Tetas

La columnista María Alejandra Villamizar habla en una crónica para Vice.com sobre la naturaleza enigmática del pezón de las tetas, definido por ella como el diablo que, “como todos los que ejercen de malos en las películas, son los que desafían el confort e inyectan la adrenalina que producen las emociones y el goce”.

Dice que esas circunferencias oscuras son como dos tatuajes tridimensionales que “ejercen de picos rectores del contacto con el exterior, y que suelen presentarse en público sin invitación”.

Asegura que “se relajan y se contraen por razones que no se pueden interpretar siempre de la misma manera y que nunca dejan de sorprender”.

Una de éstas, quizá la más recurrente, recuerda que es el frío.

“Esa condición climática exterior que no se puede controlar y que hace que los pezones levanten su más aireada protesta, para buscar un poco de abrigo. La solución casi siempre está en contar con una buena copa que los proteja y que les ahorre ese impasse. Ahora, ese es el frío del ambiente, el viento, una baja temperatura en conjunto con una blusa desabrigada, o un brasier muy delgado. Este episodio es tan natural como las tetas mismas, y no envía ningún tipo de señal de alerta al cerebro, simplemente hace frío y no importa. ¿Pero qué tal sentir sobre ellos unas manos frías? Ese es otro tema”.

Sobre éstas, afirma que, “propias o extrañas, frías o calientes”, “son la segunda de las razones más poderosas para que arranque la “crispación”.

“Si los dedos saben hacer su trabajo, y se esmeran en hacer sutiles movimientos a su alrededor, es inevitable que de inmediato se conecte la red de informantes sensoriales que le avisan al cerebro que algo va a pasar y puede comenzar una segunda etapa, que consiste en la demanda de decisión y fuerza. La participación de la mano entera o de la boca puede llevar el “levantamiento” a estados más tensos y más placenteros”, escribe.

Además de las explicaciones expuestas, Villamizar asegura que de igual manera “hay momentos en los que no hay ni frío, ni manos, ni bocas y aun así, los pezones se levantan”.

“¿Que si nos gustan los pezones duros y dispuestos? La respuesta es sí, la mayoría de las veces. Y no, quizá solo cuando duele, ¡ah!, porque sí duelen. Pero incluso en estado de ese pequeño padecimiento, la verdad es que los pezones son unas antenas inigualables que captan las señales de ese mundo que nos quiere seducir y que no se detiene”, resume.