Martín Erazo, director de “La Patogallina”, y la versión más punk de Violeta: “Fue un demonio con patas en un país cartucho”

“Paloma Ausente” es la próxima obra callejera de la compañía de teatro La Patogallina, que trae una mirada más oscura y psicodélica de Violeta Parra. Se montará por primera vez el 23 de septiembre en Curicó y llegará a Santiago el 27 para presentarse en la Explanada del Museo de la Memoria. El montaje busca sumergirse en todas las dimensiones de la cantautora y representar sus aspectos más profundos, sus recorridos por los campos chilenos y su rol como recopiladora de la cultura chilena. “La obra es drama, humor, tragedia, oscuridad, alegría, porque así era ella, una mezcla química muy particular”, cuenta Martín Erazo, su director.

Para muchos chilenos Violeta Parra es sólo “Volver a los diecisiete” y “Gracias a la vida”. La mayoría de las personas tiene una mirada súper pobre de su figura. Con La Patogallina consideramos que ella fue mucho más compleja que un par de canciones. En nuestra versión de “El Gavilán” intentamos demostrar que fue alguien multidimensional, que tenía una energía mucho más fluctuante que la del resto, que andaba en otra sintonía, que a veces era melancólica, pero también muy punk. Entender esto fue importante porque no se puede comprender a una sola Violeta, dentro de ella convivían muchas que resumirla en una faceta era muy poco.

Nosotros en la obra la separamos en tres. Primero está la niña con una serie de recuerdos de infancia. Luego está la joven quien se encarga de recorrer Chile durante casi cinco años desenterrando la cultura criolla. En ese proceso de recolección se encuentra con distintas realidades, cantautores, formas de escrituras y melodías que estaban ocultas, pero que eran parte de una identidad propia del chileno que no era visible. La tercera es la más adulta, una mujer más oscura que lucha contra sus demonios internos, que escribe canciones más cargadas al odio y que dice las cosas de frente sin miedo. También la que es mucho más obsesiva y que termina escribiendo la obra “El Gavilán”, que representa el poder contra el oprimido, el hombre contra la mujer, y que si nos ponemos a pensar es una situación muy vigente actualmente, pero que ella escribió muchísimos años atrás. Esas tres líneas temporales se van entrelazando, entregando una lectura general de su personalidad y de su vida.

Cuando estábamos en la fase de analizar a Violeta, notamos que sus procesos de escritura estaban muy ligados a sus estados emocionales, a sus intereses y sus obsesiones. Si estaba enojada escribía una canción y la cantaba enojada, casi gritando. Podía pasar de la melancolía con letras sobre pajaritos, a una canción punk rock como “Maldigo del alto cielo”. Pero eso la destacó entre todos. Violeta fue una “rockstar” de la época, era combatiente, decidida, tenía actitud, se hacía cargo de sus demonios y de los del país. Si bien era un estandarte de la cultura, hablaba a chuchá limpia. Por eso también la obra es drama, humor, tragedia, oscuridad, alegría, porque así era ella, una mezcla química muy particular.

Por ejemplo, en una de sus obras se lucha contra un Gavilán que representa el poder, también contra elementos naturales como el fuego, agua, como si la vida fuera una epopeya. Quizá un poco describiendo la suya y la de este Chile que se derrumba y se vuelve a armar, que siempre tiene que luchar contra viento y marea, ese Chile que conoció recorriendo sus tierras y que aún sigue existiendo.

Al principio la personalidad de Violeta puede parecer muy rara, pero tiene un contexto. El trabajo que hizo por descubrir la identidad nacional, de conocer la cultura chilena desde adentro, de cierta manera, igual le dio una visión distinta de la vida. Una cosa es ser impulsiva y tener talento para tocar guitarra y otra es darse el tiempo de investigar durante años una identidad nacional, de recorrer los campos intentando conocernos y conocerse. Todo ese camino la llevó a ser como era, a escribir lo que escribió, a luchar siempre y a representar, en cierto sentido, a Chile mediante sus obras. Ella supo graficar mucho el nivel irónico, sufriente, obstinado, melancólico y ácido del chileno en su día a día. Finalmente, creo que eso quedó implícito en su canto y en su personalidad. Condensó, en muchas cosas concretas, todo lo que estaba volando en Chile.

Ahora, como ella era de una forma tan particular, nosotros también quisimos hacer esta obra de una forma particular. No es un folclor visto desde el punto de vista costumbrista o clásico; nosotros no hacemos un teatro realista. Esta obra la catalogamos como una especie de surrealismo rural, que es bien pela cable, una onda más volada y psicodélica. Todas las cosas están hechas a mano, tienen rostros, se mueven y dialogan. Igual nosotros pensamos que la gente es así, que la cultura del campo tiene esa naturaleza loca. Por ejemplo, la otra vez fuimos a actuar a Alhué y en los registros del museo había una persona que le había puesto una demanda al diablo, entonces quisimos rescatar toda esa locura y energía que pasa en los campos en esta versión de El Gavilán. Tratamos de mostrar ese sol penetrante, ese esfuerzo sobrehumano de trabajar la tierra y esa lucha constante contra todas las adversidades de la vida, que es un poco lo que le tocó en vida a Violeta.

El peligro de hacer trabajos como este es caer en el homenaje sencillo, pero nosotros no consideramos que este sea uno diciendo que ella es lo más grande de Chile. Para mí ella lo es, pero no la ponemos en un pedestal porque sería ponerla en algo contra lo que ella siempre luchó. Buscamos acercársela a la gente, que la conozcan, por lo mismo la montaremos en distintos lugares del país, por el tema de estar en movimiento como lo hacía ella, ese ejercicio de recorrer para estar en contacto directo con la gente.

Violeta muchas veces dijo en entrevistas que las personas no tenían idea de lo que era el folclor, que hasta que ella muriera iba a trabajar para darlo a conocer, por eso no es menor que sea la única referente de él, porque hizo de todo para acercarlo. Nadie nunca más hizo esa pega. Hoy los cantautores parecen ser sólo buenas personas, no van más allá. Dónde están esos demonios personales, esa rabia interna. ¿Todo estará tan bien? no creo. Violeta fue un demonio con patas en un país cartucho.

Y uno, después de toda esta lectura, lamentablemente se da cuenta de por qué Chile está como está. O por qué decimos que somos un país ignorante. Las mismas cosas por las que se luchan hoy ya se lucharon varios años atrás, pero no hemos avanzado ni sabido recoger nuestra historia y hacerla parte de nuestras vidas. Hay que pensar que un montón de gente no sabe nada de la cultura del país, menos tiene una identidad. El chileno no se siente ni mapuche, ni español; es una mezcla rara. Más que un país en un continente, somos una especie de isla que avanza poco, y de la que cuesta salir o entrar.

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