El ex ministro de Economía de Augusto Pinochet, Rolf Lüders, escribió una columna en el diario La Tercera advirtiendo de los peligros de caer en “utopías”, que según dice llevaron al fracaso económico del país entre 1910 y 1970. El ideólogo de actual modelo de desarrollo incluso dijo que el sistema de economía mixta fue una de las causas del “quiebre institucional que experimentamos en 1973”.

“Un alto porcentaje de la población chilena, hoy en edad de votar, aún no había nacido en 1973 y por eso tiene escasa conciencia de los cambios socioeconómicos que dieron origen al modelo chileno.  Frente a una oferta que nos pretende llevar a esquemas cuyo fracaso ya experimentamos los menos, la mayoría compara erróneamente lo existente -que sin duda se puede y debe perfeccionar- con un modelo de economía mixta idealizado, que supuestamente nos regalará, sin sacrificar nada, la anhelada igualdad”, partió diciendo.

“Entre 1910 y 1970, cuando el Estado pasó a tener un rol protagónico en materia económica, el comportamiento de nuestra economía fue definitivamente muy pobre. De hecho, resultó ser una de las causas determinantes del quiebre institucional que experimentamos en 1973”, dijo refiriéndose al golpe de Estado.

“Chile históricamente ha tenido una distribución del ingreso relativamente desigual, independiente del modelo en boga. No obstante, datos recientes sugieren una caída muy significativa del coeficiente Gini de los ingresos monetarios, desde un 0,58 en el 2000, a 0,35 en el 2011, reflejo de una distribución de los ingresos más igualitaria de las generaciones recientes (Urzúa, Sapelli). Esto coincide con un notorio aumento de la movilidad social, que es lo que realmente importa en esta materia”, agregó.

“La economía social de mercado, caracterizada por un alto grado de libertad económica y un rol subsidiario del Estado, ha probado ser, no sólo en Chile, sino también en el resto del mundo, un sistema plenamente compatible con la libertad individual, que simultáneamente genera un elevado grado de bienestar material (…) nuestra propia experiencia sugiere que si llegáramos a optar por la utopía, no tendremos ni crecimiento ni igualdad”, cerró el economista.