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Opinión

4 de Noviembre de 2013

El silencioso retorno a la vida de Pablo Longueira

A tres meses de bajar su candidatura presidencial, Pablo Longueira ya se trasladó desde el fundo en casa de sus padres, en Melipilla, a su casa en el exclusivo condominio Mirador de San Damián. Lo hizo el 12 de agosto, el día en que cumplió 55 años. Recibe visitas del ministro del Interior, Andrés Chadwick, y del integrante del directorio de TVN, Cristián Leay, y hace poco, según consignó El Mercurio, se reunió con el senador Novoa. El resto de sus cercanos se mantiene al tanto de su evolución -lenta, pero positiva- a través de los hijos del dirigente y de su esposa, Cecilia Brinkmann.

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“Que alguien pueda recibir visitas sólo a la hora de almuerzo, porque es el momento del día en que su ánimo se estabiliza, no quiere decir que esa persona esté bien. Indica que aún le falta mucho para recuperarse”, recalca un cercano Pablo Longueira, al ser consultado por cómo ha evolucionado el líder de la UDI tras la “depresión severa” que le diagnosticó en julio el psiquiatra Jorge Barros y que significó el fin de la candidatura presidencial de la derecha que Longueira ostentó por tres semanas, tras triunfar sorpresivamente en las primarias del 30 de junio frente a Andrés Allamand.

Según consigna el diario El Mercurio, el 17 de octubre, Longueira recibió la visita, en su casa en Santiago, del ministro de Interior, Andrés Chadwick, y del senador por Santiago Poniente, Jovino Novoa, de quien se ha mantenido distanciado desde el caso Spiniak, y pudieron conversar de todos los temas de la contingencia política. Según sus amigos en la UDI, los “coroneles” han sido de las pocas personas que han tenido acceso al ex ministro, quien además es visitado con frecuencia por el integrante del directorio de TVN Cristian Leay.

El resto de sus cercanos en el gremialismo se comunican con su esposa por más de tres décadas, Cecilia Brinkmann, la “Chichi”, y con sus hijos mayores, Juan Pablo y Tomás, quienes los mantienen al tanto de la evolución del otrora senador. Así saben, por ejemplo, que en las mañanas y en las noches, Longueira tiende a estar más sensible; que las crisis de angustia y pánico son cada vez menos frecuentes y controladas; que se trasladó desde la casa de sus padres en Melipilla –donde tomó la decisión de bajarse de la carrera presidencial-, el día de su cumpleaños, 12 de agosto; y que ya tiene acceso a diarios y noticias. También que sigue medicamentado. “Creo que no ha salido de la casa. La verdad es que cuando llamo a sus hijos no pregunto muchos detalles, me da pudor. Pero quiero ir a verlo pronto”, sostiene uno de los parlamentarios “huérfanos” del dirigente gremialista.

Otros diputados comentan que, cada cierto tiempo, se comenta en los almuerzos de bancada sobre la salud del personero y que se asume que se está hablando de alguien que marcó el destino de la UDI, pero “que no volverá al partido. Es la impresión de quienes lo conocen de toda la vida”.

Una de esas personas, precisamente, ratifica a The Clinic Online esta apreciación. “Dudo de que la familia le permita volver a someterse a una presión semejante. No tiene, además, ningún sentido. Hizo todo en política y tuvo un costo. Además, la UDI ya no es el partido del que Pablo se enamoró. Él lo sabía cuando decidió ser candidato y lo comprobó una vez que asumió”, argumenta.

La apreciación hace referencia a la soledad con que Longueira enfrentó su campaña contra Allamand. Durante mayo y junio recorrió Chile, casi siempre sólo con su equipo más cercano, palpando el derrotismo instalado en la Alianza. Nadie dudada, comenta un ex miembro de su comando, de que Michelle Bachelet triunfaría en las presidenciales “y a nadie parecía quitarle el sueño eso”.

Por eso, cuando sorpresivamente venció a Allamand en las primarias del 30 de junio, más que alegría, sintió el peso de una responsabilidad con la que tendría que lidiar en solitario.

A eso se sumó la presión de la pugna parlamentaria. Longueira quería actuar con pragmatismo, revisando, por ejemplo, las encuestas para determinar quién sería el candidato por Santiago Oriente. No tuvo capacidad de maniobra: Novoa y los parlamentarios de la zona vetaron a Iván Moreira –estaban con Ena Von Baer- y forzaron, por lo mismo, a decantar por una solución de unidad que terminó con José Antonio Kast como postulante, quien también debió ceder su cupo cuando Evelyn Matthei asumió la posta presidencial y apostó por Laurence Golborne.

Exigido más allá de lo que podía soportar, “se quebró como el roble que es. Los juncos se doblan. Los robles, se quiebran”, puntualiza un testigo de todo este proceso.

Con 55 años, sus dos mejores amigos muertos en 2010 en el accidente de una avioneta – Marcelo Ruiz e Ignacio Fernández- y a meses de haber enfrentado el cáncer de uno de sus hijos, Longueira estaba sobrepasado.

EL DOLOR PREVIO
Hubo un episodio, sostienen cercanos a Longueira, que ya había mostrado la vulnerabilidad del hombre fuerte del gremialismo. Ocurrió durante el caso Spiniak cuando su férrea y vehemente defensa de la inocencia de Novoa –falsamente acusado de integrar la red de pederastía- lo distanció definitivamente del senador.

En la época comenzó a viajar con frecuencia a Villarrica –si iba sólo, prefería siempre hacerlo de noche en bus- y se pasaba horas junto al lago pintando un bote. En aquel entonces, afirman amigos del dirigente de la UDI, se quedaba silencioso, como ensimismado. Era el periodo en que en Santiago su investigación para desenmascarar a Gemita Bueno –la testigo que involucró a Novoa- era frenética y su relación con la prensa estaba en su peor momento. Era el periodo, también, en que 31 minutos estaba en su auge y la canción “Mi muñeca me habló” era un hit. Por eso, cuando en una entrevista a Radio Agricultura, Longueira afirmó convencido que “en la soledad y en el dolor que hemos vivido, todas las noches le he rezado a Jaime Guzmán y me dijo ‘sigue a ese cura, que está metido’”, The Clinic lo personificó como Flor Bovina.

No era, sin embargo, un tiempo en que Longueira pudiera disfrutar de la ironía. “Estaba como antes de que le diera la crisis este año: estresado, irritable. Pero allá en el sur era otro. Callado, pero más tranquilo”, sostiene uno de sus cercanos.

En la campaña que asumió tras la caída de Golborne no hubo, como hace diez años, un minuto para una pausa y el vehemente Longueira –que había sido el puntal de la Chichi hace unos años cuando ella tuvo depresión pos parto- se encerró en sí mismo.

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