Historiador Hernán Camarero sobre “Chilezuela”: “Para la derecha el miedo es fundamental para obstruir cambios sociales”

El doctor en historia, experto en la evolución del sindicalismo latinoamericano y académico de la Universidad de Buenos Aires, reconoce en el discurso de la derecha los viejos trucos de una política del terror anclada en el poder de los medios y el temor al caos.

El académico argentino, doctor en historia y profesor de la Universidad de Buenos Aires, Hernán Camarero, es autor de “Tiempos rojos” y una serie de investigaciones sobre la evolución del comunismo, la clase obrera y el sindicalismo en Latinoamérica. Por estos días, está invitado por la Escuela de Historia de la Academia de Humanismo Cristiano para dictar la charla magistral “Izquierdas y movimiento obrero en la Argentina durante la primera mitad del siglo XX: debates y nuevas perspectivas historiográficas” además de un taller titulado “Nuevas corrientes y debates sobre la historia de las izquierdas” en el que reconoce varios vasos comunicantes entre la situación de Argentina y la disputa electoral chilena frente al balotaje marcado por la política del terror y el miedo al caos.

La advertencia de un Chile desbarrancándose en caso que triunfara Alejandro Guillier, dice Camerero, le recuerda a ciertos llamados al desborde y la subversión que históricamente ha acompañado el discurso de la derecha tradicional trasandina que instala como rostros de la anarquía a mapuches, trabajadores y estudiantes.

“Son tácticas ideológicas que la derecha siempre ha usado. En la construcción cultural, ideológica y política de la derecha siempre el miedo ha sido un vector fundamental para obstruir posibilidades de cambio social y político. En Chile conocen muy bien esas tradiciones anticomunistas y extorsivas”, recuerda camarero. Agrega que el principal capital de esta política del terror es el poder comunicacional, “por eso la disputa contracultural y el debate ideológico, incluso adaptada a las nuevas realidades comunicacionales, es esencial”, advierte.

En medio del alcance de este mensaje, la izquierda ha ido perdiendo piso y dando lugar a nuevos constructos híbridos donde los actores se sienten más cómodos y en las antípodas de las caricaturas que se han hecho con Corea del Norte o Venezuela. Camarero señala que cada vez que se alude a estas identidades, tradiciones y culturas político-ideológicas, todos caen en el mismo saco por lo que se hace necesario distinguir a qué se alude cuando se habla, por ejemplo, de una crisis de la izquierda.

“En este escenario existen múltiples familias y recorridos diversos. Hay una vieja izquierda caduca, referenciada en la tradición estalinista, que quedó radicalmente cuestionada tras el desmoronamiento del régimen burocrático de la URSS y la mutación de China al capitalismo: la sola persistencia de Corea del Norte da muestra de esa degradación. No le ha ido mejor a la vieja izquierda socialdemócrata y reformista, que está desde hace tiempo a la defensiva, con el riego de disolverse y mimetizarse con una mera administración honesta y compasiva del sistema. En ese sentido, creo que “centroizquierda” es la manera piadosa de nominar esa expresión”, señala el doctor en historia.

-¿Cómo proyecta el próximo siglo de la izquierda cuando el auge del neoliberalismo también parece alcanzar ámbitos inexplorados que se potencian con movimientos de ultraderecha muy vigentes?.
-Diría que el panorama se presenta como muy difícil, no sólo para la izquierda, sino para la mayoría laboriosa y para el conjunto de la humanidad. El capitalismo adquiere formas cada vez más brutales de configuración, que atentan contra el destino del género humano y su vida en el planeta. Sus expresiones más claras son el crecimiento imparable en esta era de globalización financiera y de la desigualdad social, de la voracidad incontrolable del capital, del deterioro ambiental, del crecimiento de las formas de alienación y de reconstitución de nuevos modos de dominación social, racial y de género. De la emergencia de la extrema derecha fascistizante, de las guerras y amenazas bélicas constantes, de la irracionalidad en los mecanismos capitalistas de administración de la vida social. Frente a esa barbarización necesariamente debe oponerse otra alternativa, la apuesta por otra forma de organización social, política, económica, cultural, por otra vida, que deberá partir del balance escrupuloso del fracaso del “socialismo real”. Pero el capitalismo en ninguna de sus formas puede ofrecer ninguna alternativa de regeneración de la vida social en clave igualitaria y emancipatoria.

The Clinic Newsletter
Comentarios