cata guerra

¿La de “Los 33” era la primera gala a la que ibas en tu vida?
-Sí, mi primera vez, y no sé si me van a invitar de nuevo, ja, ja, ja. Fue como mi debut y despedida. Y parecía que estaba muy contenta, muy feliz de estar en la gala, ¿no lo notaste acaso? Ja, ja, ja. ¿Pero sabís qué? Hacía mucho frío y yo andaba prácticamente en pelota, por eso me movía tanto y tiritaba, porque había como dos grados bajo cero. No es que estuviera curá. Nadie se manda esa caminá, con los tacos que tenía, estando curá. Ni cagando. Ni tampoco mezclé sicotrópicos con cocaína y alcohol, como decían por ahí. Pero le pusieron ultra color, si era una fiesta… ¿o era un simposio en una catedral?

La alfombra roja terminó siendo la siutiquería máxima…
-Por eso mismo no me gustan las alfombras rojas, son la hoguera de las vanidades. Y además que soy súper bajo perfil. Excepto cuando aparezco, ja, ja, ja.

Pero fuiste… ¿querías ver a los mineros?
-No, eso era lo más facho. Fui invitada por el canal y por eso fui para pasarlo bien. Y para ser quien soy yo. No me pueden pedir que me comporte así toda compuestita, porque mi esencia no es así.

En esas galas se juega a ser lo que uno no es…
-Todo lo que uno no es, y pasas a ser lo que tienes puesto. Me da pena que se tomen en serio la alfombra roja. No somos europeos ni estamos en Hollywood. Somos latinoamericanos. ¡Hagamos alfombras latinoamericanas! Por qué siempre tenemos que creer que la mejor manera de hacer algo es como lo hacen los otros. Pero si ya estamos en esa, bueno, hagamos la alfombra roja, ¡pero no nos creamos que estamos en Hollywood! Porque la gente se lo cree, eso hace que sientan que uno le estuviera faltando el respeto al evento. Los brasileños entrarían tiquití, tiquití, bailando, porque son latinos. Y nadie diría nada. Fue súper loca la hueá, porque la gente reaccionó de una manera muy freak conmigo. Al principio me tiraron mierda, mierda, mierda: “cómo es que andai borracha”, “es una vergüenza internacional que una actriz de este calibre se presente en estas condiciones”, “esto demuestra que el vino chileno es muy bueno”. “Miren, miren, miren, la Cata anda raja”, y 52 retuits de la huevá. Ahí me empecé a ir a la chucha, porque en todos estos años de carrera en Twitter, nunca había tenido un comentario ni cerca de la mala onda.

Y ahora todos juntos…
-Una bola de nieve. Mis amigas me decían, hueona, es anormal lo tuyo. Todos me decían no pesquís, no pesquís, no pesquís. Pero cuando la hueá es demasiado fuerte, por qué me voy a tener que quedar callada, y te empieza como un ají en el poto. Yo me preguntaba qué le pasó a la gente de 20 y 30, gente joven, que está toda acartuchá, con poca gracia, poco sentido del humor. Porque estoy segura de que en las redes sociales no tuitean señoras de 70. Es gente joven, pero fome y cartucha. Cómo tanto. También me llamó la atención que los comentarios mala onda vinieran más de mujeres que de hombres. Les debe haber dado rabia.

¿Qué cosa?
-¡Tan regia la yegua! ¿A un hombre lo hubieran atacado de la misma manera por hacer eso? Yo creo que no. Hay toda una cuestión de género en este país que es del tiempo de las cavernas. Pero estoy tranquila, no le falté el respeto a nadie. No mostré una pechuga, no me caí, no agarré pal hueveo a nadie. Relajen la vena, si es una gala nomás. Todo esto me recordó a la dictadura.

¿Tan así?
-Sí, cuando todos nos teníamos que vestir de color café, pensar de la misma manera y la palabra diversidad no existía. Todo lo que se saliera de lo común, era sentenciado y puesto en la hoguera. Y eso es lo que pasó ahora. Me empecé a asustar porque este país no ha avanzado nada.

La gente en las redes sociales como que se cree dueña de la verdad. Son inquisidores, al que piensa distinto altiro lo atacan.
-Sí, poh. Todos tienen que ser correctos, o diplomáticamente correctos. Si les llevas la contra, olvídate. Todos se creen buenos. Toda esa gente que empezó a defender a los animales por Twitter, me dio una lata atroz. Yo digo por qué mejor no se llevan todos los perros pa la casa. Pero, bueno, cada uno con su cada uno. Hay demasiada mala onda. El ocultismo de las redes da para la crueldad. ¿Por qué no son más locos? A ellos los altera que uno los saque de su esquema, y al sentirse agredidos dicen “esta huevona está drogada”. Yo no hice más que estar feliz, pero la gente necesita un chivo expiatorio cada cierto tiempo para botar su propia mierda. La gente es muy metida. Al día siguiente de la gala, fui al Jumbo porque tenía ganas de tomarme una chela. Estaba sacando una y un loco me dice “ay, vamos a seguir tomando”.

Qué imbécil.
-Le dije “sí, poh, obvio, el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Ahí quedó. Pero me he reído mucho con los memes, si igual tengo sentido del humor.

Fuiste la única que preguntó en la gala por la ausencia de Alejandro Goic. Ningún compañero tuyo se acordó de él.
-Nadie lo nombró. Evidentemente, no creo que se les haya ido invitarlo. De hecho, lo cortaron bastante en la película. Goic me llamó. Me dijo gracias, compañera, fuiste la única. Él tomó todo lo que yo hice en la gala desde un lugar comunista, como de ir a cagar al evento, y no fue así.

¿No fuiste a cagar el evento?
-Nooo, al revés. En la radio, decían “menos mal que la Cata se mandó esto, si no no tendríamos de qué hablar, qué alfombra roja más fome”. Es que hay que ser un poco rockero en la vida. Y soy un poco así, pero nada de lo que hice ahí fue creado ni inventado. Ni fue para tanto, todo se exageró. Los medios también contribuyeron. Hueona, ¡me llamaron hasta del Dato Aviso! ¡Salí hasta en la portada de LUN, po! Ahí me empezó como a dar vergüencita ajena. Tenía hasta paparazis fuera de mi casa. Durante dos días no pude salir de mi casa. Y cuando salí a buscar un gásfiter, porque tenía el lavaplatos tapado, me agarraron. Todo como sobredimensionado. Me invitaron a “Primer Plano”, pero no fui. Sería farandulizarme, ir contra mis principios. No me gusta la farándula.

¿Por qué no?
-Vengo de una época sin alfombras rojas. Este nivel de exposición me violenta muchísimo. Yo me he sacado la cresta trabajando, vengo de esa escuela, no de la de quién me viste, quién me peina, quién es mi diseñador.

¿Hay una generación más joven de actores que viene de esa escuela?
-Sí. Es necesario que algunos la tengan y se adornen con eso. Y hay actores que parecen ser más buenos por toda la ínfula y la producción, pero no. Yo soy a poto pelao.

PASAR EL CHANCHO

Más allá de todo, ¿te gustó cómo saliste en la portada de LUN?
-O sea, salía como la Madonna musculosa, como de gimnasio, ja, ja, ja. Me da risa porque yo no hago nada. Ni voy al gimnasio. Como no tengo nana, hago camas, paso el chancho, limpio los vidrios, corro los muebles. Así me mantengo. Y eso que estoy más cerca de los 50 que de los 40…

Algunos dicen que los 50 son los nuevos 30.
-Así dicen. Pero cada edad tiene su proceso. A los 30, estaba educando a mis hijos y ya había enviudado. Y recién me estoy reubicando en otra etapa, súper entretenida, que no tiene nada que ver con los 30. Se está produciendo la emancipación de los cabros chicos, estoy empezando a decir “me quedo sola, qué es lo que quiero, porque dejé de ser mamá las 24 horas del día”… Es súper duro, porque además si estai soltera, y te quedai en la casa, podís terminar peinando la muñeca. En estos dos últimos años me he metido pa dentro, no salgo, pero me encanta… Estoy en una edad en que puedo hacer lo que se me pare la raja. Es un momento bacán. Además no estoy trabajando. Estoy en un año sabático auspiciada por Canal 13.

¿Qué haces para matar el tiempo?
-Me he puesto a pintar, hago collages, entretenido. También lavo los vidrios, limpio la casa. Le saco punta a los lápices. No, histérica, mal. Ya como que estoy pintando a los niños y a los vecinos.

Te falta puro peinar a la muñeca.
-“Vecina, ¿no quiere que le lave los vidrios?”. “Vecina, déjeme hacerle cuerpos pintados, por favor”, ja, ja, ja. Como estoy aburría, llamo mil veces a mis hijos. “Pero mamá, no es necesario que me llames veinte veces”…

Los hinchas harto.
-No, para nada, me llevo súper bien con ellos. Me cuentan todo, no tenemos secretos. Bueno, en mi casa siempre ha sido así. Fui criada con una libertad absoluta para hablar sobre todo: las drogas, el sexo, el carrete. De hecho, a la primera persona que le conté que había perdido mi virginidad fue a mi mamá y mi hermano. El sexo en mi familia era parte de la vida, casi como almorzar. No había temas tabú. Y eso veo en mis hijos. Son mucho más modernos que los treintones.

Algunos, después de verte en la alfombra, dijeron que eras como una milf…
-Sí, es que estar flaca es como un valor. Es como ser noble o buena persona. Impresionante. O sea, estai gorda y no te ven. Pero bueno, todo eso es muy bienvenido.

¿Pero qué te pasa cuando te dicen que eres la nueva milf chilena?
-Digo, bueno, ¡¿dónde están los hombres, entonces, que no los veo cerca?! Es que llevo mucho rato soltera.

¿Cuánto tiempo?
-Como cinco años. Bueno, me he enclaustrado, puede ser por eso. O porque tengo mucho carácter. A los hombres no les gustan las mujeres así como yo. Les gusta verlas, que sean de otros, pero no de ellos. No les gusta que tengan mucha opinión, que hablen fuerte, que sean rockeras. La mina que es catalogada como exitosa, chora, o como está tan de moda decir ahora, “la mujer empoderada”, asusta al varón. Me ha tocado mucho el hombre que se siente inferior al lado de esta mujer empoderada. Entonces, la desempodera, la tira pa abajo. Es bien fome el hombre chileno. Le falta humor, seguridad en sí mismo y un poco de locura.

O sea, la oferta no está muy buena.
-¡Terrible! Porque, a mi edad, tenís que enfocarte en la segunda saga: separado o que sea soltero. Y hay una escasez de hombres hétero. Hay mucho amigo gay. Pero también hay cosas súper entretenidas, más desatadas, más locas, que están pasando. En todas estas fiestas Spandex, que me encantan, está todo pasando. Ahí lo paso la raja.

¿Pagarías por sexo?
-No, prefiero que me paguen, ja, ja, ja… No, porque para esos están las bombillas.

¿Las pajitas?
-Ja, ja, sí. Pero creo que el sexo está sobrevalorado. Uno a esta edad, y ya te estoy hablando como una anciana, necesita que la acompañen, le hagan cariño…. Más que sexo, necesita acompañamiento. Ahora, si me ofrecen una cachita, igual te puedo ser una potra… ja, ja, ja.

Porque en estos cinco años, me imagino que igual has tenido tus cosas…
-Sí, he tenido sus cositas.

No es que hayas estado en un celibato.
-Estuve en celibato. Volví a ser virgen y ahora perdí la virginidad nuevamente. Di la vuelta entera. Llevaba tanto tiempo sin tirar que dije: “Soy virgen de nuevo. ¡Y vaya el hombre que me desvirgue a mis 40 después de dos hijos!”. Pero yo siempre fui muy seria para mis amores, parezco más loca de lo que realmente soy. O sea, nunca tuve un amigo pa pegarme una cachita de vez en cuando.

O sea, eras más bien cartuchona…
-No, era más polola. Pero me hubiese gustado ser más libre. No te voy a dar en el gusto y decir que más puta, pero sí, ja, ja. Ahora recién me está gustando el término “amigo con ventaja”. De hecho, después de esta entrevista, me voy a una cita… ¡ja, ja, ja!