Por Jonathan Franklin @FranklinBlog
(Traducción: Ana Rodríguez)

El 2003 fue el último año que el joven de 18 años Edward Snowden vivió una vida normal. Snowden, un atleta de los video juegos y fan de la animación japonesa, estaba a punto de entrar a un viaje de una década en las profundidades del mundo secreto de los espías de la Agencia Nacional de Inteligencia (CIA), la Agencia de Inteligencia y Defensa (DIA) y la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). Su viaje terminaría en junio de 2013, en una elegante habitación en el Mira Hotel, en Hong Kong, donde divulgó, se estima, 25 mil documentos ultra secretos de la NSA a la cineasta Laura Poitras y a los periodistas de investigación Glenn Greenwald y Ewen MacAskill, del periódico inglés The Guardian.

La publicación de los “Papeles de Snowden” causó sensación internacional por meses y cada revelación aporta hoy a la impresión de que la inteligencia estadounidense está totalmente fuera de control y sin límites. Incluso diplomáticos de Estados Unidos quedaron choqueados por la profundidad del espionaje. Snowden se convirtió en el más famoso “leaker” en los anales de la inteligencia estadounidense. Fue nominado para el Nobel de la Paz alternativo, ganó premios por ser denunciante, tanto que para muchos de la comunidad de inteligencia norteamericana se convirtió en el enemigo público número 1.

Pero de vuelta en mayo de 2003, Snowden era un poco conocido quinceañero computín que ayudaba a sus amigos en Ryuhana Press, un sitio web donde trabajó, según él describió, como “editor web/chico del café”. Su avatar era un geed con una polera que decía “Yo me amo”, pelo chuzo, anteojos de abuela en la punta de su nariz y una bufanda verde enrollada en su cuello. “Soy realmente un buen tipo”, era la introducción a su perfil online, que continuaba: “tú ves, actúo arrogante y cruel porque no fui suficientemente abrazado cuando niño y el sistema de educación pública me dio su miserable y puntuda espalda”.

Para su cumpleaños número 18, en junio de 2003, los amigos de Snowden postearon fotos suyas bajándose los pantalones, colgándose perritos de ropa en el pecho y bailando. Snowden se describió a sí mismo así: “me gusta el japonés, me gustan las mujeres, me gusta mi figura femenina que atrae chicas y me gustan mis amigos flojos”. En un presentimiento de que eventualmente sería perseguido por la fuerza de la ley escribió, “¡esa es la mejor biografía que obtendrán de mí!”.

Otras pistas sobre la personalidad de Snowden se encuentran en una colección de 773 mensajes de chat que escribió entre 2001 y 2012. Por una década, estos mensajes -algunos de un párrafo de longitud, otros sólo unas pocas palabras- destacan los intereses online de Snowden: programación de computadores, juegos de artes marciales en línea, Japón, sexo y el mercado de valores. En unos pocos notables posts, compartió sus lineamientos políticos.

El 2003, el joven de 19 años nativo de North Carolina estaba viviendo en Maryland, en las afueras de Washington DC y prácticamente a la sombra de la sede de la agencia de espionaje NSA, que tiene su lugar de operaciones en Fort Meade, Maryland. El padre de Snowden, Lon, trabajó en la Guardia Costera norteamericana y su madre en el Palacio de Justicia. Snowden, un flaco paliducho, ligeramente convertido en hombre, con anteojos estilosos, era gran fan del juego virtual Tekken 4. Snowden ya iba bien avanzado en su camino de gamer casual a programador de alto nivel experto, cuando descubrió combinaciones de teclado para personalizar maniobras de los personajes.

Mostrando un progreso por el que luego se haría mundialmente famoso, Snowden esbozó una combinación de teclas “1,2~f[f,f]” que podría ser “encadenada infinitamente si lo haces correctamente, y las posibilidades de cambio de velocidad son sorprendentes”, combinaciones que aplicó con su personaje favorito, Lee. En poco tiempo, Snowden había programado movimientos que con sólo presionar el botón “X” ejecutarían sofisticados movimientos de artes marciales virtuales, permitiéndole tener su otra mano libre, “con la que sostengo una cerveza”.

Desde la acción online, los sueños de Snowden mutaron. Snowden imaginó una misión real de pelea mundial, como un comando de las Fuerzas Especiales norteamericanas. “Me enlisté en el ejército poco después de la invasión a Iraq”, revelaría más tarde. “Yo creía en la bondad de lo que estábamos haciendo. Creía en la nobleza de nuestras intenciones para liberar a los pueblos oprimidos”.

Cargado de ambición y patriotismo, Snowden entró al Ejército norteamericano el 7 de mayo de 2004, de acuerdo con los -parcialmente liberados- registros del Pentágono que muestran cómo sus planes en las Fuerzas Especiales murieron pronto. Cuatro meses después de entrar, el 28 de septiembre de ese año, Snowden fue dado de alta del Ejército. El ejército y Snowden dijeron que él se rompió ambas piernas en un accidente durante un entrenamiento. Pocos detalles han sido revelados sobre el accidente. Después de que Snowden se fracturó -o destrozó- los huesos de ambas piernas, la carrera del ambicioso y altamente inteligente joven soldado se desvió dramáticamente de sus planes -y de los de sus evaluadores del ejército que habían pensado bastante en darle al brillante y motivado joven una oportunidad.
Sin oportunidad de reincorporarse al severo entrenamiento físico de las Fuerzas Especiales, Snowden pronto se puso a trabajar en algo que sonaba inocuo: guardia de seguridad de una universidad pública, en el Centro para el Estudio Avanzado del Lenguaje (CASL) de la Universidad de Maryland. Pero lo que en el papel sonaría como una asignación en Wal-Mart, inmediatamente se reveló como un mundo secreto, más clasificado, más vanguardista y eventualmente mucho más tentador para él que las Fuerzas Especiales. Funcionarios de esa universidad confirman que Snowden era un empleado trabajando en la CASL pero se rehusaron a proveer detalles específicos. De hecho mucho del trabajo en CASL está envuelto en secretismo.

LOS SECRETOS DEL CASL

El Centro para el Estudio Avanzado del Lenguaje es un rango de la unidad de la psicología del comportamiento dispuesto tras rejas de hierro y puertas de seguridad. Cuando el centro fue inaugurado el 2005, el entonces director de la CIA Porter Gross estaba a cargo. Detrás de las puertas custodiadas están las llaves para entender la evolución de Edward Snowden de leal soldado a leal ciudadano. Entender la CASL ayuda también a desenmascarar una de las tantas misiones de la Agencia de Seguridad Nacional, hoy por hoy la organización de vigilancia más controversial del planeta por las revelaciones de Snowden a la prensa.

Visto desde su pasto perfectamente recortado y sus tierras de paisaje, el CASL aparece como un parque de oficinas suburbano. Pero tal como Snowden y todos los que trabajan allí pronto aprendieron, el CASL tiene misiones duales de avanzar en el conocimiento de lenguas extranjeras y “militarizar el lenguaje” por medio del poder masivo de la informática. Uno de los proyectos de investigación del CASL, por ejemplo, es resolver el tipo de problemas que aparecen cuando la agencia espía no puede entender cada palabra que un “sospechoso” ha tipeado, hablado o en muchos casos, tratado de borrar.

Si la NSA tiene acceso al disco duro de un “computador sospechoso” que ha sido parcialmente borrado, entonces los espías pueden tener el 90% de un documento pero son incapaces de recuperar el restante 10%, que es a menudo esencial. Prefiriendo la brujería sobre la habilidad de negociar, la NSA delegó a el CLAS una especie de misión gubernamental que es clásica de Orwell o Huxley: en vez de sólo analizar el 90% del documento existente, el CLAS está trabajando con la NSA para procesar, predecir, y luego completar los vacíos basados en qué infiere una computadora que el escritor ha pensado escribir o el parlante decir.

Si la conversación interceptada es una conversación telefónica con vacíos, el software busca analizar el contexto, la sintaxis y la puntuación, para luego rellenar las frases incompletas. Piense en el traductor de Google fusionado con Minority Report, la película de Tom Cruise donde investigadores buscan prevenir “crímenes futuros”. La lógica de la NSA es aparentemente que los humanos son tan predecibles que cada uno de los procesos de pensamiento humano puede ser “canalizado” y luego desbloqueado por algoritmos informáticos que luego extraen la sintaxis del individuo al grado en que pensamientos y frases se convierten en predictibles. En otras palabras, tanto para la poesía, el libre albedrío y el esfuerzo artístico, no sólo somos ladrillos en una pared, sino que cada uno es un software con un código individual que puede ser hackeado.

Pocos detalles se conocen sobre cuánto el joven Snowden interactuó con los investigaciones en el CASL. ¿Era un distante guardia de seguridad? ¿Fue pintado para el mundo secreto de la inteligencia y la investigación de vanguardia? ¿Fue secretamente reclutado por la NSA? Como gran parte de la historia y el trabajo hecho por la NSA, los detalles de lo que Snowden hizo o no hizo en esta temprana etapa de su carrera de espía no está extensamente conocido. (La misma NSA fue por años tan secreta que los burócratas denegaban su sola existencia para extender lo que los reporteros llamaban “No Such Agency”- No hay Tal Agencia, por sus siglas en inglés). Cualquiera haya sido su relación con la NSA, cuando Snowden dejó el CASL, pronto empezó a trabajar directamente para la inteligencia estadounidense.

En los chats donde Snowden posteaba regularmente, uno de los foros era “Trabajando para el Gobierno” y toma sólo un poco de lectura entender que un ambicioso joven con acreditación de seguridad podría vivir confortablemente. El camino a la riqueza estaba descrito en una simple fórmula: #1, obten acreditación nivel TOP SECRET (secreto máximo). #2 Múdate a Washington, DC. #3 Elige entre trabajos que paguen sobre $100.000 dólares.

En julio de 2006, Snowden trabajaba para la CIA y había sido preparado para una asignación en el extranjero. Durante sus chats en línea catalogó su ascenso como un puesto de dos años en el cual él podría elegir el país. Sus cuatro opciones favoritas eran Japón, Tailandia, Korea y Australia.

Snowden le contó a su audiencia online: “hay una buena oportunidad de que sus solicitudes sean honradas”, porque la compañía “mantiene puestos en casi cada lugar de la Tierra, incluso los lugares de mierda”. Pero no en el caso de Snowden. El destino -o un burócrata sin rostro en Recursos Humanos de la CIA- se saltó la lista de deseos de Snowden y lo mandó a Ginebra, Suiza.

UN ESPÍA EN SUIZA

En mayo de 2007, Snowden empezó su trabajo para la CIA en Ginebra. Snowden, entonces de 23 años, era ahora un agregado con el cuerpo diplomático de Estados Unidos. Trabajó en las oficinas estadounidenses de la misión permanente de las Naciones Unidas y vivió confortablemente a horcajadas del río Rhone. Los chats online de Snowden muestran a un hombre con poco entendimiento del suizo e incluso menos respeto. “No puedes obtener agua del grifo en los restaurantes”, escribió. “Te hacen comprarlo en botellas de vidrio, a cinco dólares cada una… Ustedes no creerían cuán caro es aquí”. Snowden describió comer hamburguesas -“cartón grasiento”- por quince dólares cada una y que los trabajadores del McDonalds ganan “unos 50,000 al año”. Pronto, por más que el joven analista de sistemas de la CIA estuviera encajando en lo que él describía como las alegrías de “vivir en una postal” donde “las chicas son espléndidas”, sobre los suizos, Snowden escribió: “nunca JAMÁS había visto gente más racista que los suizos, Jesús, ellos miran hacia abajo a todos” y clasificó a la población como “horriblemente clasista”.

Snowden no era un diplomático. Él estaba trabajando como un espía de la CIA, como diplomático encubierto. Snowden describió su quehacer como proteger porciones de la estructura informática manejada por el gobierno estadounidense. Como un “adjunto” de la CIA, estaba al tanto de una gran variedad de espionaje digital regularmente planeado y ejecutado bajo la cubierta de la Misión Permanente norteamericana.

El encargado en la CIA en Geneva levantó a Snowden, cuyos colegas lo describieron como un “mago informático”, progresivamente más alto en los eslabones del acceso Top Secret (o ultra secreto). Snowden irá eventualmente mucho más allá del Top Secret y mantendrá acceso a la SSI (Información Especializada Sensible), que le permitió leer, acceder y eventualmente bajar un alto rango de información altamente clasificada. Fue su propio acceso lo que comenzó a sembrar una revolución en la mente del joven programador.

En Ginebra, Snowden tuvo un creciente nudo de dudas mientras veía de primera mano más y más trucos sucios de los cuales al mismo tiempo le estaban prohibidos y a la vez participaba como agente encubierto. Estas dudas fueron las semillas para un plan que germinaba en su cabeza. Tomaría una misión uber-secreta entre los decanos de la diplomacia mundial: comenzaría a espiar entre los espías. “No soy diferente a nadie. Sólo tengo habilidades especiales”, dijo Snowden. “Sólo soy otro tipo que se sienta día tras día en la oficina, mira qué está pasando, esto es algo que no está en nuestro lugar decidir, las necesidades públicas para decidir qué programas y políticas están bien o mal”.
Mavanee Anderson, una colega diplomática de esos años, describió a Snowden teniendo una “crisis de confianza” sobre su trabajo en la CIA durante el tiempo que ambos trabajaron juntos. “Quienquiera que sea reflexivo e introspectivo y que haga el trabajo que él hacía, creo que debe haber momentos en que se cuestionan la clase de cosas que hacen, que tienen que hacer, las decisiones que tienen que tomar, las mentiras que deben decir o las ofuscaciones”, dijo Anderson, quien también tenía acceso al Top Secret y trabajó como interna en la sección legal de la Misión Permanente de la ONU. Anderson describió a Snowden como un hombre que “cuidadosamente estudió las consecuencias de sus actos, calculando los efectos secundarios antes de actuar”. Respecto a sus habilidades computacionales, lo llamó un “genio”.

Pese a que su especialidad era el espionaje digital -de forma ofensiva y defensiva-, Snowden estaba en “La Compañía” y muchos de sus colegas estaban entrenados en técnicas de espionaje estilo Guerra Fría que eran tan efectivas como ellos brutos. Un incidente que Snowden relató fue una operación de inteligencia en la cual él dijo que la CIA solicitó extraer información de un banquero suizo. El plan era un clásico de John Le Carré. Los agentes de la CIA en Ginebra deliberadamente emborracharon al banquero, y luego, cuando se volcó por manejar ebrio (nota: no está claro si esto fue accidental o parte del plan) el “amigo” de la CIA vino a limpiar el incidente completo o pagar la fianza (las versiones difieren aquí) y así pavimentar el camino para que el banquero se convirtiera en una fuente amigable para las indagaciones de la CIA dentro de los secretos de la banca suiza.

Como luego explicó a la cineasta Laura Poitras, el alto nivel de acceso a seguridad y su posición de administrador de redes de informática, permitió a Snowden ver una amplia gama de información clasificada. “Cuando estás en posiciones de acceso privilegiado como un administrador de sistemas para agencias colectivas, estás expuesto a mucha más información en una más amplia escala que el empleado promedio, y por eso ves cosas que pueden ser inquietantes y que en el curso de la carrera de una persona normal sólo verían un par de estas instancias”. Snowden explicó que él tenía la habilidad de ver “todo” y reconocer que lo que podían parecer errores individuales eran en realidad programas sistemáticos. “Cuando tú ves, todo los ves (“errores”) en una mayor frecuencia y reconoces que algunos de éstos son abusos (sistemáticos)”.

Snowden insinuó también que él intentó discutir sus preocupaciones en múltiples ocasiones con sus superiores. “Con el tiempo, esa conciencia de las irregularidades se construye y tú te sientes llamado a hablar de ello. Y mientras más lo hablas más te ignoran. Más te dicen que no es un problema…”. Fue aquí donde Snowden dio un gran paso hacia su convicción de que no podía ser mucho más un burócrata sin rostro, cómplice de lo que consideraba una serie de acciones ilegales. “Eventualmente te das cuenta que esas cosas necesitan ser decididas por el público y no solamente por alguien que fue simplemente contratado por el gobierno”.

Snowden empezó a delinear su explosiva venganza. Trabajaría en los niveles más altos del aparato espía del gobierno estadounidense, esperando el momento para jalar el gatillo digital: primero accedería, luego secretamente descargaría y copiaría los documentos más escandalosos. Su motivación no era herir a los Estados Unidos, sino detonar un debate público. Él reclama que si hubiese querido sacar provecho se habría robado las identidades de informantes estadounidenses y de espías en el mundo entero y acercado a los rusos. “Esa puerta siempre está abierta”.
Snowden decidió que revelaría los secretos exclusivamente a periodistas y medios de comunicación que tuvieran intenciones de publicar los incriminadores reportes secretos.

JAPÓN Y OBAMA

El plan inicial de Snowden, de acuerdo a una entrevista que le dio a The Guardian, era liberar archivos secretos a fines del 2007, pero la elección presidencial de Estados Unidos del 2008 lo pausó. La elección de Barack Obama le ofreció a Snowden una pausa, un momento de esperanza. ¿Podría Obama revertir los sistemas de vigilancia masivos y equilibrar las privacidades y libertades de los ciudadanos? Snowden pensó que la respuesta era un posible sí, así que pospuso sus planes de volar el techo con los secretos de la NSA.

El 2009 Snowden abandonó la CIA, dice su entonces compañera Mavanee Anderson. Empezó a trabajar en un rol similar pero esta vez en Japón, donde se instaló en una base militar estadounidense como especialista de información para la NSA. Como la mayoría de la gente que trabaja en operaciones de inteligencia estadounidenses, Snowden fue contratado como contratista privado, no por el gobierno sino por Dell Inc. Ya en Japón, Snowden le dijo a The Guardian que sus opiniones se “endurecieron” cuando “vio cómo Obama avanzaba en las mismas políticas que yo pensaba que refrenaría”. Mientras estaba en Dell, de acuerdo a reportes posteriores de la Associated Press, Snowden comenzó secretamente a copiar altos documentos de espionaje norteamericano. Había comenzado una histórica campaña de un hombre contra la inteligencia más poderosa del mundo, lo que Snowden describió como la “Arquitectura de la Opresión”.

Aspectos de su nueva mentalidad están en un chat online de febrero de 2010. Luego de una abstinencia cercana a los dos años, Snowden volvió a su foro online favorito. Esta vez no posteó sobre juegos de computador o el mercado de valores. Su post fue un signo de su creciente frustración. “La sociedad realmente parece haber desarrollado una obediencia incondicional hacia tipos espeluznantes”, escribió el 4 de febrero de 2010. “Acaso llegamos hasta donde estamos hoy vía una pendiente resbaladiza que estaba totalmente fuera de nuestro control frenar, o fue una (sic) cambio radical relativamente instantáneo que irrumpió sin ser detectado debido al omnipresente secreto gubernamental?”.

Después de varios años en Japón, Snowden empezó a trabajar en Oahu, Hawaii, donde por años la NSA tuvo una gran instalación Top Secret escondida bajo tierra. El área de trabajo tenía 23 mil metros cuadrados, fue construida tras el ataque aéreo japonés de Pearl Harbor en 1941 y fue designada como una planta de ensamblaje para construir aviones en caso de que repetidos ataques japoneses forzaran a los Estados Unidos a literalmente construir bajo tierra.
El Centro de Operaciones Kunia Regional SIGINT es clave en las operaciones de espionaje de la NSA y Snowden estaba trabajando en administración de sistemas informáticos con un acceso a seguridad que le permitió cosechar amplia y profunda información. Como un explorador de información renegado, Snowden pudo primero escanear el paisaje, después profundizar y luego enfocar cuando encontraba bonanzas en la información. Snowden también utilizó sus habilidades para esconder sus exploraciones, dejando muy pocas huellas digitales que alertarían a los oficiales de seguridad de la NSA.

Frustrado por la poca intención -o habilidad- de la administración de Obama para revertir el estado de vigilancia, Snowden empezó a buscar una salida para su frustración. Decidió convertirse en la persona de contacto de lo que sabía sería una tormenta de fuego mundial. Le dijo a The Guardian: “No puedes quedarte esperando a que alguien más actúe. He estado buscando un líder, pero me di cuenta que el liderazgo es ser el primero en actuar”.

Para diciembre de 2012, Snowden estaba jugando un póker de alto riesgo. Podía continuar escondido en las esquinas del espionaje norteamericano o podía salirse del juego. Decidió pasar por caja sus fichas. Había reunido una masa crítica de documentos secretos que creía eran claras violaciones de los derechos constitucionales a la privacidad. Snowden buscó un lugar apropiado para sus tesoros digitales. Primero contactó al columnista Glenn Greenwald de The Guardian con una serie de emails encriptados que dirigían a documentos encriptados. Greenwald, un público defensor de los derechos de privacidad y crítico de las tácticas usadas en la guerra contra el terrorismo, no fue a través de la serie de pasos técnicos necesarios para acceder a la información encriptada. Entonces Snowden contactó a la documentalista Laura Poitras que entendió mejor e inmediatamente comenzó a colaborar con el espía informante. Poitras, que conocía y respetaba a Greenwald, hizo el contacto para juntarlos a ambos. La relación basada en emails encriptados comenzaba.

Mientras, Snowden, engranaba sus planes secretos. Tomó otra gran apuesta. De manera de acceder y revelar aún más valiosa información, solicitó una transferencia a un nivel aún más alto de la NSA donde podría tener mayor acceso a documentos. Encontró su trabajo soñado con Booz Allen Hamilton, una consultora privada que conduce misiones gubernamentales altamente confidenciales -y lucrativas- que largo tiempo atrás fueron subcontratadas del rango de empleos gubernamentales hacia el “más eficiente” sector privado.

El último posteo de Snowden en la inteligencia norteamericana comenzó en marzo de 2013. “Mi última posición de trabajo me permitió acceder a listas de máquinas hackeadas en todo el mundo por la NSA”, dijo a un periódico de Hong Kong. “Es por eso que acepté ese cargo”. Más tarde se revelaría que además de acceso a cada vez más bases de datos “sensibles”, Snowden obtuvo un sueldazo sustancial. Después de dos meses en Booz Allen, su escondite de documentos lleno cada vez con más información, Snowden pidió una licencia médica. Por su acceso a información, se le pidió que aclarara el viaje con sus superiores antes de abandonar Hawaii. Necesitaba unas pocas semanas, le dijo al jefe. A su novia sólo le dijo que estaría fuera por unas pocas semanas. A fines de mayo, Snowden voló a Hong Kong -una ciudad de la que luego diría que tiene una larga tradición de tolerancia y libertad de prensa y que difícilmente lo extraditaría a Estados Unidos.

REUNIÓN EN HONG KONG

El periodista Greenwald y la documentalista Poitras recibieron instrucciones que sonaban como a una novela de espías ochentera. Esperar afuera de un restaurant específico en Hong Kong y encontrar a un hombre caminando con un cubo Rubik en las manos. Snowden llegó tarde, lo que aterrorizó aún más a los reporteros. Entonces apareció un hombre con el cubo rubik. Era tan joven que Greenwald estaba lleno de dudas.

“Hasta ese punto yo no tenía idea de si esto era completamente real”, dice Greenwald en una entrevista telefónica desde su casa en Río de Janeiro, Brasil. “Cuando lo vi dije, no hay manera de que él tenga acceso a nada importante, y yo había cruzado todo el mundo por nada. También pensé que podía ser un asistente de la fuente. ¿O su hijo? Que nos llevaría a la fuente real… Fue un momento de mucha desorientación y confusión”.

Trasladados a una pieza de hotel, Poitras inmediatamente sacó las cámaras y empezó a filmar. Greenwald -de formación abogado- comenzó lo que era un contrainterrogatorio del testigo en frente de él. Snowden, temiendo que ya podía estar bajo vigilancia tipeó sus contraseñas en su computador portátil sólo después de lanzar una polera sobre su cabeza y computador. También pidió que los celulares estuvieran fuera de la habitación. “La NSA tiene la capacidad, ampliamente difundida, de activar remotamente celulares de la gente y transformarlos en dispositivos de escucha. Incluso si tú apagas tu celular, mientras éste tenga la batería puesta, les funcionará”, explica Greenwald acerca de las medidas de precaución que tomó mientras entrevistaba a Snowden en Hong Kong. “Puedes sacar la batería, pero yo tenía un celular del tipo en el que la batería no se puede sacar. La única solución real era dejarlo fuera de la pieza, pero no había lugar real donde dejarlo. Entonces Snowden sugirió que lo pusiéramos en el refrigerador, donde estaría herméticamente sellado”.

Después de días conversando, convencidos de que Snowden era un real espía derramando el más grande botín de secretos en décadas, The Guardian comenzó a publicar los documentos proveídos por Snowden. Menos de una semana después del golpe noticioso de The Guardian, el 6 de junio de este año, Snowden hizo pública su revolución de un hombre. En una entrevista en video mostró su cara, dio su nombre y ofreció explicaciones de por qué abandonó lo que llamaba la vida fácil en Hawaii. Admitió que sabía que las redes de espionaje estadounidenses lo estarían cazando de por vida: “no puedes enfrentarte contra la inteligencia más poderosa del mundo y estar completamente libre de riesgo, porque son adversarios peligrosos. Nadie puede oponérseles de forma significativa. Si quieren tenerte, te tendrán. Viviré bajo eso por el resto de mi vida”.

Cuando reveló los mayores secretos del espionaje norteamericano, Snowden expresó una gran preocupación. Un pánico interior. “Mi gran miedo es la reacción de Estados Unidos por estas desclasificaciones”, dijo. “Es que nada va a cambiar. La gente verá en los medios todas estas desclasificaciones, sabrán que el gobierno se otorgará mayores poderes unilaterales para tener mayor control de la sociedad norteamericana y global. Pero no van a tomar los riesgos necesarios para pararse y pelear para cambiar estas cosas, para que sus representantes tomen una posición sobre sus intereses”.

La historia de Snowden está lejos de terminar. Será llamado un héroe. Un traidor. Un espía ruso. Un colaborador de China. Un traficante kamikaze de información y mucho más. Algunos lo nombrarán para el Premio Nobel de la Paz. Otros sugerirán un pasaje de ida al pelotón de fusilamiento. Pero analizando lo que se sabe de la última década de la vida de Snowden, la evidencia apunta a la creciente frustración de un mago de la informática que accidentalmente cayó en el mundo de la guerra de la información ultra secreta. La decisión de Snowden de hacerse público tiene poco qué ver con dinero y fama. Él estaba luchando contra lo que veía como una Stasi digital. Estaba disparando un tiro en lo que esperaba diera inicio a una batalla mundial contra lo que describió como la “Arquitectura de la Opresión”.

*periodista de investigación inglés residente en Santiago, Chile. Escribe regularmente para Esquire, GQ y el diario inglés The Guardian. chilefranklin2000@yahoo.com