El exdirector de la Oficina Federal de Investigación de EE.UU. (FBI), James Comey, comparece en el Senado del país gringo, y lo hace dejando con tiritones al presidente Donald Trump luego del despido en medio del enredo de la llamada trama rusa, que no es otra cosa que la intervención del Kremlin en la elección que el magnate le ganó a Hillary Clinton el año pasado.

De entrada, y ahí seguro que Trump botó el café y las donuts que a esa hora se estaba zampando, Comey afirma que no ha duda que Rusia intervino en los comicios.

Comey rechaza calificar las órdenes de Trump sobre el hecho como “obstrucción a la Justicia”, pero sí dice que son “perturbadoras y preocupantes”.

Además, Comey declara que queda en ascuas cuando Trump le pide el cargo el pasado 9 de mayo.

“Me había dicho repetidamente que estaba haciendo un gran trabajo y que esperaba que me quedara (…) Así que fue confuso cuando vi en televisión que el presidente me despidió por la investigación de Rusia”.

Respecto de las razones del despido expuestas por la Casa Blanca, afirma que “esas fueron mentiras, simples y sencillas mentiras”. “La (Casa Blanca) eligió difamarme y —más importante aún— al FBI”.

La declaración sigue y de seguro que durante la jornada irá dejando coletazos, pues semanas atrás ya se comenzó a especular con la posibilidad de que Trump enfrentase un impeachment por este hecho. El mandatario se ha defendido, ha jurado que no tiene nada que ver, pero habrá que esperar el desarrollo de los hechos.