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En un acápite de una entrevista concedida a revista Caras, la socialité Mary Rose Mac-Gill entrega las claves para diferenciar a una pituca, calificativo con el que se siente más cómoda, de una cuica. Acá las nueves disimilitudes.

“¿Qué distingue a una pituca de una cuica? Que la pituca es montada en el hilo. Se sube al Metro o a la micro y va feliz. La cuica tiene autos enormes, lo que es ridículo en Santiago”.

“La cuica viaja y luego habla tres horas de los lugares que visitó y, claro, de lo que compró. Una lata. La pituca no hace alarde”.

“La cuica, entre más arriba viva, mejor. ¡En cualquier momento llegan a Mendoza! La pituca, en cambio, es práctica: yo vivo a cuadras del Metro, en un departamento con jardín, cerca de todo”.

“Tengo amigas cuicas que, de repente, aparecen con una cara distinta. Creo en la cirugía plástica y reconstructiva si hay un defecto que afecta la autoestima, especialmente de los niños. ¿Pero para verse más joven? A waste of time and money (Una pérdida de tiempo y plata) Hay otras cosas que delatan la edad como las manos. ¿Qué sacas con andar con la cara estirada?”.

“La pituca siempre está dispuesta a colaborar en causas benéficas. Tiene interés político y opinión. La cuica sufre de ‘yoísmo’: yo, yo, yo. Muy cansador”.

“La pituca es enferma de puntual. La cuica ojalá llegue última para que todos la miren”.

“La cuica tiene mucha ropa, la pituca cuida la que tiene”.

“La cuica tiende al name dropping: estuve con tal o cual personaje. Yo conocí a Churchill, pero no puedo hacer de eso mi tema. La cuica vive en el mundo de Bilz y Pap, la pituca en la realidad”.

“La cuica tiene perros con pompones —no molestan a nadie eso sí—, que usan como un accesorio. Para la pituca la mascota es parte de la familia”.