Carlos Peña 01 A1

En su habitual columna de El Mercurio, el abogado Carlos Peña se refirió a la polémica suscitada por la distribución en jardines infantiles del cuento “Nicolás tiene dos papás”,el que muestra la realidad de las familias homoparentales.

“Es obvio que las familias tienen el derecho de educar a sus hijos en los valores que hayan escogido venerar. Está en la misma índole de ser padre enseñar a los hijos qué forma de vida es estimable y cuál no, cuál debe ser perseguida y cuál, en cambio, evitada. Hay un amplio campo de asuntos en los que los padres tienen el monopolio de lo que puede o no ser enseñado a sus hijos. Pero también es obvio que ese monopolio no alcanza a cualquier contenido”, señala en la publicación.

“Los padres tienen derecho a elegir la educación que prefieren para sus hijos, sin duda, pero eso tiene una obvia limitación: no pueden oponerse a que la sociedad transmita a sus hijos los principios de tolerancia y no discriminación que conforman el coto vedado de una sociedad democrática”, añade.

Para ejemplificar lo anterior, el rector de la Universidad Diego Portales señala que “la admisión sin cortapisas del derecho de los padres a educar a sus hijos no puede incluir la promoción de parte de una familia estalinista del culto a la dictadura, o de parte de una familia de nazis del rechazo a los judíos, o de parte de una familia atea del rechazo de la libertad religiosa”.

“Si eso es así, ¿por qué entonces una familia podría oponerse a que sus hijos se enteraran de que la homosexualidad existe y que quienes la practican son personas provistas de la misma dignidad? ¿Acaso una sociedad que trata con respeto a todos sus miembros no debe enseñar ese mismo respeto a las nuevas generaciones y ello aunque contradiga las creencias de las familias?”, se pregunta.

“Nadie discutiría que se debe enseñar a los niños que todos los seres humanos son iguales, aunque haya familias que piensen que hay algunos que son intrínsecamente mejores que otros. Nadie tampoco discutiría que se debe enseñar a los niños que la discriminación es mala, aunque sus padres piensen que es buena y adecuada, ¿por qué, entonces, debiera admitirse que las familias pudieran oponerse a que los niños se enteraran de que hay familias homoparentales? Enterarse de cuán plural es la realidad de los seres humanos y saber conducirse con respeto frente a ella es un objetivo valioso de cualquier educación, una forma de salir de la barbarie consistente en estigmatizar a algunos seres humanos en razón de la forma en que ejercen su sexualidad”, concluye.