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Mis papás piensan que trabajo como modelo, que voy a eventos y salgo en revistas. Estudié en Inacap pero nunca terminé la carrera. A los 20 vi un anuncio que decía ‘se necesita escort’. Mandé un mail a la dirección que aparecía en el aviso”.

Así comienza el relato y confesiones de un escort chileno que aparece como repotaje en la última edición de la revista Viernes del diario La Segunda.

En dicho testimonio Roberto (nombre que no es el suyo pero que escogió para este escrito) relató con detalles cómo se inició en la industria de la prostitución y las distinas experiencias que le ha tocado vivir hasta el momento. En ese sentido la tiene clara: “Las mujeres son más morbosas que los hombres”.

Pues bien, a su llegada a la dirección que salía escrita en la oferta laboral Roberto relata que “me explicaron que la mayoría de los clientes serían hombres, me preguntaron si tenía problemas con eso y les respondí que no, pero que nunca había tenido sexo con uno. Me enseñaron algunas técnicas, cómo tenia que cuidarme y al poco tiempo me decidí y partí atendiendo”.

“Yo no soy gay y tengo polola hace varios años”, recalca en medio de la conversación, dentro de la cual explica la gran diferencia entre sus servicios y el que entregan la mayoría de sus colegas: “Los clientes por lo general están acostumbrados a que les abran la puerta en pelotas, que no los saluden y que les pidan la plata altiro. Yo en cambio los espero vestido. Primero conversamos en el living, enrolamos un pito y les ofrezco una copa”.

En cuanto a las características de sus clientes, Roberto señala que algunos no se sacan el anillo de matrimonio, otros se visten de mujeres y otro grupo le pide que se disfrace de escolar: “Mientras me paguen un poco más yo no tengo problemas. Prefiero que sea así a que anden en la calle acechando”, explica.

Entre las peticiones que más le realizan las parejas que visitan su departamento aparece una bien habitual, dice: El hombre de la relación le solicita que se agarre a su polola o esposa y que le haga lo que quiera, claro que algunos terminan emputecidos porque se dan cuenta que su mujer jamás se había dado un beso tan bueno como el que se dan con él. En estos casos optó por preguntarle al hombre en un comienzo qué se puede hacer, qué está prohibido y qué quiere (todo esto mientras la señora se encuentra en el baño poniéndose cómoda).

En otros pasajes de la confesión revela que hay muchas parejas que son buenas para consumir cocaína, y que en esos casos para evitar quedar como palo por dos días usa cotonitos en la nariz o un algodón para pasar piola y seguir de manera sólida el ritmo de sus clientes.

Roberto cuenta que ahora el grupo de mujeres que lo llama solicitándole sus servicios ha aumentado considerablemente y que aquí se ha llevado grandes sorpresas. “Ahora hay más chilenas atreviéndose a hacer más cosas. Son más impredecibles, todas son distintas en todo sentido. He atendido mujeres vírgenes, al menos es lo que dicen, y he atendido a otras que tienen una vida bastante corriente, pero conmigo son muy desinhibidas, como no pueden serlo en su vida cotidiana”.

Añade que “una vez recibí una niña a la que le tuve que pedir carné de lo chica que se veía, pero finalmente tenía 20. Había tenido sexo por primera vez, y fue una experiencia atroz. En un pendrive trajo una película porno y me dijo: mira quiero hacer algo como esto, lo más sucio que hay. Era chilena, cuica, la mayoría así”.

“Una vez llegó una mujer súper tímida que nunca había tenido relaciones. No nos acostamos, ella sólo quería tocar a un hombre, con ganas y sin miedo. La clienta mayor sólo quiere acostarse con un joven. También la que se encuentra fea y quiere compartir un rato con alguien guapo”, revela Roberto a la vez que recuerda que a veces ciertas mujeres lo llaman para encuentros con sus parejas, después llaman para ir solas y luego vuelven con sus pololos o esposos “haciéndose las locas”.

El escort aseveró además que “otras mujeres parecen señoritas, pero no lo son. Unas quieren tener sexo duro y toda la noche, otras puros besos. Algunas buscan el orgasmo que jamás han tenido, muchas mujeres me dicen que sus parejas parecieran masturbarse con ellas, tienen sexo, se dan vuelta y se ponen a dormir. La mayoría de las mujeres jóvenes busca hacer como una porno, sueñan con copiar todo lo de las películas. La mujer, creo yo, es más morbosa que el hombre”.

En esa línea sostiene que “las mujeres están mucho más sueltas que antes, mucho, mucho más. Están dispuestas a hacer más cosas. A grabarse, mirarse y después borrarse. A gritar, tener sexo con más gente. Muchas después del sexo me cuentan los problemas que tienen con sus parejas o con sus hijos adolescentes. Yo creo que la mayoría de las mujeres de 40 me ve como un hijo”.

Al término de su confesión asegura que “algunos me han dicho que yo he solucionado sus problemas sexuales de pareja. Me han dado incluso las gracias, yo me río no más. No juzgo a nadie”.