Vueeeeeeelta!!!

Las elecciones de este domingo, si bien no resultaron espectaculares, fueron máximamente interesantes. Es cierto que no votó mucha gente, pero sería exagerado decir que la ciudadanía no se manifestó. La derecha está desnutrida. Pocos le dan de comer. Si Evelyn Matthei no hubiera pasado a segunda vuelta, hoy se estarían comiendo unos a otros. Muchos esperaban el desastre para saltarle al cuello al compañero. Mientras dure el balotage, sin embargo, guardarán las apariencias.

Una amiga me dijo: “a mí la que me preocupa es la Evelyn”. Consideraba que la habían dejado muy sola, que sólo eso podía explicar sus últimas declaraciones vociferantes: “los amigos sirven para evitar que uno haga el loco”, agregó. Según ella, esa mujer podía terminar “muy descompensada”.

La Concertación, por su parte, que de pronto se infla igual que un pavo, no se da cuenta de lo poco querida que es. Es como una tía vieja instalada en la casa: cuesta echarla, siempre sale con algún cuento, pero apenas se la soporta. Es todavía la administradora de una historia que la superó hace rato. Casi todos los dirigentes estudiantiles que se candidatearon, ganaron con amplias mayorías. Se votaba más contento por ellos. Giorgio Jackson obtuvo prácticamente el 50% de las preferencias, y Karol Cariola y Camila Vallejo anduvieron por ahí. Fue sorprendente lo de Boric en Punta Arenas. Perdió Soledad Alvear, cosa que nadie imaginaba, una especie de baluarte de la ponderación y el comedimiento, una tía de la Concertación, tan respetable como aburrida. Y Escalona, ese personaje de novela negra que un día salió de los callejones para convertirse en ciudadano modelo. Se ha hablado mucho del final de un ciclo. Ricardo Lagos especificó “de un ciclo político y económico”. Lo conseguido estaría generando una nueva demanda. Y yo creo que tiene razón. Nadie grita hoy en las marchas, como se hacía en 1990, “¡Pan, trabajo, justicia y libertad”. Las consignas son otras: “¡Educación gratuita y de calidad!”, “¡Nueva Constitución!”, etc., etc. El año 2006, durante el Pingüinazo, eso fue lo que salieron a pedir los escolares. Para el mundo político, se trataba de pendejadas. Era ir demasiado lejos. Siete años después, la misma presidenta a la que se lo reclamaron, vuelve con esos excesos como promesa de campaña. El fin de un ciclo, en una sociedad, trae fuertes cambios en el elenco. Un hombre puede tener muchas vidas, pero en las distintas vidas de una comunidad, no pueden mandar los mismos hombres. Han abandonado el parlamento buena parte de los protagonistas del Chile de las últimas décadas. Salieron también Jovino Novoa y “los coroneles” de la UDI, Carlos Larraín y Hosaí Sabag, mientras una generación nacida en democracia entra al ruedo. “La Nueva Mayoría”, en el fondo, no es esta alianza electoral. Es más grande todavía. No se entiende bien sin MEO –que debiera incluso concursar por representarla para la próxima elección-, ni sin los votantes de Sfeir, que poniendo el énfasis en la naturaleza comparten todo lo demás. Alejándose apenas un poco de las miserias cotidianas, se ven muy nítidamente los deslindes artificiales. Quizás en el mismo momento en que se abran las fronteras por el norte, se cierren por el sur, pero eso ya es harina de otro costal. Construirla será un reto de Michelle Bachelet. Si sus promesas son sinceras, no puede si no hacerlo. Ellos las comparten, y ella los necesita.

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