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Pese a que ya pasó una semana del hecho, Eugenio Tironi dedica su columna de este martes en El Mercurio a analizar cómo fue la puesta en escena de José Piñera en el programa “El informante”, donde fue entrevistado por Juan Manuel Astorga.

“Todo partió del hecho que no le gustó la nota periodística que la precedió. La acusó de ser una sarta de mentiras, y que con su emisión el medio había roto el compromiso de evitar toda opinión editorial”, opina Tironi.

En esa lógica, dice Tironi, Piñera “anunció que en tales circunstancias se veía obligado a romper él también el contrato, privándolo de lo que parecía más interesante, sus propuestas para mejorar el sistema de pensiones: estas, dijo, las dejaría para una entrevista en otro canal -como efectivamente lo hizo esa misma noche-“.

De ahí en adelante, lo que hizo, como se vio, fue “establecer la verdad sobre el sistema”, dijo Piñera.

“Lo que me pareció notable de la entrevista es que rompió de un plumazo con ciertos postulados sobre los que hoy se organiza el debate público”, afirma Tironi, antes de enumerar que  desde “el punto de vista de José Piñera no hay tal cosa como periodistas independientes que se hacen su propio juicio sobre las cosas: no, lo que hay son medios que conspiran para mentir y engañar a la gente y ponerla en contra del sistema de capitalización. No hay tal cosa como libertad de la prensa para entregar sus propias opiniones editoriales -como la nota periodística en cuestión-: no, lo que hay son relaciones de tipo transaccional en que los contenidos editoriales deben ser visados antes por el entrevistado. No hay tal cosa como una ciudadanía, que gracias a la educación y las redes sociales, es cada día más crítica, informada y emancipada del control de los grupos dirigentes -incluyendo desde luego a los políticos y a los propietarios de los medios de comunicación-: no, lo que hay es gente desinformada cuyos juicios no deben ser tomados en cuenta, pues no brotan de su propia reflexión, sino que son moldeados por los medios de comunicación y los políticos. No hay tal cosa como la necesidad de prestar atención a lo que expresan los usuarios, bajo la premisa de que ahí hay un conocimiento tanto o más valioso que el de los expertos: no, lo que hay en sus testimonios es un mero reflejo de las falsedades de una prensa y una clase política que mienten con descaro y sin sanción”.

Para Tironi, “la actitud de José Piñera en esta entrevista no calza muy bien con su figura de paladín de la libertad, pues no parece creer en la independencia periodística, ni en la capacidad de las personas de elegir y formarse su propio juicio, ni menos en dar valor a su experiencia o parecer. Pero más que esto me impresionó la dicotomía sobre la que él se instala: la dicotomía entre la verdad y la mentira, entre el conocimiento y la ignorancia, entre el experto y el vulgo, en fin, entre los Miguel Ángel, Karl Benz y José Piñera y los Juan Manuel Astorga”.