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Cómo viviste la humillación de Argentina en el partido con Chile?
-¿Qué partido? ¿Cuándo jugaron?, ja, ja, ja.

¿Cómo te tomaste el resultado final?
-Cuando perdió la selección argentina, me acosté, me puse crema lechuga en el orto y me fui a la mierda.

Doloroso.
-Uf, sí. La verdad que prepararme para el partido fue muy loco. El año pasado vi la final en la casa de un cuñado que cumplía años. Estaba lleno de chilenos y me molestaron los hijos de puta. Ahora, pasa un año más y otra vez estábamos en una final. Y nuevamente era el cumpleaños de este hijo de puta, donde nuevamente estaba lleno de chilenos, y yo tuve como un déjà vu.

Debe haber sido una pesadilla…
-Claro. Otra vez Argentina perdiendo, otra vez todo el mundo gastándome, otra vez a penales y es como qué mierda pasó: ¿estoy drogado o borracho? Fue una noche de mierda.

¿Soltaste sus lagrimones tras la derrota?
-Después. En los últimos minutos del partido, estaba enchuchado, les gritaba a los jugadores ¡son unos amargos estos hijos de las mil putas, que se vayan a la mierda! Y más encima en los últimos minutos los argentinos no corrían y estaban todos metidos atrás. Y era váyanse a la conchesumadre. Pero al otro día fue un día de reflexión, ja,ja,ja. Si creyera en los curas hubiese ido a la iglesia, pero no fui porque me da miedo que me toquen el pico, ja, ja, ja.

Más encima, tener que prender la tele y que aparezcan los chilenos festejando…
-Claro. Más encima fui al parque con mi hijo y me decían: Jorgito, qué pasó, papá. Conchesumadres, me quería meter adentro de mi casa y no salir más. Y mi hijo “papito, papito, juguemos a la pelota”. Bueno, ya. Y empieza con, “Alexis, Alexis mete un gol, Alexis, gol de Arturo”…

¿Puteaste mucho?
-Sí, porque no fue solamente una cosa futbolera. A la renuncia de Messi se sumaron los desastres de la AFA, que nos van a sacar de la FIFA. Argentina quedó fuera del mercado comercial durante toda la época de Kirchner y ahora queda fuera del deporte por corrupción. Es horrible.

Mucha frustración.
-Es un momento bien penca. Perdimos de nuevo, Jadue no compró esta mierda de copa, esto no es un regalo. Chile la vuelve a ganar indiscutidamente. Yo tengo tres pibes y mi nene de tres años me decía: “papito, ustedes son malos, nosotros somos los campeones de América”. Y me parece maravilloso que lo vea así. Pero, claro, como argentino, digo: “este es un momento histórico de mierda”.

En las últimas tres finales, la selección argentina no ha metido ni un puto gol.
-Argentina demostró que no sabe jugar en equipo. Dan solo manotazos de ahogado. Tiene individualidades maravillosas y unos talentos increíbles, pero eso no sirvió de mucho. A Argentina la vi desapasionada. Sin alma.

Pero tú ibas por Argentina esta vez. Te picaste entonces.
-Totalmente. Pero no sé si picado. Me cuesta mucho ponerme contento cuando pierde Chile, y si Argentina pierde me pasa lo mismo. No puedo tener una felicidad total.

Este año no querías que ganara Chile.
-Sentía que le iba hacer bien a Chile perder, porque los triunfos populares son usados muchas veces por los gobiernos para penetrar al pueblo y que no se note el pico en el ojo. Además, ganar una final no tiene que ver con ser peor o mejor que el otro. Tiene que ver con el azar. Pero comercialmente para mí, que Chile gane es mucho mejor. Porque al chileno le encanta el bullying y lo más probable es que me contraten para ponerme en un escenario y me digan “¿viste?, te rompimos el orto, hijo de puta”.

Y para peor, Messi renuncia.
-Esa noche, me dio una pena terrible. Pero al otro día me levanté con una sensación media amarga, con olor a oveja en la boca, y putié: pero qué mierda, por qué renunció este pelotudo, qué maricón este culiao, por qué hizo eso justo ahora. Me dio bronca, porque no está bueno sacarle el culo a la inyección y decir “bueno, no quiero más”. Lo único que le digo a Messi es no seas puto, poné los huevos arriba de la mesa y decí: “loco, nos equivocamos”, pero no renunciés ahora.

En Argentina se enojaron mucho cuando criticaste a Messi en la copa pasada.
-Un año atrás dije que Messi era un gordo pecho frío, pedorro, puto y cagón. Y me hicieron mierda. Pero ahora, un año después, lo dice la mitad de argentinos. O sea, soy un visionario, ja, ja, ja. Y, de verdad, me saco el sombrero por Chile. Y me saco los zapatos por Argentina para pegarle un par de patadas en el orto a todos sus jugadores.

¿Cómo ves el futuro de la albiceleste?
-Como el pico. Argentina tiene un problema mucho más grande que la selección. Creímos en una señora que era una delincuente hija de puta que lavó miles de millones de plata. Creímos en Méndez (Menem) y también nos cagó a todos.

EL CULIAO
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¿Por qué se te ocurrió hacer una “peliculiá”?
-Se fue dando. La verdad es que nunca quise hacerla. Yo tengo una película que no está estrenada y el tipo que hizo esa película, fue a ver a un distribuidor y le dijo: “mirá, este loco que estuvo en Viña hizo una película donde es el protagonista, por qué no la lanzamos ahora”. Y el distribuidor le dijo, por qué no hacemos una película de este argentino culiao. Y, bueno, había cosas que contar.

Has armado una especie de filosofía en torno al concepto del culiao.
-Claro. Porque estamos llenos de culiaos, la mayoría de los que toman decisiones de poder son unos culiaos. Para mí, el culiao no es el tipo que dice malas palabras o groserías. Puede ser el que dice lo que piensa, pero también quien se acomoda a la situación, porque puedes decir “esto es una mierda”, pero agregás “tampoco es tan mierda”

Antes de ser el argentino culiao, ¿quién eras?
-Era un argentino reculiao, ja, ja, ja, porque vivía en Argentina, pero cuando llegué a Chile tuve que bajar un cambio y transformarme en culiao, porque de culiao a reculiao entras en la pedantería y la soberbia. Mi abuela decía “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, como aquel que dice “yo soy un tipo transparente, no te voy a cagar, pero no te agachés que te voy a romper el orto”. Para mí hay una cosa positiva con el culiao.

¿Cuándo le agarraste cariño al culiao?
-Cuando me empecé a reír de eso y salí de la bronca de la calle del “argentino culiao”, porque me trataban así en mala. Una noche me subí al escenario del Cachafaz y dije: “hola, qué tal” mientras me silbaban. “Supongo que lo están pasando bien”, dije y me respondieron “sí”. Y yo: “bueno, yo no, ustedes tienen familia y yo no, pero yo soy argentino y ustedes no”. Me empecé a reír y les dije “soy un argentino culiao, ¿les gusta, ahhh? ” Empecé a decir maldades y el chileno se empezó a reír: “ah, les gusta, ustedes también son culiaos, pero no se animan”. Ahí empecé a disfrutar. Y pasaron cosas locas con el “argentino culiao”.

¿Cómo qué?
-Hay una identificación. El tipo se suma a esto del “argentino culiao” y le permite desahogarse y poder decirme “argentino, conchatumadre, no voy a ir a ver tu película, la voy a comprar en el Persa Bio Bio pa cagarte…Métete tu película culiá por la raja y mostrála en Perú, ¡conchetumadre!”. Es la raja eso.

Pero antes no era la raja que te dijeran “argentino culiao”
-Sí, pero tenía que ver con el momento que vivía Chile. Te estoy hablando hace veinte años atrás. Argentina había ganado un mundial, teníamos a Maradona, Gardel, el rocanrol, Soda Stereo, Charly García, Cerati… Después nunca más ganamos nada.

Los chilenos se sentían inferiores que los argentinos.
-Sí. No era así, pero de alguna manera se sentían opacados. Y después hay un crecimiento en Chile que tiene que ver con que el chileno se empieza a comer a la más rica de Argentina. Está Vicuña que se come a Pampita. Y se transforma también en el chileno que le caga la Copa América a Argentina.

¿Te gusta más el chileno winner de ahora?
-Me parece que está muy bien. Hay que disfrutar la onda winner. Porque no está bien todo tan contenido, tan estructurado, le hace bien a los chilenos soltar amarras y creerse un poco.

Pero también afloran los nacionalismos…
-Pero es bueno que se crean el cuento. Lo malo es que haya un aprovechamiento, los falsos triunfos. Que se ocupen para tapar cagadas. Los argentinos nos comimos un par de triunfos como si fueran la garantía de que éramos increíbles. Y uno empieza a creer que la crisis no es tan crisis, que somos muy ricos y podemos salir de esto. Hay mucha estupidez. Hubo mucha estupidez en estos doce años de kirchnerismo.

No te gustaba Cristina.
-No. Y ahora se descubrió que la hija de mil putas tenía millones de dólares escondidos. Me he peleado con amigos por decir cosas de ella. Hace unos años, me invitaron a un festival de teatro en Argentina, organizado por el gobierno kirchnerista, y yo dije en una parte del espectáculo que había ido al psicólogo para contarle que me perseguía Cristina Kirchner. Y casi me matan.

¿Y qué tal Macri?
-Es una bestia neoliberal como Piñera.

EL BULLYING
¿Cómo es el humor argentino?
-El humor argentino es bien culiao también, porque el culiao traspasa fronteras: Somos racistas, nos permitimos el bullying, nos reímos de nosotros mismos…

¿El humor chileno es culiao?
-Hay de todo. Claramente, ha habido un cambio muy grande y tiene que ver con que la sociedad se ríe un poco más y con que somos ganadores ahora.

De la personalidad del chileno, ¿qué admiras? ¿el doble sentido, la picardía?
-No, lo que aprendí es que el chileno antes de decir las cosas las piensa.

¿Concuerdas cuando dicen que el chileno tiene la talla a flor de piel?
-¡Ni en pedo! No es un país que se ría de las cosas que suceden en el país. Chile se enoja más. Como que le da más vergüenza. Y si le decís “hola, qué tal”, te miran mal. Entrás a un ascensor y no te saludan. Yo creo que no los caracteriza la talla fácil. Lo de la chispeza chilena tiene que ver con el pueblo. Vas a La Vega y el vendedor dice: “caserita, venga, que le tengo la merluza fresquita”. Hay un doble sentido que no tiene el cuico o el chileno nuevo con plata.

Los chilenos no nos reímos de nosotros.
-Al ser humano no le gusta reírse de sí mismo. Pero cuando uno empieza a hacerlo, se abre una puerta maravillosa que tiene que ver con el humor y el bullying tiene que ver con eso. No digo que el bullying sea bueno. Lo malo es que lo tomamos todo de forma muy personal. Hay un un bullying típico del colegio que es agresivo: “eh, guatón, tenés olor a poto en la cara”. Pero hay otro bullying donde le decís a un amigo: “che, no te queda bien ese peinado”. Y el tipo explota y te la devuelve con todo. Me parece que debemos permitirnos ese bullying, porque es donde nos reímos de nosotros mismos.

En algunas rutinas, le has hecho bullying a los peruanos o bolivianos. Incluso, te han tratado de xenofóbo.
-Si tenés que ponerle un concepto y eso es ser xenófobo, bueno, está. Siempre hay una parte de mi monólogo donde digo, “no lo dije, pero lo pensé”. Es como cuando estoy con mi hija jugando todo el fin de semana y, a las dos horas, le digo “¿te acuesto?” Y me dice: “no, la mamá”. Eso es como un harakiri para mí. Me quiero matar. ¡Por qué la mamá y yo no! Y me peleo con mi hija. Y en ese momento es, qué hija de puta, la pendeja de mierda, estuve todo el día con ella y me termina diciendo que prefiere a la mamá. Entonces, ¿soy un hijo de puta porque digo o pienso eso? O cuando tengo que ir a buscar a mi hijo al colegio. ¡Ay, la puta madre, sí lo llevé recién! ¡Cómo voy a tener que ir a buscarlo otra vez, la puta madre, colegio de mieeerda! El humor tiene que ver con la descarga, con soltar la compuerta del ahhh, conchesumadre, puta madre, pah, pah, pah.

¿Pero por qué reírse de los peruanos o es que recoges lo que piensa la gente de ellos?
-No me gusta el ser humano que se suma a algo porque otro lo dijo. Decílo antes, conchetumadre, si lo pensás. No confío del que se esconde detrás de la multitud. Me da miedo. Y el chileno -como todo ser humano- es de hacer bullying mental: piensa cosas, le gustaría decir algo, pero no las dice. Espera que otro lo diga por él. Y así lavarse las manos. Tampoco veo las redes sociales. Me aburren un poco. Me parecen que son como el teléfono descompuesto: se van desvirtuando.

¿El humor tiene un límite? ¿Hay algo de lo que no te reirías nunca?
-No me gusta reírme de las diferencias físicas. Sí me parecen vapuleables los actos indignos de los seres humanos. Me parece maravilloso reirme de eso.

¿Siempre has sido bueno para hacer bullying?
-No. A los doce años me gritaban puto y maricón por estudiar teatro. Cuando les preguntaba a los chicos del barrio si querían jugar a la pelota conmigo, me respondían “dale, puto, qué vas a jugar vos, vas a venir con un tutú, maricón”. Pero yo me cagaba de la risa. No me molestaba. Si me hubiese molestado, por ahí hubiese sido difícil. Yo no era de bullying sino que de dar vuelta la cosa. Por ejemplo, mi papá me decía: “no hagas eso”, “¿escuchaste?” y yo “¡quéeee!” Lo hueveaba, ¿me entendés? Y es muy loco, porque cuando abrí mi local en Chile, le puse Cachafaz, que significa eso: la persona que huevea, que es pícara, que carga a la gente, que lo remeda. Y mi viejo me decía de pendejo, “no seas cachafaz”. Entonces, de alguna manera, se van dando las cosas. Mi viejo contaba chistes. Toda su vida lo hizo. Yo odiaba que contara chistes, porque los repetía el hijo de puta. Y lo que más me molestaba, era que en algún momento, me agarraba y me decía “vení, contá el chiste ese”. Y yo no, no. “Contá el chiste. Con- tá- le el chiste”, repetía. O cantá. Mi viejo era de ir a los bares a jugar a las cartas y yo era la excusa para él. Y el nene se quedaba dormido a las tres de la mañana arriba de los billares, jugando a los pac-man o al taca taca, con mi hamburguesa.

¿Qué edad tenías?
-Ocho, diez, doce, catorce. A los 16 me empezó a llevar a los boliches para bailar tango. Y me hacía cantar en los lugares y yo cantaba mal, porque no me sabía la letra. Me hacían bullying y mi viejo también.

EL ADOPTADO
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Me contabas que llegaste al humor de una manera bien particular…
-Sí, fue yendo al psicólogo. Pasa que en Argentina hay una cultura muy psicoanalítica, freudiana, de café y uno entra en eso, de decir “Dios existe, pero en realidad es bla, bla, bla”. Y, bueno, yo iba mucho al psicólogo.

¿Estabas muy mal de la cabeza?
-Sí. Me acuerdo que estaba cortando con una pareja y no sabía qué hacer. Estaba en eso de ándate, pero volvé, y volvía y uno terminaba tirando, y la historia seguía…. Pero ya quería cortar. Entonces, era como “ya, te voy a entregar lo que tengo”…y yo pensaba no puedo ser tan directo porque si soy directo significa que va a pensar que no quiero cortar. Y si le genero daño voy a mantener a esa persona pegada, y si queda pegada no tendré la fuerza para cortar esta huevá, y yo quiero terminar. Entonces, iba a bajar la valija, entonces ¿se la paso yo o que la saque ella?

Te pasaste para enrollado.
-Sí. Yo le contaba esto a mi psicólogo: ¿le doy las gracias a ella o me voy nomás, le doy un beso o no le doy un beso? Él me decía dale un beso y cortá tranquilo. Mi psicólogo me decía no puedo creer que pensés tantas imbecilidades, sos un pelotudo, por qué no las escribís mejor, loco. Y me acuerdo que de ahí salió una cosita y lo transformé en un espectáculo que se llamaba “Ya se lo dije doctor”. El motor de mi humor es psicoanalítico.

¿Qué es lo más rebuscado que has pensado?
-La primera vez que vi mi pene, me di cuenta que tenía una cicatriz abajo, y dije: uy, soy operado y mis papás no me lo dijeron nunca, por qué será, ¿¡será porque soy adoptado!?

Ja, ja, ja.
-Soy adoptado, soy adoptado, me creí ese cuento. Y el psicólogo me volvía a decir pero qué pelotudo. “Pero no, loco, es una cosa normal”, me repetía él. “¿Pero, doctor, si tengo cosido de los cocos para arriba y están mal cosidos? Algo pasó”. Y me creí que eso era un signo de adopción.

Pero por qué.
-No sé. Esos son los mismos descubrimientos de cuando te das cuentas si te gustan los hombres o las mujeres. Yo no tuve límites con eso. No significa que tuve relaciones con otro hombre, pero no tuve límites con el teatro, con la expresión corporal, de repente estábamos con un compañero casi a punto de agarrarnos a besos…

Tienes un video donde le das unos piquitos a Rolando Jiménez.
-Es que con el Movilh se ha generado una buena onda. De hecho, participé el fin de semana en la marcha del orgullo gay.

Chile está muy atrasado en esos temas.
-Son unos caretas de mierda. Se hacen una paja y van a misa. Y se chorean miles de millones de dólares y se hacen los boludos. Está lleno de enfermos que creen que la homosexualidad es una enfermedad. Es de un doble estándar siniestro.