a comprar y llega gente que uno sabe que no es de acá.

María José: Sí. Llega gente que…que se nota que no es de acá

¿En qué se nota?

María José: ¿Sabís que creo que es? Que hay un montón de construcciones alrededor y es un poco esa…Ay es que suena muy malo.

Erika: Un poco clasista

María José: Pero yo creo que es eso. Unos niños derepente medios dudosos.

-¿Medios wachiturros?

Erika: Hartos wachiturros se aparecen acá.

Pero Miguel Larraín, que trabaja por la calle, no cree que el problema sea el exceso de wachiturros, ni la mano dura, ni la puerta giratoria, ni Alonso de Córdova en general, ni Santiago, ni el universo. Tiene que ver con Armani y Louis Vuitton, las más robadas del lugar- y es algo simple. Simplísimo:

-La marca de algunas tiendas se ha flaiteado. Entonces es súper atractivo para los patos malos meterse a la tiende porque como está masificado.

-¿Qué significa flaiteado?

-Son marcas que la usan los futbolistas, cachai. No sé, la Adriana Barrientos. Es súper conocida la marca (Louis Vuitton) y se nota siendo que tenís a Hermes, un local al lado, que es mucho más caro, mucho más exclusivo, y no lo han tocado.

Si Miguel Larraín ve las cosas simples, Paulina Rojas -barrendera- las ve claras:

-Siempre se ve a la gente igual. No importa si pasa algo. Se ve como más tranquila la gente de alta sociedad.

-¿Por qué?

-Porque sí po. Si llega a pasar alguna cosa, pasa en el momento y después se les olvida.

-¿Por qué se les olvida?

-No sabría decirte ahí.

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