Lesotho

La rivalidad entre el primer ministro y el jefe del Ejército ha desatado el caos en Lesoto, donde una intentona golpista ha dejado durante una semana al país sin Gobierno ni Policía, un hecho que, paradójicamente, podría acabar con su anomalía democrática e impulsar la reapertura del Parlamento.

La sedición de los militares es un episodio más en la lista de golpes que, desde su independencia del Reino Unido en 1966, ha vivido esta minúscula monarquía constitucional enclavada en el corazón de Sudáfrica y conocida como ‘Reino sobre el cielo’, ya que su más bajo está a 1.400 metros sobre el nivel del mar.

Esta última crisis surgió el pasado sábado, cuando el Ejército tomó las comisarias de Policía, se hizo con sus armas y rodeó después la residencia del primer ministro, Thomas Thabane, que huyó a Sudáfrica temiendo por su vida.

Desde allí, Thabane denunció a los medios un golpe de Estado que, sin embargo, no llegó a consumarse al regresar los soldados a sus cuarteles después de hostigar a los miembros de la Policía -leal al primer ministro- y obligarles, en algunos casos, a huir a Sudáfrica.

“El detonante de la crisis fue la destitución del comandante en jefe del Ejército, Tlali Kamoli, que no aceptó la decisión de Thabane y sacó a sus hombres de los cuarteles”, asegura a Efe Dimpho Motsamai, analista del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS, sus siglas inglesas) especializada en África Meridional.

Aún controlado por Kamoli, que no ha aceptado hasta el momento su destitución y sigue al mando, el Ejército negó haber perpetrado un golpe y aseguró que solo pretendía evitar que la Policía armara a los seguidores de Thabane para boicotear una manifestación en su contra.

Entretanto, el organismo que agrupa a los países de la región, la Comunidad para el Desarrollo del África Meridional (SADC) auspició el lunes en la capital sudafricana un acuerdo entre Thabane y sus dos socios de coalición en la que se comprometen a resolver la crisis por la vía constitucional.

El pacto obliga a Thabane a reabrir el Parlamento, después de que decidiera cerrarlo en junio por un período de nueve meses ante la inminencia de una moción de censura de la oposición y sus propios aliados de Gobierno, que habría acabado con sus días en el poder.

Thabane reafirmó el jueves su voluntad de poner fin a esta clausura el próximo 19 de septiembre, en cumplimiento con el compromiso con las potencias regionales, que le permitieron el miércoles regresar a Lesoto protegido por la Policía sudafricana.

La puesta en marcha del Parlamento podría suponer la presentación de la moción de censura que acabaría con el mandato de Thabane que, según la prensa de Lesoto, se plantea convocar nuevas elecciones antes de ser derrocado.

Con la Policía de nuevo en las calles y el Ejército en los cuarteles, son muchos los que sospechan de la implicación en el golpe del viceprimer ministro, Mothetjoa Metsing.

Metsing es líder del Congreso de Lesoto por la Democracia (LCD), uno de los dos partidos con quien gobierna la Convención de Todos los Basoto (ABC) de Thabane, que llegó al poder en 2012 tras unas elecciones pacíficas de las que salió un Parlamento muy fragmentado.

“Metsing está siendo investigado por corrupción, y podría estar utilizando al Ejército para borrar las huellas (de sus supuestos delitos)”, dijo a Efe desde la capital de Lesoto, Maseru, un destacado activista por los derechos humanos que pide el anonimato.

La mediación de la SADC ha logrado devolver la calma al país sin necesidad de intervenir militarmente, aunque el precio a pagar ha sido permitir a Kamoli seguir con su desafío.

“Ha sido una actuación acertada”, explica a Efe el citado activista de Maseru.

De la misma opinión es Motsamai, que recuerda que los países de la región no pueden permitirse en Lesoto una crisis que dispararía el flujo de inmigrantes hacia las fronteras sudafricanas y pondría en riesgo las inversiones de Pretoria en el país montañoso.

Según estimaciones citadas por medios sudafricanos, un 35 % de la población activa masculina de Lesoto trabaja en Sudáfrica, sobre todo en el sector de la minería.

Sudáfrica -y especialmente la región de Gauteng, motor económico de toda la región y donde se encuentran Johannesburgo y Pretoria- depende en gran medida del agua de las montañas de Lesoto.

El pasado mes de mayo, el presidente sudafricano, Jacob Zuma, y el primer ministro de Lesoto pusieron en marcha la construcción de una presa de 2.200 millones de metros cúbicos que permitirá, cuando esté lista en 2020, aumentar el suministro de agua a Sudáfrica y la generación de electricidad en el pequeño reino.