Luego de que el pasado viernes Michelle Bachelet diera a conocer su futuro gabinete, diversas reacciones se generaron en el mundo político. El nuevo equipo sorprendió con cartas jóvenes, caras nuevas y un comité político de toda la confianza de la presidenta electa. Para el ex senador Carlos Ominami- ex militante del PS y padre del ex abanderado presidencial del Pro, Marco Enríquez Ominami- el gabinete que propuso Bachelet tiene una gran virtud, pero también un gran defecto que lo puede hacer vulnerable; “Es un gabinete donde coincide el poder real y el poder formal, pero lo que lo hace vulnerable es que es muy de la Presidenta y por tanto no es fusible, es un gabinete que si se enfrenta a algún momento de dificultad va a repercutir rápidamente en la cara de la propia Michelle Bachelet”.

-¿Qué le pareció la conformación del gabinete de Bachelet?
Mira yo creo que es un gabinete muy distinto al del 2006, es un gabinete con personas de toda su confianza y me parece bien que el poder formal coincida con el poder real, me refiero a que se habló muchas veces de que podía haber un segundo piso muy fuerte, que estuviera por así decirlo monitoreando. Creo que es mucho mejor que esas personas que eventualmente habrían estado en ese segundo piso, como es el caso de Rodrigo Peñailillo, estén efectivamente en el gabinete y sean parte de la estructura formal y no de una informal. Creo sí que este gabinete tiene un punto que lo puede hacer muy vulnerable, que es que es un gabinete muy de la Presidenta y por tanto no es un gabinete fusible, es un gabinete que si se enfrenta en algún momento a alguna dificultad, va a repercutir rápidamente en la cara de la propia Presidenta, porque claramente se da a entender que las decisiones que se tomen vienen desde ella, entonces creo que tienen la ventaja entre, poder real y poder formal, pero tiene la desventaja de que no es un fusible, los sistemas de repente pueden funcionar bien sin fusible, el problema es que si hay un cortocircuito, puede haber un incendio.

-¿Cree que hay algún riesgo en tener en el Ministerio del Interior a un ministro joven como Rodrigo Peñailillo?
Yo creo que hay efectivamente un riesgo, pero a mi también me molesta mucho esa crítica a que en la política están los mismos de siempre y después salen diciendo a este no lo conoce nadie, bueno pongámonos de acuerdo. Creo que él es un hombre que ha adquirido competencias y hay que darle la oportunidad para que la ejerza y además ahí también hay figuras con trayectoria y peso político, como Ximena Rincón o Álvaro Elizalde. Creo que sería muy importante que a Rodrigo Peñailillo le fuera bien, porque eso mostraría que definitivamente se está abriendo paso a una nueva generación.

-Se ha criticado la poca experiencia de algunas designaciones ¿cree usted que funciona este nuevo esquema para el gabinete?
-No es tan cierto que este gabinete tiene poca experiencia, hay figuras con tonelaje político, entonces no es un gabinete sin experiencia, sin peso político, pero ciertamente hay una fuerte apuesta a la renovación. Creo que Heraldo Muñoz es una persona con altas competencias en materia de relaciones internacionales. Tengo la sensación de que los puntos débiles son el ministerio del Trabajo. Bachelet entregó al mundo del trabajo una señal ambigua con la designación de Javiera Blanco. Y creo que hay una apuesta gigantesca con mi amigo Nicolás Eyzaguirre en el ministerio de Educación, esperemos que le vaya bien, pero creo que él tiene que hacer un tremendo esfuerzo, porque el manejo de Educación es completamente distinto a lo que han sido los ministerios de Hacienda en este país.

-¿Cuál es su lectura de la ausencia de los partidos políticos en la toma de decisiones para el próximo gobierno?
-Es una consecuencia lógica de lo que hemos visto, que es la crisis de los partidos. La Presidenta cuando llegó a Chile a fines de marzo, le dijo a los partidos, que no se aparecieran en el aeropuerto y era lógico que su participación en el gabinete fuera difusa, no obstante, no hay que extremar el argumento, no es un tema de blancos y negros, creo que esto refleja el mal momento que están pasando los partidos políticos en Chile.

-¿Cuál es la viabilidad política del secretismo con el que se ha manejado Michelle Bachelet para un gobierno de cuatro años?
-Creo que ahí hay que introducir un cambio muy importante, ese fue un estilo que funcionó en campaña, ella fue muy celosa de sus prerrogativas como Presidenta de la República, pero yo tengo un problema de fondo, a mi no me gusta el presidencialismo exacerbado, no me gusta la generación de un gabinete que pende, de manera prácticamente exclusiva, de la voluntad presidencial. A mi no me gusta el sistema del secretismo, porque si la Presidenta lo hizo bien, estupendo, ¿Pero y si se equivoca? Esto es un problema muchísimo mayor, que tiene que ver con el sistema y en eso yo espero que este Gobierno también cumpla con las cosas que estaban planteadas en su programa, en cuanto a que la nueva Constitución tiene que significar también un reequilibrio de poderes y también establecer una relación distinta entre el Congreso, los partidos y el gobierno en donde rompamos esta idea que se ha ido instalando en Chile de que estamos en una especie de monarquía constitucional.