Cerca de las 20.00 horas de ayer, Arturo Alessandri Besa llegó en silencio hasta el Hotel Intercontinental, donde se encontraba reunida la candidata presidencial oficialista, Evelyn Matthei, con su comando. Hasta ese minuto, él había obtenido la peor votación de la derecha desde el retorno a la democracia en los comicios de 1993, pero sabía que este sitial estaba en disputa. “Yo tuve un caso parecido al de Matthei hace 20 años. También saqué 25% y mi campaña fue igual que esta: corta y pobre. Lo bueno es que ahora hay segunda vuelta y ella podrá destacar lo bueno que ha hecho este gobierno y que con el socialismo no se resuelve nada”, dijo el abogado mientras observaba el extraño júbilo en el subterráneo del recinto capitalino donde la ex ministra festejaba el haber pasado a segunda vuelta con un punto más que el que obtuvo Alessandri Besa frente a Eduardo Frei. Las expectativas eran tan bajas que la alegría por los paupérrimos era real, visible.

A las 21.00 horas se confirmó que habría balotaje, y eso bastó para desatar la euforia. “Sí se puede. Sí sé puede”, coreaba un centenar de personas mientras ministros y rostros de las directivas de RN y la UDI felicitaban a Matthei por el 25,1%. “Es poco, pero alcanza”, admitió un integrante del comando mientras el presidente de RN Carlos Larraín precisaba que esto “no era un triunfo, pero sí una posibilidad” y eso era más de lo que se esperaba frente a una campaña que fue un verdadero calvario y que tuvo, como único punto de luz, una resurrección inesperada ayer cuando Michelle Bachelet no alcanzó el 50% más uno de los votos.

PRIMERA ESTACIÓN: LA CONDENA DE SER CANDIDATA
“Pongan a la rucia, huevón. Tiene garra, empuje, historia. (Laurence) Golborne ya está muerto, juéguensela por la rucia”, respondía el ex alcade de Recoleta y actual asesor de Matthei, Gonzalo Cornejo, la tarde del 17 de julio cuando era consultado telefónicamente por quién era la figura idónea para competir con Bachelet tras la sorpresiva bajada de Pablo Longueira de la candidatura por La Moneda por un cuadro depresivo mayor.

Aquella jornada, ya casi solo en la sede gremialista –la directiva partidaria estaba en Valparaíso cuando los hijos de Longueira, flanqueados por Cornejo, Joaquín Lavín y Cristián Leay anunciaron la caída del ex ministro a cuatro meses exactos de los comicios-, el personero se paseaba nervioso por el patio de la casona de calle Suecia convencido de que si quedaba alguien con opciones de dar la pelea era Matthei, la dama de hierro de la derecha.

Los partidarios de Golborne –quien había sido sacado de competencia por el caso Cencosud y la cuenta en Islas Vírgenes británicas, y reemplazado por Longueira hacía ya casi dos meses-, eran pocos y estaban dispersos. Jovino Novoa, el único real líder de la UDI que quedaba en pie tras el quiebre de Longueira, se había cuadrado con la entonces secretaria de Estado. El ministro de Interior, Andrés Chadwick, operaba por Matthei al interior de la bancada y el Presidente Sebastián Piñera le daba públicamente su bendición –o tal vez condenaba- a la economista a tomar la posta.

Ella tenía ganas, siempre las había tenido, desde los ’90 cuando precisamente el exceso de ambición la había enfrentado a Piñera en el episodio de escuchas telefónicas. Estaba, era sabido, más que dispuesta.

De vacaciones en México, Andrés Allamand sacaba cuentas. No estaba en buen pié. La noche del 30 de junio, cuando reconoció su derrota en primarias en la sede de la UDI había protagonizado un altercado con Joaquín Lavín y había reaccionado con un poco diplomático “hasta cuándo me humillai, conchetumadre”, que fue trending topic. El mote de “divisor” de la derecha lo perseguía.

Pero lo peor no era eso, sino que conocía demasiado bien a Matthei: había sepultado su carrera política a mediados de los ’90 al vincularlo al caso Drogas. “Con ella no puedes competir”, le había dicho antes de aterrizar, el 19 de julio de vuelta a Santiago, su esposa Marcela Cubillos y Allamand, consciente de que más que una petición las palabras de la ex diputada eran un imperativo, transmitió el mensaje a Larraín en un desayuno en casa del senador: “No puedo meterme en esto y exponer a una campaña así a Marcela y a sus hijos”, dijo apenas llegó a Chile. En la práctica, y aún sin saberlo, Matthei ganó ese día su candidatura a La Moneda. “Los cuervos se la comerán viva”, comentó días después un connotado piñerista. Tenía razón.

SEGUNDA ESTACIÓN: LA CRUZ DE LA RETICENCIA DE RN

Carlos Larraín supo dos días después de que Longueira se había bajado que Matthei sería la candidata del sector, pero decidió ganar tiempo con dos objetivos claros: obligar al gremialismo a entregar parte de los recursos que por adelanto fiscal se da al partido que inscribe la candidatura presidencial -en el caso de la UDI más de dos mil millones de pesos- y lograr más candidatos a CORE que la UDI. Fracasó en ambas misiones.

Ese era el trasfondo de la negociación a través de la cual dilató la decisión de nominarla: RN empezó a tirar nombres sobre la mesa y en menos de una semana fueron presidenciables Manuel José Ossandón, Francisco Chahuán y Lily Pérez. Sólo la última se indignó con la mención de su nombre entre quienes podrían competir.

Entre los integrantes del Consejo comenzaron a circular cartas en contra de Matthei recordando su poco sagrado pasado político: Sobre la mesa estuvo el Piñera-Gate y el Caso Drogas. Además habían dudas sobre si sería capaz, con su intensa personalidad, de asumir el desafío.

“Si la nombramos a ella, en un mes más va a estar en la cama de al lado de Longueira. Es, por decirlo suave, demasiado intensa”, explicaba al derrotado secretario general de la UDI, José Antonio Kast, un dirigente de la directiva de Renovación. Fueron días de tira y afloja, hasta que Allamand anunció, el 23 de julio, que daba un paso al lado.

Al mismo tiempo,y con una sutileza política digna de un elefante en cristalería, sacó sin previo aviso a su ex vocera, Catalina Parot, de la senaturía por Santiago Poniente. “Me enteré por El Mercurio”, confesó ella en la ocasión.

Así, en sus primeras semanas como nominada, Matthei se dedicó a dar primero explicaciones y luego garantías a Renovación mientras el calendario seguía avanzando. Recién el 24 de ese mes, Larraín le dio su apoyo al recibirla en la sede partidaria, pero no fue si no hasta el 10 de agosto cuando fue proclamada por el Consejo General del Partido. Faltaban menos de 100 días para los comicios.

TERCERA ESTACIÓN: CAE POR PRIMERA VEZ EN LA INAMOVILIDAD

Recién el 22 de agosto, a más de 30 días del nuevo giro en el escenario político de la derecha, la candidata tuvo una reunión con Allamand –la primera y última de la campaña-, en la que éste le entregó el que fue su programa presidencial. El rugbista, cuya tensa relación con Matthei se arrastra desde hace más de dos décadas, también la incluyó en algunos carteles. Fue uno, de los dos gestos, que el ex titular de Defensa tuvo con la postulante. El segundo, lo realizó en agosto ante el Consejo General de Renovación cuando la proclamó candidata. Del Coté Ossandón, la carta ganadora de Renovación por Santiago Oriente, Matthei no obtuvo nada y, sin embargo, tampoco se amarró a Pablo Zalaquett ni menos a Golborne.

A menos de tres meses de los comicios, la guerra en la Alianza por Santiago tuvo como damnificada directa a Matthei, quien se quedó inmóvil para no generar susceptibilidades y concentró el grueso de su estrategia en regiones, principalmente en el sur del país, porque en el norte, por alguna razón que en La Moneda no logran aún descifrar, Franco Parisi marcaba en algunos lugares más que los candidatos con partido.

En paralelo, comenzó a fraguarse la estrategia electoral que los más duros de la UDI atribuyeron directamente a Lavín y que fue ampliamente criticada en el círculo de Novoa: Convertir a la Matthei, en la Evelyn, una figura más dulce, más simpática, más suave, más Bachelet. “Pero la gente siempre va a preferir la original a la copia y la buena onda es Bachelet. Matthei tenía arrastre por ser pesada, pero directa, ruda. Entonces ahí hubo un error garrafal. ¿Por qué a Lavín le fue tan bien en el 99? Porque era un ahueonao simpático frente a un señor muy serio que era Lagos. Y la marca del ahueonao tonto y que sonreía era su marca. Si hubiera querido ser Lagos, no habría sacado tanta votación. Lavín tiraba agua a las nubes, se disfrazaba cuando iba a territorio indígena. Para estadistas, estaba Lagos. Acá se trató de vestir a Matthei de Bachelet y ahí empezó a fallar la estrategia”, sostiene un experto electoral de la UDI.

CUARTA ESTACIÓN: GOLBORNE LE OFRECE SER ROSTRO, ELLA DUDA

En medio del proceso de dulcificación de Matthei, Golborne se ofreció más de una vez a ser el rostro de la campaña de Matthei. Lo hizo cuando acudieron junto a Joaquín Lavín al Mercado Central el 23 de julio, el mismo día en que Allamand declinaba ser presidenciable en la sede de RN.

En la ocasión, el electo senador copó el interés de los presentes, relegando a Matthei a un segundo plano. Eso, creen en el entorno de Golborne, fue uno de los factores que influyó en por qué la figura mejor evaluada de la derecha según la encuesta CEP, nunca fuera parte de la línea de ataque de la ex ministra, pero en todo caso no es la razón principal.

“Ella se preocupó demasiado de no generar más roces con RN, entonces como ninguno de los candidatos al Senado de Renovación en Santiago estaban dispuestos a aparecer con ella en actividades públicas, optó por excluir también a quienes iban por la UDI. Fue un error”, comenta un dirigente gremialista.

A través de Lavín, más de una vez el ex gerente general de Cencosud insistió, pero no hubo recepción en el comando. A diferencia de Ossandón, la incluyó en su propaganda. El ex alcalde de Puente Alto, en cambio, la evitó durante meses. El diputado Cristián Monckeberg intercedió ante el personero: “Ponla, por último, sólo en el distrito 23 porque ahí ella te suma. De Providencia para arriba, con ella; de Providencia para abajo, sin ella”, afirman testigos que fue la propuesta. El “No” fue rotundo, inapelable.

QUINTA ESTACIÓN: LA RECONCILIACIÓN CON LILY PÉREZ

“Ya tenemos una vocera, que es la senadora Lily Pérez y estamos encantados que ella se una a la vocería”, declaró Matthei el 29 de julio, cuando se confirmó el ingreso de la parlamentaria al comando.

Aunque su fichaje fue interpretado como un gesto del sector piñerista a la ex secretaria de Estado, lo cierto es que encerraba bastante más simbolismo. Durante el periodo en que compartieron en el Senado apenas se saludaban. Más que indiferencia, lo que había entre ellas era un profundo y dilatado rencor: A principios de los ’90 Pérez era la promisoria jefa de gabinete de Matthei. Eso, hasta que el Piñergate las separó. Mientras Matthei fue condenada a 10 años fuera de Renovación, Pérez comenzó a subir sus bonos en el partido. El abismo entre las dos mujeres más relevantes de la derecha democrática, se instaló.

SEXTA ESTACIÓN: ALLAMAND LA PROCLAMA
“Les quiero pedir que más allá de lo que les diga su mente y su corazón, en aras de la unidad, apoyen la candidatura de la UDI de Evelyn Matthei”, dijo Allamand el 10 de agosto, cuando pidió al Consejo General de RN proclamar a la postulante.

El camino no fue sencillo, pero Matthei consiguió que los más díscolos de RN se allanaran. Obtuvo el 81% de los votos de la instancia y se comprometió a actuar con ecuanimidad. No imaginaba que sufriría el mismo síndrome de la campaña 2005 de Lavín, cuando los candidatos al parlamento de la UDI escondían la propaganda con el siempre sonriente ex ministro porque no les sumaba votos.

En el evento, el discurso más duro contra la hija del general fue hecho por el senador Antonio Horvath, quien finalmente se sumó a la campaña de Parisi.

SÉPTIMA ESTACIÓN: EVELYN CAE POR SEGUNDA VEZ

El 29 de agosto, el Centro de Estudios Públicos entregó los resultados de una encuesta presidencial donde, en una pregunta abierta de “quién le gustaría a usted que fuera el próximo Presidente”, Matthei obtuvo el 12% de las menciones frente al 44% de Bachelet. La siempre sacrosanta CEP fue descalificada por Lavín, el Gobierno y todos quienes creyeron que el mensajero era en parte responsable de la debacle.

“Había que salir a pegarle a la encuesta porque era un golpe anímico muy fuerte para todo el electorado de la centro derecha. Se pronosticaba, en suma, que íbamos a obtener los peores resultados desde el regreso a la democracia”, comenta un asesor de Matthei.

Más allá de la descalificación al sondeo, el pesimismo se hizo carne en la derecha. Además, los recursos fluían con una lentitud inusitada.

OCTAVA ESTACIÓN: EL COMITÉ ESTRATÉGICO FINANCIA SONDEO

A principios de septiembre, el comando estratégico planteó la necesidad de tener un sondeo propio para preparar la táctica presidencial. “No hay dinero para eso”, fue la escueta respuesta de Matthei. Entre los presentes estaban Lavín, los senadores Francisco Chahuán y Lily Pérez, entre otros. Decidieron hacer una “vaca” para pagar el estudio.

La segunda semana de ese mes, el Servel entregó los recursos del adelanto fiscal de acuerdo a la proyección estimada de sufragios. Por la presidencial, la UDI habría recibido más de dos mil millones de pesos, que sirvieron para detener la sangría financiera.

NOVENA ESTACIÓN: MATTHEI CAE POR TERCERA VEZ GRACIAS A PIÑERA

A fines de agosto, la publicación del libro Las voces de la reconciliación, que coeditó el senador Hernán Larraín junto al ex senador PS Ricardo Núñez para abordar los 40 años del Golpe de Estado, entregó las primeras señales de la polémica que se suscitaría en la derecha por la conmemoración del quiebre democrático. El asunto era especialmente delicado para la abanderada oficialista, hija del general (R) de la Fach, Fernando Matthei. En su discurso de presentación del libro, Larraín dijo “pido perdón. Esta es mi voz para la reconciliación, pero es necesario oír la de todos”.

En Valparaíso, hubo una reunión de bancada para abordar el asunto. Tras una actividad de campaña –que pasó desapercibida en medio de la polémica- la candidata replicó que “tenía 20 años para el Golpe, no tengo nada que pedir perdón. No tendría cómo haber hecho nada más”. Luego dio un giro, y habló de responsabilidades de los partidos, en particular de la DC.

Pero era sólo un preludio. En el libro figuraba una reflexión del Presidente Piñera que éste abordó en profundidad el 31 de agosto en el diario La Tercera: “Hubo muchos que fueron cómplices pasivos: que sabían y no hicieron nada o no quisieron saber”, aseveró.

La agenda mediática se concentró en los años más duros de la dictadura y mientras Bachelet se fortaleció –su padre fue víctima de la represión-, Matthei sólo perdió terreno. A la conmemoración en La Moneda llegó tarde y con un comunicado escrito sobre qué decir.

DÉCIMA ESTACIÓN: MATTHEI ES DESPOJADA DE UNA AGENDA MEDIÁTICA POR PIÑERA

Cuando ya había amainado la tormenta, y ante un nuevo aniversario del triunfo del No en el plebiscito de 1988, Piñera adujo que había sido un error de Matthei el haber apoyado la continuidad de Pinochet en el poder. Posteriormente, y ante entrevistas delirantes otorgadas por el ex director de la DINA, Manuel Contreras, cerró el Penal Cordillera el 26 de septiembre. La sospecha de que el Presidente estaba jugando para sí mismo y su regreso en 2017 estaba más que instalada y algunos, como Felipe Ward, no dudaron en hacer público el diagnóstico.

Después de la tempestad, en la UDI los diputados ya habían perdido el impulso inicial. Nadie creía en la convicción de Lavín de que la campaña “en serio” recién estaba partiendo, que las fiestas patrias cerraban un ciclo y que después de eso, sólo quedaba aumentar la base de apoyo a través del programa. El generalísimo era criticado por los partidos: las elecciones ya estaban demasiado cerca y de ruido de fondo el nombre de Franco Parisi resonaba como una opción que estaba siendo elegida por quienes antes apoyaban a Golborne.

UNDÉCIMA ESTACIÓN: LA CANDIDATA ES CLAVADA EN LA CRUZ

A comienzos de octubre, Melero inició la estrategia de cobrarle a Piñera la probable derrota, dando cuenta de que las expectativas en Matthei eran nulas. Declaró públicamente que el Mandatario tendría responsabilidad directa en los resultados de los comicios. La repartición de culpas por el desastre ya estaba en marcha. Y Parisi, Parisi era una sombra molesta .

La noche del miércoles 9 de octubre, en un debate organizado en Coquimbo por la ANP, del que se excluyó Bachelet, Matthei –contraviniendo el acuerdo del comando de no tomar en cuenta al economista- no se resistió y, tras ser interpelada varias veces por el mediático personero que ofrecía jubilarla de la política replicó que, de triunfar, no incluiría ninguna de las ideas del independiente en su gobierno porque que “él no va a estar en el Parlamento y tampoco va a estar en ningún lado”.

Parisi estaba envalentonado ante la sensación de estar pisándole los talones a la ex ministra. Pero ella contraatacó: reveló el 20 de octubre que el personero tenía deudas previsionales con los trabajadores del colegio La Fontaine a través de la sociedad Palermo. En el Gobierno, festejaron. Al fin, dijeron, estaba marcando pauta “y obteniendo minutos de televisión con la ironía tan propia de ella”, comentó una autoridad a este medio.

DUODÉCIMA ESTACIÓN: EVELYN MUERE EN LA ENCUESTA CEP

El martes 29 de octubre, el Centro de Estudios Públicos entregó la última encuesta antes de los comicios. La apuesta fue que la abanderada de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet, se impondría con un 47% seguida por Matthei con un 14% de las preferencias. Las cifras hacían predecible que no habría segunda vuelta.

En privado, los dirigentes de RN y de la UDI admitieron que lo único que seguía en juego era salvar la plantilla parlamentaria y para eso la foto de la candidata poco servía.

La meta en la derecha se convirtió en pasar a segunda vuelta. Las encuestas que manejaba el Gobierno y los candidatos senatoriales de la derecha apuntaban a que la misión era casi imposible. En todas ellas, Matthei no superaba el 23%.

Cada vez más sola, decidió hacer el acto de cierre de campaña en Chillán para evitar la odiosa comparación con el multitudinario evento de Bachelet.

DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN: LA CANDIDATA RECIBE UNA PLATAFORMA PROGRAMÁTICA COJA

A principios de noviembre, el Gobierno decidió hacer propia una propuesta que semanas atrás había realizado Evelyn Matthei: crear un observatorio judicial. El Ejecutivo pretendía, de esta forma, darle pantalla a la postulante oficialista en momentos en que los medios, ante el inminente triunfo de Bachelet, estaban concentrados en saber cómo ésta ejecutaría el programa presidencial.

El apoyo fue absoluto y absurdo: Piñera dejaría hecho lo que Matthei prometía hacer de llegar a gobernar. También se trató de un acto fallido: La Corte Suprema hizo ver la inconstitucionalidad de la medida que quedó en nada: el Gobierno decidió finalmente no entregar recursos y Matthei quedó en medio de una disputa en la que nada ganó. Para colmo, fue la única medida de su programa que consiguió difusión.

DÉCIMO CUARTA ESTACIÓN: ES SEPULTADA POR LARRAÍN

Desde el principio del Gobierno y hasta hoy, Piñera y Carlos Larraín han sido enemigos íntimos. Lo irónico es que ambos contribuyeron, sin dejar de lado sus disputas, en que la suerte de Matthei estuviera marcada.

Piñera la clavó en la cruz durante el mes de septiembre, y Larraín la sepultó hace una semana cuando en una entrevista al diario La Tercera aseguró que había sido un “error” bajar a Laurence Golborne quien era, dijo, el mejor posicionado frente a Bachelet. Durante la mañana del lunes pasado, Larraín quiso explicarle el tenor de sus palabras a la candidata, pero el daño acumulado era tan alto que daba igual: nadie apostaba un peso por Matthei.

DÉCIMO QUINTA ESTACIÓN: LA RESURRECCIÓN

En contra de todo pronóstico, la candidatura de Matthei no murió ayer en los comicios presidenciales. La misión que se autoimpuso Bachelet de ganar en primera vuelta no tuvo eco en las urnas y se forzó un balotaje cuyos resultados, aunque predecibles, significan un segundo aire para la ex ministra de Trabajo. “A todas las personas moderadas los llamó a no silenciarse y a no dejar de creer que nuestro sueño sí es posible”, dijo rodeada de su familia y colaboradores dando cuenta del sello que tendrá la inesperada segunda patita de la cueca por La Moneda.

En el círculo de la economista admiten que hay poco ánimo para un mes más de campaña, pero apuestan a que Matthei logre traspasar la barrera del 30%, pero ya el sólo hecho de que haya revivido es considerado un auténtico milagro.