Desde el Café Bahía, ubicado en la Galería Santiago Centro, A.V. recuerda que conoció a Doris Leiva, conocida como la “Kournykoba chilena”, hace unos años cuando trabajaban en la barra del café Ikabarú. Mientras atiende a los clientes que han llegado en la mañana al Bahía, vestida con diminutas prendas, cuenta que cuando comenzó en este negocio tenía 19 años, y en ese momento, Doris ya era reconocida por el show que realizaba con una raqueta.

-¿Cómo te metí esa weá de madera?, le preguntó a Doris.

La joven se refería a la raqueta con la que Doris se hizo conocida en sus show nocturnos en todo Chile. Era el mismo espectáculo que venía haciendo hace más de 10 años vestida de tenista y que la noche del sábado pasado la tenía presentándose en una discoteque. A.V. está cabizbaja. Dice que aún no se convence de la noticia al recordar el día domingo cuando los medios informaron que la famosa bailarina había estrellado su auto contra un árbol luego de realizar su espectáculo.

Entre la pena por la muerte y los recuerdos dice que quedó impactada la primera vez que vio la performance de la Kournykoba. El show consistía en un baile erótico donde Doris se desprendía poco a poco de su traje de tenista hasta quedar desnuda. Luego de eso, paf, sorprendía a todos cuando tomaba una raqueta, jugaba con ella y se la pasaba por su cuerpo. “Nunca había visto algo así. Después ella me explicó que la raqueta era una especial que se mandaba a hacer de goma y le ponía un preservativo. Me explicó que no se metía la raqueta de madera como uno podría pensar a primera vista al verla”, recuerda.

Trabajólica

Muchos de quienes conocieron a Doris coinciden en lo mismo: trabajaba mucho. Cuentan que realizaba tres o cuatro eventos por noche y la mayoría de las veces terminaban de amanecida, como la madrugada del domingo pasado. Aunque la SIAT de Carabineros no ha entregado oficialmente las razones del accidente, el ritmo de su trabajo haría pensar que Doris se quedó dormida al volante y chocó con un árbol. Tal como se supo en las primeras después del accidente. La radio de carabineros informó ese día que Doris Leiva había muerto de manera instantánea.

La Kournykoba chilena era mamá de 3 hijos, y sus cercanos dicen que a pesar de lo sacrificada que era su rutina diaria, siempre estaba sonriente para ellos. “Siempre trabajó por sus hijos. Siempre se le veía alegre, era muy buena persona, muy humana y siempre estuvo pendiente de sus hijos”, recordaron en los medios.

Un ex compañera, que prefiere omitir su nombre para este nota, desde el café Ali Baba, recuerda a Leiva como una mujer jovial, alegre, optimista y trabajadora. “Cuando sus hijos la llamaban, ella contestaba su celular siempre, estuviera en los eventos o en el café”, comenta. Su compañera dice que siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás, sobre todo a sus compañeras. De hecho, uno de sus proyectos que dejó inconcluso fue una sitio web que sirviera de registro para que los clientes pudieran buscar a mujeres y contratarlas para eventos. “Ella tenía pega siempre, era una de las más solicitadas por el tipo de show que hacía” agrega.

EL MAQUINISTA DEL IKABARÚ

Uno de los maquinista de un conocido café con piernas del centro de Santiago, que pide reserva de su nombre, dice que Doris se hizo conocida en el mundo cafetero no sólo por sus show. El hombre, quien se encarga de preparar el café que las chicas le sirven a sus clientes, recuerda que Candy soñaba con tener un café propio.

Fue así como años después de atender detrás de una barra y mostrar sus encantos, la Kournykoba chilena se asoció con Marcos Silva, antiguo dueño de los famosos café Ikabarú, y cumplió su deseo: fue su socia y llegó a tener dos locales que fueron bautizados con su nombre artístico.

El maquinista amigo la conoció en San Antonio, lugar en el que Leiva vivió durante muchos años y en donde trabajaron juntos. Al tiempo después, la bailarina se trasladó a la capital, y el barista, años más tarde, siguió su ejemplo. “Cuando llegué me recibió con mucho cariño”, recuerda.

Durante un tiempo, Doris se retiró del negocio debido a un problema en su espalda que le provocaba mucho dolor. A pesar de esto, seguía visitando a quienes habían sido sus compañeros. “Cuando se retiró venía a los cafés a visitarnos para saber cómo estábamos y lo que siempre nos decía era que nos cuidáramos, que no fuéramos ni tontos ni locos, porque éramos buenos para carretear. Siempre nos decía que la vida era una”, relata el barista del Ikabarú.

Leiva, antes de abandonar el negocio de los cafés, trabajaba muchas horas del día, primero en el turno de la mañana, que comenzaba a las 08:00 y se extendía hasta las 15:00 hrs, y después en eventos, casi siempre de empresas o de universidades.

Otro maquinista, del café Ali Baba, también la recuerda. “Era muy buena compañera conmigo. Nunca tuvimos ningún roce, todo bien”, consignó. Además agregó que durante el tiempo en que fueron compañeros, ella trabajaba todo el día. “Tenía su buen show, recuerdo una vez cuando la cadena Ikabarú estuvo de aniversario, e hizo su performance a todos los clientes y a nosotros que trabajábamos ahí. Después que se retiró no supe más de ella, la dejé de ver hace nueve años atrás. Fue muy esforzada la cabra”.