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El amigo Carlos Peña, en su columna dominical, ha vilipendiado en duros términos al escritor Roberto Ampuero por su participación en la Enade 2014. Lo ha hecho papilla, lo ha acusado de subjetivo, no conocía ese reproche moral: “Usted es subjetivo”. Y todo por ciertas aprehensiones veleidosas del escritor-novelista aplicadas a la coyuntura de Chile.

Allá Peña que diga lo que quiera, pero el escrutinio público es inevitable, más si se trata de una columna en El Mercurio. Examinemos la subjetividad repudiada de Ampuero. Vivió en Cuba, sí, vivió en la RDA, sí, perteneció a las JJCC, sí, habrá sacado una experiencia de todo eso, parece que sí. Hoy es un publicista de la alta burguesía y un compinche de los peces gordos, qué duda cabe. ¿Merece un repudio? Tal vez sí, tal vez no. Pero acusarlo de impudicia, así como así, ahí está la problemática: ¿Con qué ropa? ¿Con qué moral? Si un señor subjetivo va a la Enade y glorifica al empresariado nacional a partir de sus malas experiencia juveniles, ¿qué importa? ¿Es la primera vez que eso ocurre en el mundo de las letras y las finanzas? Que yo sepa eso no es escándalo, es un detalle menor. Un intelectual comunista ahora engrosando las filas de la burguesía, pero ¡por Dios santo!, eso en el siglo XX fue pan de todos los días, hoy no tiene gracia.

El amigo Peña hace caso omiso de la verdadera falta de pudor: en la Enade 2014 se ha querido so pretextar la Unidad Popular para sacarse los pillos. El empresariado nacional, en el último tiempo, se ha pasado de la raya. Ha desacreditado las mejores tradiciones del capitalismo, ha menoscabado las buenas ventajas del sistema de la libre competencia y está incurriendo en una actitud reaccionaria y recalcitrante frente a los cambios de estructura que poco tienen que ver con las demandas sociales de la Unidad Popular. Por cierto, Ampuero ha sacado provecho a las penurias del proletariado, ha ganado su platita con sus derechos de autor a costa de una subjetividad patidifusa y pequeñoburguesa, incluso usando la nombradía del doctor Allende. Lo pasó mal en los socialismos reales y en Cuba, pero se olvida que también lo trataron a cuerpo rey. Ampuero, un pobre fulano, un fáctotum de las clases dirigentes… por lo mismo: ¿para qué denostar a un magro y triste latero?

El amigo Peña le saca el traste a la jeringa, no va a al punto, acusa de desmesura a un canija y no afina la puntería: empresarios que arrastrando el poncho al bien común ponen en jaque a la patria. Y gracias a Dios que no estamos en tiempos de la Unidad Popular, en esa época el proletariado estuvo a punto de sacarle la cresta y la chucha a los inescrupulosos; pero los intelectuales y académicos pusilánimes y descastados traicionaron a los pobres del campo y la ciudad, vendiendo el alma al diablo. No tuvieron pudor en lamerle el culo a las clases patronales, al igual que hoy, en las tribunas, en las academias, en los foros, los lobbys, en los parlamentos, y fundamentalmente en las malas conciencias.