El menor llamado Hope pasaba cada día de su vida desnutrido, demacrado, sin ropa y con un sinfín de gusanos en su vientre, todo esto hasta que un día una voluntaria en África le brindó su más sincera ayuda.
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Hope, un pequeño niño nigeriano de dos años lleva una vida sumamente triste: Pasa cada día de su vida desnutrido, demacrado, sin ropa y con un sinfín de gusanos en su vientre.
Todo eso, hasta que un día a fines de enero de este año la voluntaria de caridad, Anja Ringgren Loven lo encontró y le ofreció su más sincera ayuda.
Le dio de comer y de beber, a su vez que lo pudo llevar a un centro médico gracias a los aportes de personas anónimas a la causa en África.
Pese a lo triste del hecho, lo más llamativo fue la razón por la cual sus padres decidieron abandonarlo: No fue ni por vivir en pobreza o porque se haya perdido de la vista de sus progenitores, sino que más bien, se debió a que estos adultos creían que el pequeño era derechamente un brujo.
La pronta ayuda entregada por Anja al pequeño permitió que Hope ganara peso con una buena alimentación y de paso eliminara los gusanos que habitaban en su interior. Fue tal su recuperación que ahora incluso juega hasta con los hijos de la voluntaria.
A través de su cuenta de Facebook, Anja posteó que “no sé cómo describirlo con palabras. Esto es lo que hace la vida tan bella y valiosa”.
Sobre los aportes, la mujer señaló que “con todo el dinero podremos, además de darle a Hope el mejor tratamiento, construir una clínica, y salvar a muchos otros niños de ser torturados”.
Cabe decir que en Nigeria no es raro que a un niño se le abandone, golpee o mate al pensar que pueden ser brujos.



