Escort

Al hablar del mundo de la prostitución muchos imaginar burdeles, o trabajadoras sexuales ubicadas en algunas esquinas esperando por sus clientes. Lo cierto es que muchas y muchos han optado por trabajar como escorts independientes, mejorando considerablemente sus ingresos evitando que una agencia absorba lo ganado, así como también reforzando la seguridad al momento de prestar sus servicios.

El sitio Vice.com recogió algunos relatos de algunas y algunos trabajadores sexuales con el fin de conocer derechamente cómo escogen a sus clientes, en qué se fijan al momento de aceptarlos y de paso entender desde sus propias bocas por qué se lanzaron al negocio independiente.

Una escort (33 años) de Toronto que ha decidido mantener su identidad bajo reserva, partió su relato afirmando que lleva “casi dos años” trabajando “de forma independiente”.

El hecho de trabajar de independiente, contó que “tiene sus ventajas y sus desventajas. En lo personal, estoy muy feliz de haber empezado en forma independiente. Además, soy mayor que muchas otras escorts y tengo más experiencia. Soy muy especial a la hora de escoger clientes. Me gusta platicar un poco antes de conocer a una persona”.

En ese sentido precisó que los interesados en sus servicios “antes que nada, tienen que escribir un buen email. No acepto emails tipo orden de pizza. Cuando eres nueva, la gente se da cuenta y muchos raritos tratan de aprovecharse de eso. Creen que como eres nueva pueden obtener mucho más. Por eso es necesario que vean que eres firme. Conforme te van conociendo, dejan de enviarte esos mails. Prefiero clientes inteligentes”.

Al ser consultada por el fondo de esos mails tipo “orden de pizza”, contestó que “no acepto mails que digan algo así: ‘Hola, nos vemos a las 5. Quiero anal dos horas. Trae a una amiga’. Tienen que decirme exactamente quienes son y saber venderse”.

“Normalmente pido una referencia, es decir, que me pase en contacto de otra escort con la que ya hayan estado para que lo confirme. Si son nuevos —me encantan los clientes nuevos— tienen que enviarme una identificación, un perfil de LinkedIn o algo que diga quiénes son y en qué trabajan. Casi siempre me reúno con ellos en un lugar público antes de cualquier cosa”, enfatizó.

En otros pasajes de su relato dijo que “la regla es que si te envían muchos correos es porque no son clientes serios. Si es en serio tienen el dinero en un sobre y listo para entregarlo. Si quieren hablar de sus fantasías y esas cosas por mail, entonces los mando muy lejos. Deberían pagarme por hablar de eso. Muchos sólo se la jalan frente a su laptop mientras envían esos mails pero nunca programan una cita. Los clientes serios van directo al grano”.

Por su parte, otra escort (25) de Montreal que dice ser trans avisó que es muy clara, tajante y exigente con sus clientes.

En esa línea detalló que “antes que nada, sólo me promociono en foros de reseñas cuando lo necesito. Tengo un amplio círculo de clientes que veo con regularidad y la mayor parte de la interacción es en persona. Mis amigos saben en dónde estoy cuando tengo que trabajar y nunca acepto un cliente con el que no me lleve bien desde el principio. Tengo que asegurarme de que se sientan cómodos con ideas progresistas y que no planean algo malo. Casi siempre todo sale muy bien.

Agregó que “cuando algunos se dan cuenta de que no me he hecho la cirugía se sacan de onda o les da asco o cosas así. Me han hecho comentarios groseros pero en general trato de no llegar a ese punto. Además, sólo estoy con clientes que pueden cubrir mi tarifa. Si no, no tiene sentido y sería muy tonto abaratar el trabajo”.

Al ser consultada por qué tiró al tacho de la basura a las agencias, contestó simplemente que “no me gusta que me quiten tanto dinero y no me gusta estar atada a una entidad mercantil. No he visto que arresten a muchas escorts, casi siempre es a los clientes, pero no me gusta la idea de que alguien más me diga qué hacer. Me encanta mi libertad”.

A su vez, el joven Jordan (19), de Vancouver señaló que en los seis meses que lleva desempeñándose en este rubro le han enviado varios mails raros o trolls.

“Me envían mails y mensajes muy feos. Todavía no me siento cómodo con que todos sepan a qué me dedico y por eso trato de pasar desapercibido. Creo que todavía no entiendo muy bien cómo funciona todo esto”.

En esos correos, dijo, “muchos me preguntan si me pueden tratar como esclavo, casi siempre son tipos blancos. No sé si crean que porque soy negro pueden tomarlo como una perversión y que está bien o si solamente son pendejos”.

Por eso es que al momento de seleccionar a sus clientes “siempre les pido que me manden fotos y se las paso a dos de mis amigos más cercanos. También les pido que me manden su perfil de alguna red social y si no están activos o se ven falsos, entonces no acepto reunirme con ellos. Además sólo acepto transferencias electrónicas antes de la cita”.